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Los Schmidt, casi 50 años animando fiestas

Expertos en armar el asado familiar

Tras haberse conformado como uno de los servicios gastronómicos con más trayectoria en Capioví y alrededores, la familia explica cómo vivió la pandemia sin fiestas ni eventos a los cuales asistir y cómo se resignificaron sus vínculos

sábado 09 de enero de 2021 | 0:15hs.
Expertos en armar el asado familiar
La familia siempre fue el eje que guió al emprendimiento gastronómico oriundo de Capioví.
La familia siempre fue el eje que guió al emprendimiento gastronómico oriundo de Capioví.

Misiones, tierra de inmigrantes, tiene gran trayectoria en el desarrollo de empresas familiares. En esa rutina de compartir labores y abrirse paso a fuerza de sacrificio.

El servicio Schmidt, por ejemplo, es uno de los más antiguos de la provincia en engalanar fiestas. Pioneros en Capioví y alrededores en ofrecer asado con ensaladas y mandioca en celebraciones públicas y privadas, estuvo siempre liderado por los integrantes de la familia que le dio su nombre.

Sin embargo, tras años de ser reconocidos en cuanto evento surgiera por la región, la pandemia del coronavirus obligó a parar el trabajo y mirar lo realizado.

Todo se inició con Alberto Schmidt en 1971, simplemente con la venta de asado, pero ya en 2019 era todo una empresa de servicio gastronómico guiada por su hijo Roberto Schmidt y su esposa Karina.

“Desde 1971 hacíamos venta de asado solamente en fiestas campestres, en 1978 una familia amiga nos preguntó si podíamos organizar la comida en una fiesta familiar con ensaladas incluidas, eso no lo habíamos hecho y fue Norma, mi esposa, quien tomó la posta de la ensalada y yo del asado”, contó Alberto (79), que tras haberle dado las riendas a su hijo, comenzó a incursionar más en la artesanía con madera, otra de sus pasiones.

Poco a poco el emprendimiento fue creciendo hasta que en 1995 agregaron el personal de mozos.

Al recordar sus inicios, Alberto contó que por lo general era una fiesta por fin de semana, pero luego la demanda creció y entre sábado y domingo tenían hasta cinco lugares para asistir, por lo que decidió rodearse de personas responsables para no fallar en ninguno de esos eventos.

En el transcurso del tiempo, Alberto contó que la tecnología benefició no sólo en el trabajo sino también en la comunicación. “Antes yo hacía todo, hasta picaba la carne a mano. Ahora mi hijo Roberto cuenta con dos cámaras frías y puede adelantar el trabajo”, explicó. Comparando también los inicios recordó que antes una simple consulta al organizador significaba hacer un viaje, ir al lugar y consultarle, pero hoy ya queda resuelto con un mensaje de celular y “es más sencillo”, estimó.

Entre los desafíos recordó que “una vez en el Instituto Línea Cuchilla de Ruiz de Montoya hicimos 3.270 kilos de carne”. Y ante las cantidades que solía manejar enumeró que por año contaba más o menos 40.000 kilos. Para poder realizar el trabajo en cuestión, “usábamos un furgón, o hasta dos camionetas, bien acondicionadas para ofrecer carne de primera calidad”.

A pesar de que se nota que Alberto disfruta hablar de su negocio, ya en 1998 decidió dejarle la posta a su hijo Roberto. “Estaba cansado, aburrido, saturado, no quería sentir más el olor a asado y por mucho tiempo no quise comer esa comida y menos si era yo el que la preparaba”, reflejó quien desde 2001 se dedica a pleno a su carpintería.

Roberto tomó el volante y condujo el camino hasta marzo de 2020, cuando tuvieron que frenar debido a la cuarentena, aunque no bajaron los brazos.

Junto a su fiel compañera, Karina Merlos, con quien está en pareja desde hace 23 años y tienen dos hijos, debieron reinventarse, apostando siempre a la vida en familia. Ahora confían en su negocio en el rubro carnicería, mientras evalúan si en algún momento podrán volver a las tareas del oficio gastronómico en eventos.

En esa línea, Karina contó que disfrutaba de estar rodeada de seres queridos, amigos y hermanos del corazón que ahora siguen estando. Ante esto reflexionó: “Lo que más sacrificamos fueron nuestros hijos, siempre juntos en el calor, frío, lluvias y todo lo que el servicio requería, incluso los lugares más insólitos para hacer asado”.

Por otro lado la pareja comparó: “Antes era todo campestre, más rústico. Para bailar tenía que haber una orquesta, después fue evolucionando con decoraciones mantelería, los DJ...”. Y ante esto destacaron: “Siempre cumplimos y respetamos todos los gustos de los clientes con calidad y cantidad”.

Según explican, el parate de la pandemia vino bien para dedicar  más tiempo a la familia y ver el camino que habían recorrido. “La verdad fue muy raro quedarnos en casa los fines de semana, no tener la responsabilidad de todo lo que implicaba el servicio”, entendieron.

“La pandemia nos enseñó a vivir diferente a bajar unos cuantos cambios, ahora nos movemos solos,  no tenemos la responsabilidad de estar con todas las personas viajando de madrugada, volver y bajar todas las cosas y salir sin dormir a otro evento. Eso era estresante, el no dormir de noche nos estaba dejando muy cansados”, explicaron sobre su cambio de vida. 

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