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Cómo se vivió la fiesta en pandemia

Repartieron comida en Nochebuena a quienes cuidan enfermos en el hospital

sábado 26 de diciembre de 2020 | 0:00hs.
Repartieron comida en Nochebuena a quienes cuidan enfermos en el hospital
Regalos y alimentos para la cena navideña en el Hospital Madariaga. Foto: Marcelo Rodríguez
Regalos y alimentos para la cena navideña en el Hospital Madariaga. Foto: Marcelo Rodríguez

Es la hora 19, el calor de 35º y la humedad se hacen notar en Posadas. Poca actividad en el Hospital Madariaga, en los alrededores al menos. De vez en cuando salen personas que, se nota, son pacientes dados de alta, algunos empleados con sus ambos también pasan. Una ambulancia se detiene mansamente como si le tocara descansar. En el sector Emergencias hay quien espera seguramente noticias. Policías que preguntan, como formando parte del paisaje cotidiano. 

Bajo los árboles se ven familias en silletas, algunos con bolsos, manta en el pasto, niños jugando alrededor. 

“Hace 65 días estamos acompañando a un familiar internado’’, explica una señora de unos 35 años con una criatura en los brazos.

Una chica que espera sin ninguna compañía abre una bolsa de hielo y lo rompe antes de meterlo en el termo para preparar un reparador tereré.

Llega un auto, se detiene en el estacionamiento y baja un matrimonio joven con varios chicos. Abren el baúl para sacar cajas de pan dulce y bebidas que se distribuyen entre todos y comienzan a repartir el refrigerio a los que acampan en el predio del Parque de la Salud.

Mientras ocurre todo eso, el celular brilla y hay un mensaje: “Estamos yendo, tardamos un poco porque hay muchas donaciones y las estamos cargando en los autos”. Minutos después aparece una decena de jóvenes con las manos llenas: pan dulce, budines, sorpresitas para los más pequeños, botellas de gaseosas frescas.

Se trata de Pedro Campins, su familia y un grupo de amigos que esta Nochebuena les llevaron una cena navideña a quienes están cuidando enfermos en ese centro de salud. Es que el año pasado debió pasarlo allí porque su hermano Damián se accidentó y estaba en terapia intensiva del Madariaga. Aunque meses después falleció, Pedro quiso esta vez agradecer a todo el equipo médico que lo acompañó y estar por un rato con quienes están al cuidado de sus familiares o amigos. Por eso encaró una cruzada solidaria para juntar alimentos y regalos. 

En la Nochebuena, El Territorio los acompañó y contaron: “Sabemos de lo que es estar en el lugar de ustedes. Hace un año nosotros también pasamos por lo mismo y recibimos un consuelo, una atención parecida”.

Quizás a quien no tuvo la experiencia de la enfermedad grave, prolongada o un accidente que exige estar internado, a quien no vivió el dolor de cerca, le cuesta dimensionar el misterio de lo que es sufrir. En ese contexto, ser consolado, aunque sea mínimamente, resulta un bálsamo. 

El amor tiene muchas facetas: la pareja, los hijos, la familia, pero también abarca a los desconocidos, y crece cuando uno lo da, lo reparte. Se multiplica cuando va más allá de quienes por la cercanía uno debe amar.

Hermosa y conmovedora lección que estas chicas y muchachos dan sin pretenderlo. 

“Queremos que sea un homenaje a mi hermano Damián y su cuñado Julio’’, dice Pedro Campins. 

“Es impresionante la cantidad de donaciones que recibimos. No todos pueden venir, pero quisieron estar presentes a través de los aportes”, agrega después el organizador de la iniciativa solidaria y señala contando “esta parte estaba ocupada por mi familia hace un año”. Ese hermano ya no está, pero ellos pudieron transformar la falta en presencia solidaria.

“¿Viste la cara de felicidad de esas mujeres?”. “Sí, una alegría les dio”. El diálogo da cuenta del paso del grupo por el albergue de mujeres que funciona en el Parque de la Salud. Allí están alojadas 14 madres del interior de Misiones que tienen a sus hijos internados en el Hospital Pediátrico o en el Materno.

Ellas reciben dos comidas por día y la cama, algunas están acompañadas por otros hijos o por sus parejas, pero estos últimos no pueden permanecer dentro del refugio. Así que ellas reciben una ración doble para poder compartir al menos una fugaz mesa navideña fuera del predio.

Los jóvenes cambian sus guantes y barbijos, se pasan alcohol, renuevan las raciones y se dirigen, raudos y entusiastas, para el otro sector donde aquellos que sufren pacientemente van a tener algo de los sentimientos y acciones tantas veces declamadas en Navidad y que hoy estos amigos y parientes hacen carne en algo más que palabras de buenos augurios.

 

Así se vivió un Navidad diferente

En los primeros minutos de ayer, El Territorio salió a recorrer Posadas para ver cómo fue esta Navidad en pandemia. Patrulleros y uniformados se reunieron en la Costanera. De ahí partieron hacia los 17 puntos de la ciudad donde se realizaron los controles.

La capital provincial lució vacía. Donde otras navidades se reunía la gente “hoy está muy tranquilo”, dice un oficial. Por la Costanera hay poca circulación, apenas un bar está abierto. Pocas mesas están ocupadas a las 2 y de a poco van llegando otros clientes, la mayoría jóvenes. En los paseos hay familias que salieron a dar una vuelta en la calurosa noche y se hacen fotos en los adornos luminosos.

El centro silencioso y vacío es atravesado por escasos autos circulando. Jóvenes sentados en los canteros de calle Bolívar y Colón se preguntan por la posibilidad de taxis o remises. Las redes muestran publicaciones de brindis familiares y alguna historia preguntando “dónde sale esa clandestina” o “avisen por privado”. Resulta extraño festejar puertas adentro lo que siempre fue motivo de salida y encuentro con propios y desconocidos. Una Navidad diferente, con barbijo y alcohol en gel.

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