domingo 17 de enero de 2021
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Libros de acá / Reseñas

Tereré lisérgico saborizado con fósforo y mercurio

domingo 03 de enero de 2021 | 6:00hs.
Alberto Szretter / Carlos Piegari
Libros de acá / Reseñas

El libro Ahora Después de Javier Chemes puede interpretarse como una resaca consecuencia de haber mezclado durante una noche loca en la playita El Brete, algunas dosis de lit rock, varias horas de estar pegado viendo el Sci-Fi Channel en el celu y debatiendo hasta la madrugada con los hologramas de Roberto Arlt y William Vollmann. Es una play list del Spotify de nuestra actual cultura híbrida, trash y alucinada, que suena a través del flujo viscoso del pasado, el presente y el futuro como un oxímoron obsesivo. Leer este relato ambiguo, por suerte para el autor, es una pelotita de pinball que rebota entre el Brazil de Terry Gilliam, la 1984 de Grazer y Howard cayendo dentro del abismo de los Talking heads y los Living Colors para terminar haciendo equilibrio sobre el borde del Cerro Pelón.

No es posible enfrentarse a este texto, remix de música y retroacción, panóptico virtual de relaciones aleatorias sin un par de guías que trabajan en la misma agencia de turismo donde Dante contrató a Beatriz y Virgilio. Uno de ellos es Cortázar, que siempre socorre ofreciendo su botiquín cargado con aquellas clases de 1980 en Berkeley. Serena mis desconciertos contándome que de chico era muy fantasioso, no tanto sus compañeritos. Me relajo y escucho que una vez le presta una novela a un amigo del cole, El Secreto de Wilhelm Storitz de Verne que iba de un hombre invisible. Al poco tiempo el otro se la devuelve diciendo “no la puedo leer. Es demasiado fantástica”. Entonces Cortázar comprende que desde niño “aceptaba una realidad más grande, más elástica, más expandida, donde entraba todo.” Cruzando la plaza 9 de julio nos encontramos con Mark Fisher, en realidad con su espectro pues se suicidó en 2017, nos detenemos y disimulamos la reunión, mirando a un lado y al otro nos pasa su libro “Lo raro y lo espeluznante” a la vez que nos dice en voz baja: La forma que quizá encaja mejor con lo raro es el collage, la unión de dos o más cosas que no deberían estar juntas. Saludo con un gesto furtivo y los dejo charlando entre ellos pues debo cruzar a Encarnación a comprar una grabadora de cinta abierta modelo Tascam 38 de ½ pulgada de 8 canales, algo que ya realicé en Buenos Aires por 1978 pero que luego de haber leído el relato de Javier Chemes, me siento obligado a reiterar la historia unos 42 años después. Aunque no estoy en Posadas sino dentro de un programa que domina la web, todas las PC hogareñas (internautas incluidos) y, entre ellos, a mí mismo.

Llevo escondido en un termolar un ejemplar de la novela Ahora Después de Javier Chemes. Vivo con los informales, Los Manopla porque aún escriben a mano. Allí me siento seguro y comienzo a redactar esta reseña. La ERMC no llegará hasta mí. Uno a uno navego por los 35 ¿capítulos? ¿fragmentos? ¿inserts? ¿archivos de datos?, que el hacker Javier Chemes ha documentado sobre una Posadas atemporal, ciudad pequeña en la que todos viven por, para o contra la omnisciente y ubicua ERMC, Triple Frontera controlada cibernéticamente. Leo, “hace rato que lo único que me inquieta, o mantiene alerta más bien, es perderme de mí mismo.” Coincido, aunque no puedo dejar de olvidar a Nelson, Toti, Pelu, Armando, Mandi, Yuli, Pablito, Mariela, Lucio, Cris… Tengo que reflotar el proyecto de la radio de rock.

Chemes, además de su actividad académica y como escritor, acredita una historia musical ligada a una de las bandas emblemáticas del NEA argentino, Los Pie. Javier fue el front man a principios de los 90 como vocalista, primero Pomelo Mottola ocupó el puesto de guitarrista con Dani González en bajo y Lito Dartois en batería.  Luego, por un tiempo participó Omar Sawaya, y desde 1994 Osvaldo de la Fuente lideró la posición. No es poca cosa y esa experiencia artística marca su prosa. Las imágenes, las situaciones tienen ritmo funk, pivotean sobre un acorde, parecen alejarse pero regresan construyendo un groove literario donde prima la fusión de atmósferas. No prevalece una melodía – relato protagónica sino una sucesión de modulaciones oscuras, inquietantes, incómodas. Escritura sonámbula, sucesión de captura de pantallas, que afianza una idea: la imaginación como recurso literario ya no es una línea de montaje de sentidos, sino un desafío que el autor propone al lector empujándolo hasta los límites de sus propias capacidades de interpretación. El juego tiene trampas, no te llevaré de la mano por el jardín de mi historia, en las primeras páginas cuenta conmigo, luego te abandono a tu propia suerte.  

Ahora Después ¿podría ser un experimento OuLiPo?, cuando los primeros sobresaltos que produjo la tecnología informática en la creación literaria presagiaron cambios en las formas narrativas. En 1967 Italo Calvino en su ensayo Cibernética y fantasmas plantea unas posibilidades combinatorias del lenguaje donde el autor pasaría a un segundo plano reemplazado por un programa informático. ¿Algo de esto hay en la obra de Chemes?

El final nos sume en una ciberanestesia de la que despertamos aturdidos en un no tiempo sin espacio donde nos reciben Las Madres de la Invención. Frank Zappa nos invita, como en una película de David Lynch, a descorrer una cortina y entrar a la cronósfera azul de nuestras vidas, circulando en el loop virtual de la dispersión de los vínculos humanos tangibles.

Blog: Neaconatus

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