lunes 18 de enero de 2021
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Concierto en los esteros

domingo 20 de diciembre de 2020 | 6:00hs.
María de las Mercedes Vera
Concierto en los esteros

Los esteros correntinos, en el litoral argentino, guardan grandes misterios. Cuentan los paisanos, que un diciembre muy caluroso, en vísperas de la Navidad correntina; un amanecer, despuntaba el alba con el trinar mañanero de las torcacitas, tijeretas, chingolos y todo el bicherío de la selva guaraní. Sonaba como nunca antes.

Parecía un concierto al unísono, de esos que las musas inspiran y todo compositor anhela en su repertorio. -¿Sería acaso un “encanto payesero ” apoderándose de todos con el arte musical?- Nadie sabe, pero así fue; y aquel amanecer, esa melodía llegó a oídos de Don Celestino; un gaucho solitario de esos que no se arriman ni para hablarte. Celestino despertó sorprendido por el trinar en su humilde ranchito. Se sintió como en el paraíso, pero la curiosidad lo levantó de su cómodo catre de tiento trenzado. Se vistió con bombacha gaucha, camisa, pañuelo al cuello, su alpargata desflecada y su sombrero de paja de ala ancha que lo resguardaba del calor. Salió como engualichao 2 dejando el rancho abandonado. Vivía solo, y nada lo había perturbado antes en su morada.

Tras los primeros pasos comenzó a dudar.-¿Será esto obra de Ñandejára 3 ?... ¿o de Añá 4, que intenta dominarme? -Tantas cosas le cruzaron al paisano en su cabeza, porque era muy desconfiado; y regresó para armarse, por si acaso, con su cuchillo de hoja ancha, ajustado al cinturón de cuero crudo y hebilla de plata. Luego retomó el sendero, con mayor cuidado, pues no era habitual esta situación y avanzó sigilosamente.

Así, fue internándose en la espesura del monte, podía ver el sol espiando entre las ramas, haciéndole travesuras; y hasta se creyó que su sombra lo perseguía. -¡Claro, no podía ser de otra forma, si lo seguía a todas partes siempre que hubiera sol!- Pero en realidad, era el miedo apoderándose de él y le hacía pensar cualquier disparate, más en esas horas tempranas en medio de la exuberante naturaleza. -¡Tantos años de vivir en los esteros, ya debería estar acostumbrado!- Sin embargo, no parecía así.

Celestino sintió que era una tontería y pensó regresar, pero como estaba muy cansado, se sentó al pie de un timbó, ese que tiene frutos, como orejitas de “cambá 5” y frondosa copa; especial para el descanso, en un verano curtiente como ese. Tomó entonces su pañuelo, se quitó el sombrero, se refregó el sudor y apoyó la cabeza contra el tronco, intentando tomar un poco de aire fresco y allí nomás, se quedó dormido.

Un fuerte viento agitó al timbó y a todos los árboles cercanos hasta despertarlo. Asustado miró al cielo y vio una bandada de pájaros que volaban juntos en la misma dirección. Quedó boquiabierta, mirando arriba. Nunca había visto tantas avecillas volando acompasadamente; moviendo sus alas a ritmo; pero eran todos distintos: patos, garzas, tordos, un sinfín de aves multicolores llenaban el cielo, desde el más pequeñito; el mainumby 6 , al más grande; el tuyuyú 7 . -¡Un verdadero espectáculo!- No se arrepintió de haberse quedado allí, para disfrutar esa estampa multicolor. Esperó un rato junto al timbó; pues otra vez llegó a él esa melodía mágica. Agudizó su oído para seguirla. Fue entonces cuando llegó a un claro en medio del monte, y para su sorpresa encontró reunido allí a todo el bicherío. Todos en fila, formando una orquesta, y entonando cada uno su modo particular de cantar, pero en una ejecución perfecta. Celestino observaba todo, escondidito y maravillado. Se sumaron a la escucha el Yaguareté, el Carayá, un ciervito del pantano, una Curiyú enredada en la rama del timbó, Yurumí y su familia, calladitos y atentos, completaban la audiencia.

Pasaron horas de ensayo, pero no estaban contentos. -¡Falta un director de orquesta!- dijo el Tucán. Celestino al escucharlos, enloquecido, quiso correr, pero la Lechuza, que lo vio, dijo... ¡Es Celestino, nos puede ayudar!.

–¿Mba’éicha´pa8 Celestino?- Cuando oyó su nombre los miró fijo. Los animalitos solo intentaban preparar un concierto para la Navidad y necesitaban un representante ante el pueblo.

Al final lograron convencerlo y comenzaron los ensayos con Celestino al frente en medio del monte, para que nadie los viera. Sería el mejor regalo para el Tupâ ra’y 9 . La convocatoria sorpresa decía:

“24 de diciembre. Medianoche. Plaza del Pueblo”
¡No falte nadie!

Todo estaba listo esa noche, pero nadie se imaginaba cómo recibirían al Tupâ ra’y. La plaza iluminada. El gran árbol con luces de colores y el pesebre. Un espacio central y la gente alrededor en silencio. Llegó Celestino y pasó al frente, todos asombrados, pues pocas veces se aparecía en el pueblo. Luego, levantó sus manos al cielo y una bandada de pájaros bajó y se posicionó ante él y dando las 12 campanadas, los animalitos comenzaron aquella melodía celestial. El pueblo quedó mudo, fue una sorpresa enorme con mucha emoción, que no existen palabras para describir el momento. La gente terminó silbando, tarareando felices aquella melodía de la orquesta mágica de Celestino, en esa Noche Buena y de verdad -¡Qué buena!

Nadie en el pueblo pudo olvidar jamás, aquella noche compartiendo cosas tan sencillas como el cantar de las aves en los esteros y la alegría en comunidad.

 

María de las Mercedes Vera

La autora es de Corrientes (Capital). 1° Mención del Concurso Nacional de Cuentos Navideños 2019 de la Fiesta Nacional de la Navidad del Litoral.

1- “payesero”: mágico. 2-  engualicha´o: embrujado. 3-  Ñandejara: “Jesucristo”, término guaraní. 4- Añá: Diablo, malo. 5- “cambá”: negro. 6- Mainumby: picaflor. 7- Tuyuyú: garza grande. 8- Mba´éicha´pa?: Cómo le va?. 9-  “Tupâ ra´y”: Hijo de Dios.

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