viernes 26 de febrero de 2021
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¡Truco!

domingo 17 de enero de 2021 | 6:00hs.
Diego Luján Sartori
¡Truco!

Era un día hermoso de primavera, la gente salía a disfrutar de la tarde espléndida, y se reunía en torno al Cajero Automático para percibir sus haberes luego de un mes de trabajo, era lo que correspondía al fenecido septiembre. Allí se encontraron Lorenzo y Julio:

-Hola… ¿cómo andá chamigo?…

-Bien ¿y vó?

-Dejá un poco de plata para los pobre

-Ja… Ja… voy a ver si puedo sacar algo aunque sea.

-Che, ¿vas a ir hoy de noche al club?...

-¿Qué va a ver por allá?...

-Truco seguro, y después como siempre le damos 10 pesos cada a uno a caraí González y el hace un asado de chuparse los dedos.

-Ok, nos vemos a eso de las diez, diez y media, ¿eh?

-Bueno, pero llevá aunque sea un doscientos… para armá el partido.

-Allá estaré.

-Nos vemos.

Julio es empleado público, acostumbrado a las partidas de truco y Lorenzo es funcionario político. Pero la diversión no hace distinciones y suelen juntarse para uno de los más criollos de los juegos, como buenos amigos.

El salón del club, es un recinto amplio con paredes sin revoque fino, ventanas torpes y un piso áspero. Cuenta con una mortecina luz que larga una llamarada amarilla que se vuelve más oscura en los rincones apartados, algunas mesas cuadradas y desvencijadas sillas son el mobiliario; cuelgan de las cabreadas sin cielorraso algunas serpentinas, recuerdo de algún festejo familiar: casi seguro un cumpleaños de quince. Hacia el fondo la barra amplia y detrás González, el encargado del bar, unas pocas botellas de bebida fuerte y una heladera con vino y cervezas son el mezquino stock del bar del Club, para colmo González no fía porque a causa de eso ya se fundió varias veces, con él están tomando una cañita Arturo, policía retirado, Ángel, un encargado de aserradero y otros que si sale un asado le ayudan a González a prepararlo y se prenden del mismo.

Suena el teléfono celular y González atiende:

- Si, ¿Lorenzo?,… ¿Qué pasa?, …ajá, … un asado, para las doce, bueno lo preparo. Tengo, una baraja nueva. Bueno… nos vemos…

Promediando el espacio entre las 10 y las 11 llegaron Julio y Lorenzo y otros contertulios. Afuera el fuego estaba ardiendo y un parroquiano comedido salaba la carne.  González se apuró un poco pasó un trapo, que nada contribuía en limpiar la encardida mesa, puso una frazada sobre ella y dejó la baraja nueva, antes de que se iniciara el juego pidió los diez pesos a todos los que participaban de la truqueada: jugadores, jueces y mirones. Luego recordó:

- Muchachos la chupandina es con pago adelantado, les digo ahora porque luego cuando ya están empedos quieren pelear por eso. Hay vino común, fino y de la casa.  El vino de la casa era un carlón en damajuana.

Se armó la truqueada, la dos primera parejas eran: Julio y Arturo contra Lorenzo y Ángel.

Todo transcurría con normalidad. ¡Truco!, ¡Quiero!, ¡Retruco!, ¡Envido!, ¡Falta envido!... ¡Quiero vale cuatro! con las sabidas bravuconadas y expresiones poco reproducibles: le rompimos el c… Tenemos hijos… Ya van a ver con la revancha.

Julio estaba perdiendo, pero recibió el 7 de espada y el as de basto. Se jugó a fondo y lo desafió a Lorenzo aparte de lo que se jugaba 100 pesos solo a esa mano.

Se inició la ronda, la pareja de Lorenzo y Ángel cantaron

-¡Envido! – Julio se apuró en responder:

-¡No quiero, truco carajo!

Ángel le preguntó a su compañero.

-¿Y le damos?

-Hasta ahí nomás…

-Bueno, ¡quiero!

Se comienzan  a dar vuelta las cartas y julio dice:

-La primera en casa- Y juega el as de basto.

Su compañero juega un siete de copas y Lorenzo con sarcasmo golpea la mesa, con el as de espada en la mano.  Se cayó la estrategia de Julio. Callado jugó el 7 de espadas y la segunda vuelta fue de ellos. Cuando vio que su compañero jugó un 6 de copas le recriminó:

-Bolu… teníamos 33.

-Pero si vos Julio, ni me preguntaste y dijiste ¡No quiero!

-Voy allá- le dijo, pero Arturo le cerró los dos ojos, señal inconfundible que no había nada.

-¡Retruco! – Exclamó Lorenzo.

Ya sin convicción Julio dijo:

-Quiero, -y jugó un caballo.

Arturo tiró, casi decepcionado una reina. Lorenzo y Ángel remataron la vuelta con un dos, ganando la partida.

Cuando Lorenzo iba a agarrar los cien pesos de la apuesta individual, dijo Julio:

-¡Pará mierda!… - Levantándose y tirando la silla al suelo.

-¿Qué te pasa, Julio, te doy la revancha?

-¡Que revancha ni que mierda! y todos vieron como los ojos se le volvieron rojos. Buscó en su cintura y sacó el cuchillo. No era un secreto que siempre Julio lo usaba, estaba tan bravo que Lorenzo no atinó a hacer nada, estaba cómodamente sentado en la silla y tirado para atrás, nada podría hacer ante un ataque. Julio dio un paso atrás y arremetió con el puñal, Lorenzo cerró los ojos y se aprestó a recibir el puntazo.

-Ahhhh…. Ahhhh… Ayyy…Ahhh – Fue el grito mortal de Arturo y aún  en trance Julio decía a su pareja en el juego:

-Vos no sabés jugar al truco.

La luz vaga fue la lágrima que lloró a Arturo y las coloridas serpetinas, extraña mortaja. En la confusión, dos perros hambrientos se llevaron el asado. Las luces de los patrulleros anunciaron con sirenas la tragedia.

Sartori es docente y periodista. Reside en San Vicente. Publicó ocho libros personales y participó en veinte antologías

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