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Cristian Schmit aseguró que fue víctima de una persecución institucional

“Me echaron por una causa armada y la Justicia me absolvió”

El ex cabo de Policía fue absuelto por cohecho y amenazas, pero antes de llegar a juicio le dieron la baja. “Me hicieron un daño irreparable por cumplir con mi trabajo”, lamentó

lunes 23 de noviembre de 2020 | 7:54hs.
“Me echaron por una causa armada y la Justicia me absolvió”
Schmit trabajaba en El Soberbio. Foto: Daniel Villamea
Schmit trabajaba en El Soberbio. Foto: Daniel Villamea

En octubre de 2013, el cabo Cristian Schmit (hoy de 39 años) participó de un operativo que permitió desbaratar un millonario contrabando de soja al Brasil, hecho que derivó en la intervención de la comisaría de El Soberbio por la implicancia del jefe de la dependencia, comisario Héctor Araujo.

El oficial venía siendo investigado por su presunto vínculo con contrabandistas, relación que luego se probó al revisar el teléfono celular de uno de los hombres que transportaban la carga decomisada, quien tenía mensajes de textos dirigidos al comisario.

Intervino la Dirección de Asuntos Internos de la Jefatura de Policía y Araujo fue trasladado a la Unidad Regional VIII de San Vicente.

A siete años de aquel hecho, Cristian Schmit aseguró que pagó muy caro aquella investigación que afectó a un superior, lo que sumado a su pertenencia a la mesa de diálogo policial como delegado de sus camaradas, derivó en una persecución institucional que acabó con su carrera.

“Hoy hay tres maneras de sobrevivir en la Policía: ser alcahuete, mirar para otro lado o prenderte en el baile, porque de otra manera no se sobrevive”, opinó en una entrevista con El Territorio.

Comentó que en más de catorce años de carrera afrontó un solo sumario administrativo, lo que derivó en su baja, mientras que su calificación jamás bajó de 94.

“Pero toqué intereses de arriba, me armaron una causa por una denuncia sin testigos y me tuve que ir de la Policía. No pudieron probar nada de lo que dijeron y en el juicio fui absuelto. Me hicieron un daño irreparable y lo único que hice fue cumplir con mi trabajo”, reclamó.

Efecto dominó
Según relató Schmit, en octubre 2013 trabajaba en la comisaría de El Soberbio y comenzaron a investigar a una banda dedicada al contrabando de soja al Brasil.

Una pista los llevó hasta Colonia Monteagudo, tras un llamado anónimo recepcionado en el destacamento de Paraíso, mediante el cual se alertaba de movimientos extraños en la zona, a unos 30 kilómetros del casco urbano de El Soberbio.

En el lugar la comisión policial se topó con un camión Ford 4000 que transportaba alrededor de cinco toneladas de soja. Los ocupantes del rodado eran Rubén Petters (45) y Oscar Schulz (47).

Luego, al requisar las pertenencias de los detenidos hallaron un celular que en su bandeja de salida tenía varios mensajes emitidos al propio jefe de la comisaría de El Soberbio, según se estableció después.

Al respecto, Schmit comentó que “al detectarse el vínculo con el comisario Araujo se hizo la denuncia ante la Jefatura, que en ese momento estaba al mando de Munaretto. Ahí hicieron lo que correspondía e intervinieron la comisaría”.

“Pero al caer ese jefe hubo una especie de efecto dominó y se destaparon varias ollas. Me empezaron a perseguir, pero no tenían por dónde agarrarme, hasta que me inventaron una causa por un negocio que hice por unas llantas deportivas”, agregó.

En su defensa, tal como declaró en el juicio de octubre del año pasado, el ex policía declaró que fue un negocio directo con el dueño de las llantas, quien luego “fue presionado para declarar en mi contra”.

“En la UR VIII se enteraron del negocio y fueron a buscar a este ciudadano, lo apretaron y me denunció con que lo amenacé diciendo que si no le daba las llantas y 500 pesos, yo le iba a secuestrar el auto”, detalló.

Fue absuelto
En consecuencia, afrontó una causa interna y una denuncia penal por cohecho y amenazas que se tramitó en el Juzgado de Instrucción Tres de San Vicente.

Por su lado, Schmit presentó tres testigos que declararon que estuvieron presentes al momento del negocio.

Mientras la causa transitó las diferentes instancias siguió trabajando como policía, con la salvedad de que no podía ascender al estar imputado.

El año pasado el expediente fue elevado a juicio ante el Juzgado Correccional y de Menores de Oberá y se fijó fecha para octubre.

“Pero en marzo, Mazur (quien era jefe de la Policía) me dijo que si no agilizaba la causa me iba ir de baja por no ascender. Entonces solicité un plazo de seis meses porque no manejo los tiempos del juzgado, pero me obligaron a firmar la baja y me echaron antes de llegar a juicio. Ni siquiera les importó que tengo tres hijos que mantener”, lamentó.

Ya en el juicio, el denunciante ni se presentó. Como contrapartida, se tuvo en cuenta el relato de tres testigos que declararon que Schmit le compró las llantas.

En ese punto, recordó que “seis meses después de la denuncia que me armaron, el mismo denunciante se acercó, me pidió disculpas y me contó toda la verdad, por eso nunca lo responsabilicé”.

Finalmente, fue absuelto y volvió a tramitar su reincorporación a la Policía, pero “el actual jefe Cabrera me dijo que al firmar la baja ya le cedí el lugar a otro. O sea, las autoridades saben que soy inocente pero me dieron la espalda”.

“Es muy difícil enfrentar a la corrupción. Tengo ex compañeros que tienen que mirar para otro lado para cuidar su trabajo porque siempre alguien de arriba está prendido”, subrayó.

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