domingo 17 de enero de 2021
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Viaje de vacaciones

domingo 03 de enero de 2021 | 6:00hs.
Rubens Lunge
Viaje de vacaciones

El auto arranca. Con la radio encendida, el padre evita conversaciones inoportunas y discusiones. Antes del último semáforo, pregunta sin mirar a la mujer, ¿no te olvidaste nada? ¿no?

Cuando el auto llega al entroncamiento de vías, a ocho kilómetros de la ciudad, los niños se agitan en el asiento de atrás. ¿Dónde está mi malla, mamá? ¿Y mi pantalón de baño? ¿Y el mío? El padre resopla. ¡Todavía faltan 325 km para llegar a la playa! La madre tranquiliza a los niños. Ellos terminan recibiendo lo que pidieron.

María reclama, no quiero que me vean desnuda. José sonríe y Pedro disimula, mirando afuera del auto. María se irrita con la sonrisa del hermano. El padre mira por el espejo y piensa, qué mierda de familia me fui a buscar.

María se desnuda, envuelta en una toalla. José y Pedro cierran los ojos a pedido de la madre.

Los primeros rayos de sol surgen en el horizonte. José exclama, ¡siento el olor del mar!

El mar es un inmenso lago, donde las personas se lanzan y nunca más vuelven. El padre explota en una carcajada. El me encuentra mentiroso, piensa el niño. Se enoja.

María en malla, José y Pedro en pantalón de baño. Voy a hacer un hueco en la arena y llegar a la China dice Pedro. El padre queda quieto. Niño igual a éste para darme disgusto, nunca vi. Diez años y todavía no pasó de los primeros grados. El padre nunca va a las reuniones de la escuela. No tiene tiempo. Cualquier cosa, hablan con mi mujer, dice él siempre.

María reclama. Quiere hacer pipí. Pedro se estremece. La mujer pide, casi llorosa al marido que detenga el auto, si no la niña va a mojar el asiento. El automóvil disminuye la velocidad. No preciso más, dice la niña. Pedro y José de pie, con las colas mojadas. Pedro siente alguna cosa que se revuelve dentro de él. Va a la garganta y baja. Y lo fuerza a doblar el cuerpo para adelante.

El siente un gusto fuerte a café con leche en la boca. El padre no consigue escapar del primer chorro. Mi auto nuevo, mierdas, mi auto nuevo, rezonga. La mujer solloza. Los hijos también.

Después de una hora, el auto retoma la ruta. Si se quedaran quietos hasta el final del viaje, los llevo a un buen restaurante, dice el padre. María quiere camarón Pedro siente náuseas. La madre lo distrae, ¿a vos también te gustan los camarones, hijo mío? No, José cuenta que la maestra explicó que los camarones tienen mierda en la cabeza.

La mano del padre corta el aire y acierta de lleno en la boca de José, que sangra. No precisabas usar de la violencia, lloriquea la madre. Él se alisa los cabellos grasos, fingiendo que no escuchó.

La radio anuncia el discurso presidencial. La madre rezonga, ¡a las ocho de la mañana!

El padre levanta el volumen. Es finalmente el presidente Médici. El Brasil es de los brasileros. Amelo o déjelo. Nueva fase de la revolución.

Taos demócratas quedaron en el país. Los ratones comunistas huyeron. La radio vuelve al volumen normal. Este país es de ustedes, dice el padre. Ustedes son el futuro de él. Ellos no entienden lo que es esto, protesta la madre. Mi futuro es ser cajera de supermercado, dice María. Todos sonríen.

¿Falta mucho, papa? Ya vi pasar un montón de carteles con nombre de ciudades.

¿Por qué no entramos en una de aquellas calles?, pregunta José. La playa es donde hay mar, explica María, y el mar es salado y uno no necesita salar los peces que viven allá. Los adultos hacen de cuenta que nada oyeron.

¡Mira ahí! Mira ahí, hay un brazo de un tipo colgado en la puerta del camión, grita Pedro. Un remolino de humo sale del tanque de nafta del vehículo accidentado. La madre cubre a los dos hijos. ¡Es horrible!

José y María se quejan que están con hambre. La madre abre un paquete de tortitas. Pedro permanece indeciso. El prefiere un limón. Él siente náuseas. El padre enciende un cigarrillo. Vas a tirar humo y cenizas sobre los niños, se queja la madre. Y Pedro va a vomitar nuevamente. ¡Ay! pobre de él. ¡Ay! pobre. Pedro siente llenársele la boca. Saca la cabeza fuera del auto. Expelido para adelante, el vómito acaba en la cara del padre. María comienza a llorar. El hombre bufa. La madre se pregunta si ella todavía quiere a sus hijos.

La playa está cerca.

María ve al mar a lo lejos. No pensé que fuese tan grande. El mar tiene un color tan feo, alguien debe haber tirado tierra dentro de él, dice José. El padre se larga a reír. No se ría así de su hijo, dice la madre, sin mirar de frente al marido. Los hijos se amontonan en un rincón del auto. La playa está tan cerca y los dos van a pelearse justo ahora. Evidentemente van a querer volver a casa.

El auto estaciona en la banquina. El hombre baja para controlar los neumáticos. Aprovecha aquel instante para pensar en la amante, con quien va a encontrarse al otro día.

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