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Las exhumaciones se realizarán el próximo 10 de diciembre

Franzen y Parodi y una ceremonia reparadora casi 44 años después

Las dos víctimas de Margarita Belén fueron enterradas en 1977 pero sus féretros habían sido intercambiados y ahora serán restituidos a sus respectivas familias

viernes 20 de noviembre de 2020 | 5:00hs.
Franzen y Parodi y una ceremonia reparadora casi 44 años después

El tiempo pasa y pasa, pero la realidad cada tanto demuestra que a pesar del transcurso de los años las heridas de la última dictadura en el país aun siguen abiertas en muchas familias y en Misiones todavía hay víctimas de esa oscura etapa que continúan recibiendo golpes.

Como las familias de Luis Arturo Franzen y Manuel Parodi Ocampo, asesinados en la denominada Masacre de Margarita Belén, que el próximo 10 de diciembre, podrán sepultar correctamente los restos de sus seres queridos. Sí, recién 44 años después podrán despedirse realmente de sus familiares.

Así lo confirmó a El Territorio Graciela Franzen, hermana de Arturo y también víctima de secuestros y torturas durante la época de dictadura, quien detalló que ese día a la mañana se procederá al intercambio de los féretros entre las familias de ambas víctimas.

Los cuerpos de ambos militantes asesinados habían sido sepultados inicialmente en el cementerio La Piedad en enero de 1977 -único en Posadas entonces- , pero luego se comprobó que los cadáveres habían sido intercambiados por el Ejército al momento de la entrega de los féreteros que llegaron desde Chaco, por lo cual en realidad la familia de Franzen despidió los restos de Parodi Ocampo y viceversa.

El intercambio fue develado a fines del año pasado, después de un exhaustivo trabajo realizado por el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) -postulado para el premio Nobel de la Paz 2020-, que intervino por pedido de las familias y cuya labor sirvió para obtener una muestra más de lo perverso que fue el accionar de los militares de aquel momento.

Perverso porque la situación no se habría tratado de un simple error, sino que habría sido algo intencional y sistemático que comenzó a quedar evidencia al conocerse un caso anterior, el de Carlos Alberto Duarte, cuyos restos entregados nunca fueron realmente suyos y su familia aún hoy no sabe dónde está su ser querido ni tampoco se sabe a quién pertenecen esos huesos que habían sido enterrados a nombre de suyo.

Saber la verdad

“Nosotros siempre quisimos saber la verdad, es decir, si ese cuerpo que nos entregaron realmente era de Arturo. Yo quería sacarme esa duda, pero mis padres pidieron que lo hagamos cuando ellos ya no estuviesen. Ellos siempre nos apoyaron en toda la militancia, pero no querían pasar más por ese proceso de analizar los cuerpos. Ya no aguantaban más, ya no querían pasar por el dolor que sufrió la familia del compañero Duarte, otra víctima de Margarita Belén”, contó Graciela.

Las dudas además siempre persistieron porque los cuerpos habían llegado en féretros blindados, con una prohibición de ser abiertos y bajo la extrema coerción que reinaba en tiempos de una feroz dictadura que atravesa sus primeros meses.

La entrevistada recordó que su madre falleció hace cuatro años y que después de ello finalmente solicitó a la Justicia Federal de Chaco que se arbitren los mecanismos para poder llevar adelante el proceso de identificación formal de los restos inhumados.

A partir de ahí intervinieron los profesionales del EAAF, quienes en 2017 exhumaron los féretros, recogieron muestras óseas y los llevaron a analizar. Los resultados se dieron a conocer a fines del año pasado y terminaron confirmando las dudas de las familias.

El proceso de restitución de los restos verdaderos a sus respectivas familias fue autorizado a comienzos del 2020 por el Juzgado Federal de Resistencia, pero la pandemia retrasó todo lo previsto y por eso recién ahora las familias podrán llevar adelante la ceremonia de intercambio.

“Nosotros ya sabíamos de esto a comienzos de la pandemia, pero preferimos esperar porque queríamos que la gente pueda participar de la misma forma en que participaron aquella vez que fueron sepultados. Todavía hay muchas personas que los conocieron, que los quieren y que los reconocen, por eso preferimos esperar”, indicó Graciela.

La mujer también contó que elegieron el 10 de diciembre como fecha para las ceremonias en consonancia con el Día Internacional de los Derechos Humanos.

“Ese día haremos el cambio. Iremos al cementerio La Piedad para sacar la urna con los restos de Manuel y llevarla a Tierra de Paz, que es donde en realidad está Arturo. Manuel fue compañero nuestro de militancia toda la vida, fue compañero de seminario de Arturo y de Carlos Tereszecuk -otro misionero asesinado en Margarita Belén y cuyos restos recién fueron identificados y entregados a su familia en 2018-. Así que queremos estar en las dos ceremonias, las familias queremos estar juntas, como siempre”, añadió la entrevistada.

Al igual que con el caso de Franzen, los padres de Parodi Ocampo ya fallecieron y serán sus hermanos quienes puedan finalmente cerrar -o tratar- una herida que 44 años después aún sigue doliendo.

Para Graciela, este último proceso de identificación y restitución de los cuerpos, es una muestra más de la importancia de la lucha por la verdad y por mantener activa la memoria y la lucha por Justicia.

“Para nosotros saber la verdad siempre es lo más importante y eso también nos enseñó Arturo. Y él nos preparó para eso porque ya habíamos sufridos otras dictaduras anteriores y sabíamos lo terrible que era y no debe volver a repetirse nunca más”, culminó.


Graciela y otro juicio en marcha

Franzen y Parodi Ocampo tenían 24 años cuando fueron fusilados junto a otros militantes, dirigentes e integrantes de las Ligas Agrarias, en la denominada Masacre de Margarita Belén, registrada el 13 de diciembre de 1976 en Chaco.

Para ese entonces, Graciela también estaba detenida y secuestrada en la cárcel de Villa Devoto.

Después de ello, para la hermana de Arturo devinieron varios años más de militancia y lucha, que le significaron un exilio y un regreso en clandestino al país para participar de la Contraofensiva Montonera, operación que consistió en el reagrupamiento de militantes exiliados en diferentes países para encabezar la resistencia a la dictadura.

En su regreso a la Argentina, el grupo fue perseguido por los militares y se registraron al menos 94 casos de torturas, asesinatos y desapariciones. Graciela pudo sobrevivir y todo lo padecido ahora lo cuenta como testigo en un juicio.

El debate oral por esa causa comenzó el año pasado, en el Tribunal Federal 4 de San Martín, Buenos Aires, tiene a nueve represores sentados en el banquillo y después de 57 audiencias actualmente se encuentra en etapa de alegatos.

“Es impresionante el alegato de la fiscal -Gabriela Sosti-, va a tener cinco etapas en total. Hoy -por ayer- fue la cuarta. Tiene cinco horas cada una, es decir, son 25 horas en total de alegato. Es impresionante el trabajo que ha hecho para contar lo que denunciaron todos los compañeros, todo lo que se investigó a lo largo de estos años y lo que fue recopilar los archivos de cómo la dictadura le tenía al tanto de todo lo que hacía a Estados Unidos. En cada caso ha demostrando por qué corresponde la prisión perpetua para los acusados”, agregó Graciela.

Los alegatos en el marco de este juicio continuarán hasta fin de año y se prevé que la sentencia se dé a conocer recién el año próximo.

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