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Anécdotas de Don Cacho

De desmontes, leyes, mezquindades, avaricia y descontrol

domingo 24 de enero de 2021 | 10:03hs.
De desmontes, leyes, mezquindades, avaricia y descontrol

 

“Tristeza nao tem fim”.
Me resulta difícil por dónde empezar. Descontrol porque comparando mapas satelitales de 1984/2016 veo que se perdió un 30% más de superficie boscosa y además, imagino cuantas toneladas de tierra roja fueron a parar al río Uruguay y de ahí al Delta. Misiones es basalto (piedra mora compacta), una fina capa de tierra roja y una selva frondosa y hermosa que la protege.

Si seguimos permitiendo que nos quiten el monte, Misiones no tiene futuro sin su verde y rojo al pie.

Avaricia por los que se llevan rollos y rollos. Árboles de cien/trescientos años que roncando las motosierras los devoran en minutos. Y un gigante menos, y otro menos hasta sumar miles. Diría el desmonte hormiga, pero son marabuntas. En décadas estamos pelando la selva milenaria sin derramar una sola lágrima…de llorar se ocupa el medio ambiente, las sequías, la fauna sin hábitat, el aumento de la temperatura, (la pandemia?)

Escribió el naturalista Ambrosetti después de dos viajes a nuestra Provincia en el siglo XIX: “Sólo volvería a Misiones para ver sus árboles”. No es una mezquindad sucia de nuestra generación dejar a las futuras sin ver nuestra maravillosa selva. Tendrán que ver en fotos el porte casi prepotente de un finado Palo Rosa que fue a entablonar un piso a Buenos Aires, o donde ver la elegancia inigualada de un Palmito que de tan coqueto es la única palmera que se desprende por sí sola de sus hojas secas, o también en fotos el poderoso Urunday (pau de ferro) cuyo lento crecimiento lo hace tan denso que el hacha rebotaba o se rompía el cabo. En qué árbol hará su nido el Carpintero pica pau, adonde irá a emigrar con sus colores el Arasarí fajado o su pariente nuestro Tucán pico naranja, otrora símbolo inconfundible de Misiones. Donde posará la mariposa 88 sus largas patitas, donde las orquídeas, en que copa la bromelia. De que vertientes beberán los mil arroyos. No se imagina el que mata un árbol, cuantas más muertes arrastra y que negro futuro está asemillando.

Es probable también que haya llegado el tiempo de plantaciones mixtas El desmonte ilegal es doblemente dañino. Se pierde la cubierta verde, se lo ejecuta a lo bruto en lugares de máxima pendiente y en pocos años la tierra es víctima de la erosión. Da mucha pena ver a la vera de la Ruta 2, bien pensada como un Parque Lineal, los desmontes irracionales para cultivos anuales o potreros sin ningún recaudo contra la erosión. O debiera ser más riguroso el control o indicar como se protege el suelo con curvas de nivel y crear terrazas. Por lo menos un paliativo. La mayor presión justamente se da entre la ruta 14 y el río Uruguay. En 1967 hice la ruta desde Paraíso (antes de llegar a San Pedro) al Yabotí y de ahí en una lanchita con motor fuera de borda a los saltos del Moconá. Más que los saltos se me clavaron dos recuerdos, nadar en la desembocadura del arroyo y el camino, casi túnel verde lleno de helechos arborescentes y árboles de gran altura y porte. Hace unos quince días, a 53 años de la primera incursión volví a recorrer la misma ruta (la 21) en sentido inverso. El monte es en su mayor parte degradado, se ve verde pero como con vergüenza, no un verdequetequieroverde. Hoy sobrevive sin gigantes que atraviesen el último dosel. De enorme porte llorando sabia se fueron el Alecrín, el Lapacho, el Peteribí, el Incienso y los enormes huecos se taparon con tacuaras, fumo bravo y Ambay…un monte que fue penetrado en cientos de picadas y perdió su virginidad con mil años de edad.

