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Rojas negó en indagatoria ser el líder del Primer Comando de Frontera

jueves 19 de noviembre de 2020 | 2:04hs.
Policiales

Néstor Fabián Rojas, como a lo largo de su vida desde ya casi 20 años, escuchó ayer otra vez una acusación en su contra. Lo imputaron en una nueva causa judicial. Se lo acusa de ser organizador y financista de tráfico ilícito de estupefacientes, agravado por haberse cometido con violencia y por la intervención de más de tres personas y la tentativa de tres homicidios. Es que ante la pérdida de un cargamento, ordenó matar a dos de sus soldados y un efectivo de PNA a cargo del procedimiento.

De la audiencia indagatoria, que se hizo de forma remota, participaron las autoridades del Juzgado Federal de Posadas, a cargo del juez José Luis Casals, la Fiscalía Federal de Posadas y la Procuraduría de Narcocriminalidad (Procunar), que dirige Diego Iglesias.

Rojas escuchó lo que ya sabía. Lo acusan que desde el penal de máxima seguridad de Ezeiza dirigió una organización dedicada al almacenamiento y transporte de marihuana y cocaína que ingresaba al país desde Paraguay y tenía como destinos finales a Brasil y Buenos Aires. Sin embargo, como tantas otras veces, negó todo.

Fuentes  del proceso consignaron a El Territorio que se dijo inocente y manifestó que no tiene el dinero ni los recursos para coordinar la empresa criminal de esas magnitudes. También señaló que está dispuesto a demostrar que no tuvo participación en la organización. Como la mayoría de los imputados, está siendo defendido por un abogado público.

Más allá de sus palabras, desde el Ministerio Público Fiscal consideran tener “un caso más que sólido” y amplio material de prueba, sobre todo en su contra. En el dictamen de Procunar al que tuvo acceso este medio se consigna que Néstor Fabián Rojas “intentaría emular o bien copiar sin éxito el modo de operar de ciertas estructuras criminales, con cierta envergadura, especialmente asentadas en la República Federativa de Brasil”.

Se añade que los elementos relevados en la investigación “sugieren cierta alegoría de su parte en ese deseo de replicar la simbología propia tales organizaciones delictivas”, en referencia a la creación del Primer Comando de Frontera (PCF) con la que marcó sus cargamentos antes de enviarlos. Ese “marketing criminal” incluía un dragón comiéndose la cola. 

“Quizá con la intención de generar en el resto de los integrantes el sentimiento de identificación y pertenencia que caracteriza a los grupos narcocriminales Primer Comando Capital o Comando Vermelho, como también el temer en la sociedad en su conjunto y, principalmente, en las autoridades policiales que deben investigarla y las judiciales que deben juzgarlas”, completa. Al respecto, como informó este medio en sus ediciones anteriores, muchos de los integrantes del PCF tenían un tatuaje identificatorio.

El prontuario y modus operandi

Según él mismo contó en una entrevista a este diario, fue detenido por primera vez en 2001 con un cargamento de marihuana que le valió una pena cuatro años y 2 meses, celebrada en un juicio abreviado. “Penas muy cortas”, coinciden dos importantes actores judiciales especializados. Después recibió otra condena, pero se escapó de la cárcel.

En la actualidad estaba en el penal de Ezeiza por solicitud del juez Miguel Ángel Guerrero -titular del Juzgado Federal de Eldorado a quien también quiso matar-, que lo investigó y envió a juicio como líder de otra organización, además del homicidio de Aldo Cantero (31), uno de sus socios. También tiene prisión preventiva firme por el doble homicidio de El Acuerdo en el que fallecieron Sebastián Vega (35) y Rodrigo Ibarra (37, ocurrido en diciembre del 2015.

Ese hecho es investigado por el juez Fernando Verón, a quien buscó asesinar desde la cárcel con un plan frustrado. Por el caso hay una investigación en el Juzgado de Instrucción Uno de Posadas, que dirige el juez Marcelo Cardozo, y están detenidos con prisión preventiva cinco personas que actuaban bajo sus órdenes.

En la investigación por la que fue imputado en la víspera hay otros trece detenidos, seis de los cuales fueron alcanzados el último lunes, en una serie de allanamientos ocurridos en Misiones y Buenos Aires. Entre los objetos  irrumpidos se destacan la cárcel donde estaba alojado en Ezeiza, la unidad Federal de Candelaria y la Unidad Penal VI de Posadas.

