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La importancia del lenguaje claro en las sentencias

jueves 04 de febrero de 2021 | 6:00hs.
La importancia del lenguaje claro en las sentencias

Recientemente trascendió la noticia de una magistrada que redactó la sentencia de adopción de una nena de 12 años dirigida directamente hacia su protagonista. El lenguaje que utilizó no sólo fue claro sino también emotivo. Pero lo más importante es que la jueza dirigió su fallo a quien es la verdadera protagonista del caso: la menor. Es ella la principal destinataria de la decisión judicial. Es a ella a quien esta sentencia le va a cambiar la vida para siempre. Y es por eso que es a ella a quien debe ir dirigida la resolución judicial en la que se toma una decisión que probablemente sea la más trascendente de su vida.

Este caso seguramente a muchos, como a mí, les hizo recordar aquél que ocurrió hace aproximadamente un año en el que una jueza de Tucumán debió decidir sobre la paternidad de una niña de 9 años que era disputada por dos hombres.

En el caso la jueza no sólo dio una respuesta salomónica sino que dio un paso más allá y utilizó un lenguaje adecuado teniendo especial atención a la niña, quien al igual que en el anterior, es la verdadera protagonista de este asunto.

Lo que estaba en juego allí no sólo era una decisión sobre la paternidad de la nena, sino cuestiones que van mucho más allá de lo que dice una partida de nacimiento. En especial se debía reconocer el derecho de la niña a no tener que elegir entre dos personas que la crían y a quienes ama por igual.

Es por eso que el lenguaje adecuado, es decir, de fácil entendimiento, era también vital, ya que esa niña era la que debía entender qué es lo que se decidió y cuales fueron las razones que lo fundamentaron.

Pero el lenguaje claro no sólo debe ser la regla en las decisiones judiciales tan sensibles como la de estos casos sino que debe primar en todos. Simplemente porque las decisiones de los jueces no van dirigidas a los abogados, juristas u operadores del mundo jurídico, van dirigidas al ciudadano común, que en definitiva es el destinatario del servicio de justicia. Estas personas van a la Justicia en busca de respuestas sobre cuestiones muy importantes para su vida, que van desde su patrimonio hasta su libertad, desde sus relaciones familiares hasta su propia identidad. Son temas de tanta trascendencia en la vida de las personas que resulta clarísimo que las sentencias deben estar redactadas teniendo realmente en cuenta a las personas reales a las que van dirigidas. Ya que de alguna u otra manera, les va a cambiar la vida.

En algunos casos también es esencial que las sentencias judiciales sean entendidas por personas que no fueron parte del juicio pero que por su trascendencia pública alcanzan a la sociedad en su conjunto, y es por eso que deben ser comprensibles por las personas en general. De esta forma, los ciudadanos podrán hacerse una opinión formada del trabajo del Poder Judicial sin necesidad de intermediarios.

Todo esto no significa que se deben evitar palabras específicas que inevitablemente se deben utilizar, porque, como en todas las profesiones, en derecho hay un lenguaje técnico que no puede dejar de estar.

Si bien esta cuestión penetró fuerte en los últimos tiempos, siempre estuvo presente de alguna manera en nuestra Constitución nacional, que establece que “es inviolable la defensa en juicio de la persona y de los derechos” (artículo 18) ¿Cómo podría una persona defender sus derechos si no sabe qué se le está demandando o de qué se la acusa? Cuando alguien va a juicio tiene derecho a saber con la mayor exactitud posible qué es lo que se le reclama, para poder defenderse y en su caso aportar prueba. Es por ello que el lenguaje claro debe estar presente no sólo en la sentencias sino en todo el proceso.   

Resulta interesante traer a colación lo que regula la Ley de Defensa del Consumidor en cuanto obliga a los proveedores a dar a los consumidores información clara y detallada sobre los bienes y servicios que ofrece y enfatiza en que debe ser con la “claridad necesaria que permita su comprensión”. Si los comerciantes tienen esta obligación por ley, con mucha más razón los magistrados deben ofrecer respuestas fácilmente comprensibles por los “usuarios” del servicio de justicia.

En el mundo jurídico esta cuestión cada vez tiene mayor aceptación, es el principio de un largo camino por recorrer. Lo importante es seguir en esa dirección.
Luciana María Martínez
Abogada
 

La batalla de Mbororé
Quiero felicitar a Alfredo Poenitz por sus opiniones vertidas en el diario el territorio, en forma permanente, con la amplitud de conocimientos sobre todos los temas, que trata y la claridad de expresión propia de un gran historiador. Por tal motivo, reciba de este habitante de nuestra querida tierra colorada un efusivo abrazo a la distancia.

El motivo del presente correo, y teniendo en cuenta que usted ya ha incursionado sobre la batalla de Mbororé, sobre los héroes que participaron -Andresito, los jesuitas, etc-, lo que no

tengo claro es donde tenían sus asentamientos el o los grupos de hombres que combatieron a los bandeirantes; sí el lugar donde se enfrentaron en la batalla naval. Esto viene a que los habitantes de Panambi toman como propia esa parte de la historia de nuestra provincia y el país, y por tal motivo le solicito a usted una aclaración sobre este tema, y de paso nos refresque la memoria con sus claros conceptos sobre esta parte de la historia.

Muchas gracias y con todo respeto, nuevamente un fuerte abrazo
Hugo Rodolfo Gómez
San Javier
 

Cómo superar la grieta
Santiago Blinkis, emprendedor y tecnólogo, autor de varias obras, piensa que en gran parte del mundo la polarización política está haciendo estragos los vínculos entre las personas, inundando de agresividad las redes, poniendo en riesgo la esencia misma de la democracia, y propone en un podcast cómo superar la grieta.

Tras una encuesta se reveló que las personas fanáticas, así como las moderadas de una idea por más de que sean de bandos opuestos son iguales; la diferencia de un ultra con un moderado es que los moderados tienen una postura más crítica y sincera respecto de su propio espacio e ideas. Pero en el rechazo al contrario, un moderado y un ultra son prácticamente iguales.

Hoy en la Argentina, nadie confía en alguien que piensa distinto; la polarización ha destruido la confianza social ¿Cuál es el fin de la grieta? Es centrar todo en un enemigo común, unificar el odio en el contrario. Cuando lográs sembrar rechazo al que está parado en la vereda de enfrente, las tácticas inaceptables, se aprueban. Cuando el otro es detestable, el fin justifica los medios. Si hay una mentira que sirva, una noticia falsa, un agravio, se usa, y así se va legitimando el juego sucio.

Las redes sociales aumentan la polarización; buscan maximizar el tiempo que pasamos en ellas, los algoritmos dan mucha visibilidad a las posiciones extremas, a las noticias falsas, construimos una burbuja informativa donde sólo vemos noticias de gente que piensa igual que nosotros. Los periodistas acentúan la polarización, la polémica genera más rating con los grupos afines que el análisis sereno y balanceado. Los políticos son el otro grupo, nada unifica tanto a la tropa como un enemigo común.

La clave para superar la grieta es volver a cumplir las reglas de juego. Hay que cuidar la democracia, porque es más importante que el partido; cambiar la manera en que usamos las redes. Los algoritmos necesitan de la agresión, la sociedad no; dejar de viralizar agresión en las redes, pasar por alto el periodismo de guerra; escuchar la otra campana; no apoyar a los políticos que injurian al otro. Terminar con la grieta es hacer posible el disenso, es construir un espacio donde las personas puedan pensar diferente y no sea un objeto de odio.
Pablo Martín Gallero
Puerto Rico
 

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