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El boxeador

domingo 22 de noviembre de 2020 | 5:00hs.

"Sobaquealo, Evaristo, sobaquealo, es el último recurso que te queda, sino, sos hombre muerto".

La frase fue dicha en un rincón del ring por don Ceteto Miranda e iba dirigida a su pupilo, Evaristo Comettuti, boxeador amateur que, haciendo honor a su apellido, se estaba comiendo todos los golpes que generosamente le brindaba su rival, el Negro Ponsoñatti, reconocido triturador de boxeadores, quien en su larga carrera boxística ganó todas sus peleas, que no eran pocas, por knock-out absoluto, siendo que a uno de sus rivales, caído y listo para la cuenta de diez (y más), llegó a propinarle una furibunda patada en el culo.

Transcurría el minuto de descanso entre el quinto y sexto round de una pelea pactada a diez asaltos y Evaristo ya estaba al borde de su propia extinción, tal era la paliza, descomunal y salvaje, que le propinaba su adversario.

Detrás de la pelea se le iban las últimas ilusiones pues había hecho planes de que si ganaba, tal vez pudiese casarse con la Romina Villalba, joven mujer que lo volvía loco con sus encantos, pero que no le daba mucha cabida en sus afectos ya que se vanagloriaba de ser “mujer destinada a campeones, no a cometortas” como lo era el común de los boxeadores…

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Aquí debemos hacer un paréntesis en la pelea, para que Evaristo tenga un poquito más de tiempo para recomponerse en su físico y en su espíritu, y para tratar de explicar algo que parece inexplicable: “cómo el amor puede transitar por los mismos caminos del boxeo, ese deporte tan rudo y tan alejado de los afectos y los sentimientos”.

Y en este caso, la cosa se dio porque Romina Villalba era una auténtica campeona de boxeo femenino, con capacidad para derribar a cualquier mujer que se le pusiese al frente en un ring y a más de un hombre devenido boxeador que se le atreviese en singular pelea.

Romina sumaba a su capacidad boxística su inconmensurable belleza, que la hacía deseable para todos los hombres que merodeaban su entorno. Y le gustaban los hombres. Si eran boxeadores exitosos, mejor.

Por eso, no sorprendió a nadie el final de esta historia, que culminó con un fulminante trompadón de Ponzoñatti, que acabó con el débil estado de consciencia que aún alentaba a Evaristo Comettuti, durando el knock-out mucho más allá de la cuenta de diez…

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Se hizo la medianoche, final de la velada deportiva en el estadio “Gran Premier” del barrio “Las Calabazas”. Mientras el boxeador derrotado regresaba solitario, triste, extenuado y abatido a la pieza de su pensión, el Negro Ponsoñatti festejaba su triunfo en un conocido restaurante del lugar, rodeado de sus admiradores, mientras que a su lado revoloteaba glamorosa la Romina Villalba, quien a esa altura de la noche ya se había olvidado de Comettuti, el perdedor.

El relato es parte del libro Tren Fantasma. Larraburu es autor además de  El Monje Negro, En los pagos de oro verde, Sobre duendes, mitos y leyendas, entre otros.

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