Pablo Antonio Campos actuaba con él intramuros y Walter Eris González, quien se encargaba de toda la logística en Misiones, desde la UPVI. Además fueron aprehendidas José Ruiz Díaz y Oscar Adoni Rodríguez, encargados de la coordinación de maniobras en la tierra colorada. En Buenos Aires fueron atrapadas Tamara Judith Maciel, pareja de Rojas que movía el dinero y era nexo con delincuentes brasileños, y  Paula Aguirre.

Con un imponente poder económico y todos los contactos en el submundo narco, la banda traficaba cocaína y marihuana, siempre bajo las órdenes de Rojas. El oriundo de Puerto Iguazú tenía soldados -algunos familiares- en Ciudad del Este y Encarnación, donde se preparaba todo para los cruces a Argentina. La marihuana era producida en Paraguay y la cocaína en Perú.

Los ingresos de los cargamentos se hacían por Candelaria y después llegaban a destino. A Brasil se destinaba droga premium, de máxima pureza, exigida por sus compradores, por lo que los logos en los cargamentos también eran un certificado de calidad. Antes de las restricciones por el coronavirus, el estupefacientes salía por Santo Tomé, Corrientes y terminaba en Porto Alegre. Con el confinamiento, se iba por Panambí y San Javier.

En Brasil, además de sus compradores relacionados a Bala Na Cara, también tenía nexos que se encargaban de administrar su dinero y conseguir camiones con habilitación internacional para transportar grandes cargamentos de marihuana. De allí también compró armas (ver Desde la cárcel...) y contrató sicarios para trabajos que se frustraron.

Como viene detallando este medio en sus ediciones anteriores, las investigaciones llevadas adelante  por Gendarmería desde septiembre del año pasado permitieron la incautación de más de 11.000 toneladas de marihuana -10 de ellos en Paraguay, por un trabajo de la Senad- y 30 kilogramos de cocaína.

Desde la cárcel organizó la compra de un lanzamisiles

El poder de Rojas se concentraba en su celular o celulares que ocultaba en su celda . Desde allí, con mano dura y a fuerza de amenazas de todo tipo, organizaba el movimiento de drogas, de dinero y, como quedó plasmado en las escuchas, de armas.

Este medio detalló en la víspera que las investigaciones evidenciaron “tratativas dirigidas a obtener ‘lotes’ de armas de fuego que fueron identificadas en las conversaciones telefónicas como ‘Itacas automáticas’ y ‘fusiles AR15’”, según el dictamen de Procunar.

La negociación ocurrió hace poco más de un mes, el 17 de octubre, y su interlocutor es uno sus secuaces en Buenos Aires. El precio de las armas, según las escuchas, era de 10.000 dólares y pertenecen al Ejército, según se desprenden de las comunicaciones.

“El ejército compra armamento para hacer entrenamiento, pruebas, tienen vencimiento para ellos, son cuatro años, entonces después de los cuatro años estos pillos las pasan como que no se usó, me dijo, tenés algunas que ni se usaron y otras que tienen un poco de uso”, le explicó el interlocutor al capo narco.

Especialista

Sin embargo, eso no fue todo.  En esa misma conversación el intermediario ofreció un misil. “Tiene un bazooka, ponele, eso te puede servir o no? El lanzamisiles que va en el hombro”.

Entonces Rojas, que al parecer es conocedor del tema, pidió especificaciones y detalló que ese armamento iba dirigido posiblemente a organizaciones criminales brasileñas.

“Pregúntale si es el descartable o cuál. Si yo te estoy diciendo que vos le digas “punto 30, punto 50”, lo que sea, ¿me entendés? Esto va todo para Río de Janeiro. Las punto 30 son para blindados, son para tirar un ejército (…) Va para Río de Janeiro, acá no queda, el camión cuando viene, da la vuelta y se lo lleva”, explicó en referencia a los cargamentos de marihuana que llegarían en camiones brasileños a esa provincia.

Y luego remató, ante otra oferta: “Yo las compro todas, tenga 40, 50, me hace un precio bueno y yo te doy la plata. Las Glock cuando aparezcan, si hay 30, 40, 50, yo las compro todas”.

 

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