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El ludópata, Rafael Díaz y los Mutinelli

viernes 15 de enero de 2021 | 6:00hs.
El ludópata, Rafael Díaz y los Mutinelli

La ludopatía es la adicción compulsiva a los juegos de azar, considerada desde 1980 como una enfermedad crónica; su existencia es de larga data; en imperios como el griego y el romano los desmanes que generaba el “juego” entre los gobernantes llevó al dictado de leyes para regularlos y hasta prohibirlos, ni que hablar de las religiones, que casi sin excepción condenaron esos entretenimientos.

En nuestro país y a lo largo de la historia nacional algunos renombrados personajes sufrieron de este mal… claro que en el siglo XIX y primera mitad del XX no se los consideraba enfermos sino irresponsables, viciosos y para nada confiables.

En la tradición oral misionera existe un relato - no reconocido oficialmente - que da cuenta cómo fue adquirida la Casa de Gobierno de la provincia, sobre una partida de naipes entre el novel Gobernador del Territorio Nacional de Misiones Rudecindo Roca y el vecino “caracterizado” Eladio Guesalaga, allá por 1882 ó 1883; durante horas se batieron entre apuestas que se redoblaban una y otra vez, y cuando el asunto no dio para más, Guesalaga arriesgó el título de propiedad de un ingenio azucarero que poseía sobre la calle Félix de Azara, frente a la plaza 9 de Julio, en Posadas… y perdió.

Al tiempo el inmueble fue “adquirido” por el gobierno nacional en $ 40.000 m/n, a instancias de Rudecindo - es oportuno recordar que el presidente de la república de entonces era su hermano Julio Argentino -, y más tarde se autorizaron refacciones en el edificio por un monto similar.

En la historia ortodoxa regional, desde el año 1883 la propiedad se “inauguró” como Residencia del Gobernador y oficinas de la Gobernación del Territorio Nacional… ni una palabra de “la otra historia”.

Bueno, ¿cómo comprobar aquel relato?, casi misión imposible.

Pero a veces hay luz al final del túnel…

El pasado mes de noviembre se puso en contacto Álvaro Costa, había escuchado una historia similar de Rudecindo Roca de boca de Elina Mutinelli y ofreció mediar un encuentro; pandemia y cuarentena mediante, distanciamiento social, fiestas de fin de año y la mar en coche, respetando protocolos sanitarios vigentes, logramos la charla.

Elina es una docente muy conocida y reconocida en nuestro medio, descendiente de pioneros austríacos - italianos, en su historia familiar, en su relato, se inmiscuye Rudecindo Roca.

Todo empezó cuando el siglo XIX finalizaba y Vittorio Viccenzo Giuseppe Mutinelli - de 14 años - llegó a Argentina junto con su padre, quien retornó a Europa poco después; sobrevivió como pudo, trabajando duro hasta que logró emplearse en una fábrica de sombreros y aprender el oficio. Ahorró sin descanso y pudo montar su propia empresa, con Angela Mulazzi formaron una familia que se fortaleció con Nora, Arturo, Victorino y Leopoldo, los hijos.

(Victorino será posteriormente el padre de Elina, nuestra relatora).

Pasaron los años y la consigna innegociable en esa casa fue el título universitario de la prole, cuando el mayor de los varones - Arturo - recibió el título de Ingeniero Agrónomo, su padre lo invitó a un viaje por el país en pos de adquirir tierras, visitaron algunos campos y por alguna razón arribaron a Misiones, sin embargo, ninguna propiedad los convencía.

Prestos a regresar a Buenos Aires recibieron un telegrama de Victorino - el tercer hijo de Vittorio -, amigo y compañero de estudios de uno de los hijos de Rafael Díaz, dueño de una de las más afamadas mueblerías de la Capital Federal. El mensaje decía que Díaz tenía tierras para vender por acá, que consideraran la posibilidad de comprarlas.

Los campos estaban ubicados en inmediaciones del arroyo Garupá, habían pertenecido a Rudecindo Roca, en alguna oportunidad apremiado por numerosas deudas de juego que debía saldar, solicitó un préstamo de dinero a Díaz que luego no pudo pagar, por consiguiente, le entregó las tierras como parte de pago; al mueblero no le interesaba conservarlas, se las ofertó a Mutinelli y llegaron a un acuerdo.

Con los años esas tierras se transformaron en un yerbal productivo y rendidor, Vittorio, Arturo y Victorino - ingeniero recibido -, al principio, sortearon con éxito dificultades e inconvenientes para ello.

Mientras tanto Vittorio pagaba religiosamente las cuotas convenidas, en una de esas ocasiones Rafael Díaz le comentó que tenía 64 propiedad más en Posadas para venderle, a Mutinelli le pareció mucho, no disponía entonces de la cifra necesaria; sin embargo, Díaz no se inmutó conociendo la clase de persona que tenía enfrente, insistió hasta convencerlo y cerraron el trato verbal por el total de ellas.

Gran parte de estos lotes estaban ubicados en las Chacras N° 161 y 162 de nuestra ciudad capital; originalmente habían pertenecido también a Rudecindo Roca, a finales de la década de 1880 éste las había hecho mensurar por el agrimensor Arigós y supo solicitar se incorporara las manzanas resultantes al Plano General de la ciudad - en su última etapa como gobernador del Territorio - respetando la traza y nombres asignados a las calles. Estando en Buenos Aires su “vicio” pudo más, se vio nuevamente endeudado y repitió el ciclo con Rafael Díaz, en esta oportunidad abonando los vencimientos con casi 70 terrenos ubicados en inmediaciones de las actuales “4 avenidas”.

Años y familia Mutinelli mediante, se consolidarían sobre varios de ellos los barrios Bajada Vieja, Villa Sarita y Los Aguacates.

Dice el dicho popular “cuando el río suena, piedras trae” …en fin, desde esas y otras tantas historias venimos, algún relato resiste en versiones almidonadas y hasta románticas que poco tienen que ver en este hoy que supimos conseguir; el valor de la identidad como tal, personal y/o colectiva, es un derecho adquirido al que nos debemos o deberíamos debernos; ampliar nuestra historia regional aportará sin duda alguna a saber quiénes somos, de dónde venimos y como nos construimos socialmente.

Gracias Elina Mutinelli.

¡Hasta el próximo viernes!

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