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Construir la música de tu vida

martes 17 de noviembre de 2020 | 3:10hs.
Construir la música de tu vida

Podés descubrir tu verdadera pasión a los 40, enamorarte a los 60, volver a estudiar a los 80. No hay límite de tiempo para la felicidad. Si fluye, ‘es por ahí’, dicen. Lo que abrazamos de manera natural suele ser lo que más nos enciende, nos atraviesa y finalmente nos guía. 

Sin pensarlo, pero sin dudar, Roberto Rojas (41), un ingeniero industrial dedicado a normas ISO y más procesos en el Poder Judicial, de repente se vio envuelto en un universo lúdico, inventivo de maderas, sierras, varillas, barniz y cuerdas… muchas cuerdas. Como siguiendo el sonido de sus latidos más profundos, y con el empujón de un gran amigo, llegó a Encarnación en 2017 a visitar a Isabelino Balcázar, un luthier fabricante de arpas, violines y guitarras. No entendía bien qué hacía ahí, porque su relación más estrecha con la música venía del palo de la electrónica. Pero ni bien estuvo frente al experimentado anciano, le pidió fuera su maestro. Así comenzó la historia de Roberto como constructor de guitarras.

“Me mostró el camino un amigo, de la nada, porque yo no estaba relacionado con la música o la luthería. Descubrí todo un mundo. En ese momento me apasioné y algo cuasi mágico sucedió. Cuando generé mi taller no pude salir más de acá”, resumió Rojas sobre sus inicios.

Balcázar captó la energía auténtica que emanaba Rojas y decidió enseñarle, a pesar de denegar los numerosos pedidos que tenía a diario. Sin embargo, el foco estuvo puesto en el violín y Roberto quería aprender a hacer guitarras. Al rastrear quién podría enseñarle se contactó primero con los maestros de Posadas: Alberto Chávez y Milan Cardozo, que si bien celebraron su pasión, le explicaron los motivos de por qué no recibían más alumnos en este tiempo.

A falta de conocidos, Google señaló el siguiente paso. “Busqué en internet y encontré a Carlos Juan Busquiel, que fue alumno del reconocido Romanillos. Él largó una especie de curso de luthería a distancia, 40 clases remuneradas y ahí aprendí”, recordó quien elije no llamarse luthier, atento a que su definición marca un camino recorrido por más de un instrumento.

La pasión de Roberto, que denota al contener un caudal en sus ojos cuando recuerda su primera guitarra construida, no se detuvo y se transformó en la búsqueda de la fórmula perfecta de fabricación.

Al sumergirse en el mundo de la música, comenzó a asistir a recitales de guitarras clásicas, codearse con maestros de la Esmu y mantenerse curioso. 

El dato lo pescó en un concierto barroco en el Centro Multicultural de la costanera posadeña. La guitarra ejecutada que lo maravilló había sido creada por Francisco de Estrada Gómez, un reconocido artista en el ambiente. Una vez más la tecnología ofició de nexo y el posadeño no dudó en contactarlo. Fueron dos llamadas telefónicas. Una de presentación, pedido, seguida de una extensa encuesta de la otra parte y la segunda, de confirmación. “Considerando todo lo que hablamos ayer, te espero en mi casa”, le dijo el consagrado guitarrero desde Ramos Mejía. Roberto se tomó un colectivo y obtuvo el master en construcción.

Tu lugar en el mundo
“El corazón me dice que tengo que estar acá”, confesó Roberto entre ébano africano, cedro canadiense y maderas locales que se entremezclan con un sinfín de herramientas, algunas incluso creadas por él.

La profesión de base sin dudas lo ayudó en este, su nuevo cable a tierra. Y la formación secundaria de La Indu, también. Pero la mística es a la vez inexplicable como innegable. En plena meditación constructiva, encontró razones en su árbol familiar: un abuelo carpintero de Carmen del Paraná arreglaba y tocaba guitarras. El otro también tenía un taller con muchas herramientas, pero era mecánico.

En tres años, Roberto es otra persona y sus creaciones son tan únicas como exquisitas. Músicos reconocidos o cercanos le han advertido de la calidad inigualable de su producto. Como su trabajo principal continúa bajo el ala exclusiva del Estado, Roberto fabrica guitarras como hobbie, aunque obtuvo un permiso para poder participar de, por ejemplo, encuentros de guitarras clásicas. 

“La misión de esto es aportar a la música de la región, que tengan instrumentos de calidad y puedan expresarse”, consignó, al tiempo que reveló que pone a disposición sus guitarras clásicas neorrománticas tanto para músicos en conciertos como para estudiantes de la Esmu. 

“Los que me conocen de antes, no lo pueden creer porque no hay ningún punto de contacto con lo que hacía. Me ven totalmente cambiado”, refirió el posadeño, que ahora estudia guitarra clásica, pero hasta hace unos años rasgueaba solo las típicas canciones de fogón. 

A pesar de que para muchos es aún una sorpresa la faceta artística de Roberto, él da detalles minuciosos de construir guitarras como si le fuera innato. 

“Obviamente cuando hice la primera guitarra y escuché que sonó después de tardar siete meses en construirla, me emocioné casi a la misma altura del nacimiento de mi hija”, recordó. Y si bien hoy tarda cuatro meses, el resultado de su creación produce la misma cruza entre éxtasis y llanto.

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