Pero no todo es tristeza. Tambem tem fim…
Hace unos cuantos años, 2007 o 2009, no tengo certezas, cuando todavía trabajaba en Ecomadera haciendo muebles y viviendas rurales (Culata Jobai), recibo la visita de una joven pareja de biólogos de Baires que quería un hogar para vivir en una chacra y estudiar monos/fiebre amarilla, pájaros/y su hábitat vía Conicet. Conocía el lugar, pues había visitado San Sebastián de la Selva sobre la 101 entre Andresito y San Antonio, pero la chacra quedaba más al fondo pegado al Parque Provincial Foester, más al fondo se acabó

Misiones…continúa verdeamarelo.
Ahí fuimos, camión, paneles, clavos, martillos, techo, tres carpinteros y ganas. En el lugar indicado bajamos de la ruta y arranca el camino de tierra, después se vuelve huella y después desastre. El camión resopla, el camionero muñequea para no tumbar y al final gana el tramo desastre. Stop. No da para arriesgar; un vecino presta un carro polaco modernizado con cubiertas y tirado por un tractor. Se comienza a transferir la carga por tramos. Va el carro polaco bajando y subiendo lento con queja a la ida y saltos alegres a la vuelta. La casa se armaba en tres días. Uno, el primero para el piso, el segundo para las paredes, puertas, divisorias, baño y el tercero para el techo con galería cubierta al medio. Se trataba de una casa prefabricada, el grueso del trabajo es previo. Pero nos topamos con cepos -a pedido nuestro- que no se ajustaban al piso. Emsamblarlo nos sumó otro día, y el resto algo más, pero era tan lindo el fondo de la picada entre verdes cerros a ambos lados y la pelada chacra al medio que al trabajo le ganó el encanto. Yo dormía en San

Sebastián de la Selva como un duque y mi personal en campamento en la chacra. Carpa, comida de olla, fogata, gaseosa y un cielo negro y cercano con millones de estrellas más que en los pueblos. Pero no todo era serrucho y martillo, una noche nos fuimos de joda a Andresito y meta birra y saludos con los memoriosos. Otra fui a San Antonio a visitar al ex intendente de mi Partido cuyo nombre no puedo recordar ahora; excelente funcionario después arrasado por la Ley de Lemas.

Todo el relato previo viene a cuenta que después de la escala en Yabotí, ruta 21, la 14, e Irigoyen, enfocamos a la 101 y al llegar al puente pasafauna, giro a la derecha. Ya sabíamos que el lugar de la Culata Jobai al fondo de la picada se había transformado en la Reserva Karadya y que había cabañas donde nos alojamos. Lo que no sabíamos es en lo que se había transformado la chacra pelada. Como si el verde hubiera bajado de los cerros y en cierto modo lo era, nos encontramos con mucho monte; “Desde los manchones de selva, llegan las semillas por el viento o por las aves o murciélagos y el bosque se regenera rápidamente, pero al ser previamente explotados faltan o escasean especies como el lapacho, el guatambú, el palo rosa, entonces se emplean métodos directos enriqueciéndolo con plantines de especies faltantes. Desde el año 2008 implantamos unos 30 mil plantines de nativas.

En parcelas con pasturas, es mucho más laborioso siendo necesario plantar maíz y plantines simultáneamente que al sombrear el suelo debilitan los brotes del pasto”, nos explicaba el biólogo Julián Baigorria junto a su esposa la bióloga Luciana Oklander especialista en monos carayá y fiebre amarilla de la que son transmisores. Además hicimos avistaje de pájaros, senderismo con explicación del comportamiento de especies nativas.

Pero lo más valioso de la visita es haber comprobado que en algo más de una década se recuperó el monte a fuerza de conocimiento y perseverancia.

Habrá que esperar 100 años para los Palos Rosa, pero mucho menos para las cañafístulas, los lapachos, los guatambú, los maría pretta, los cedros, los timbo y menos aún para que la fauna invada el lugar, para que vuelva la humedad en gotas rocío cada mañana, para que la esponja del suelo retenga la lluvia que se pulverizó en las copas y el agua vuelva a navegar en los arroyos.

P/scriptum:
Hablando con mi cabeza: Los exgobernadores que no son del palo del que gobierna son muertos políticos, pueden hablar y no hay oídos que escuchen, pueden escribir y no hay ojos que lean. No importa cuán buena sea la opinión o cuán mala, da lo mismo. Es palabra seca que no da frutos o son letras en el aire con tinta invisible. Lo que me pregunto es para que seguir opinando… y me contesto: porque es una semilla y si cae en tierra húmeda, no importan los años, no importa el tinte, algún día dará frutos y semillas y a las próximas generaciones le devolveremos la selva, el agua y la fauna que la nuestra despilfarró

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