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Destacado pintor de Aristóbulo

El arte como norte, a pesar de todo

Daniel Stibe siempre fue apasionado por los pinceles. Si bien muchos lo desalentaron por sus limitaciones físicas, hoy es profesor de artes y continúa estudiando Diseño Gráfico

lunes 16 de noviembre de 2020 | 7:48hs.
El arte como norte, a pesar de todo

El muchacho camina trayectos comunes a muchos de sus pares en el terreno del dibujo, la pintura, motivos que lo apasionan. Convivió desde gurisito bosquejando autos, paisajes, naturaleza muerta, animales, del propio entorno. Desde temprana edad la familia dedujo que el metejón con colores y pinceles, lo heredó de papá, Roberto.

Luis Daniel Stibe hoy -a los 34 años- trabaja en lo que siempre quiso: dibujar temas privilegiados y también compartir su especialidad con quienes quieran aprender con él. Así, enseña a chicos de 5 a 15 años en talleres propios, escuelas o el Hogar de Ancianos de Salto Encantado.

Hijo de agricultores, pertenece a un universo de siete hermanos. Comenzó la escuela primaria en la N° 422 de Picada Libertad. Terminó en la 680 del barrio Hospital. De adolescente, tuvo que ayudar a su familia desempeñándose como ayudante de su papá en la chacra de Rogelio Ramírez, reconocido productor local. Mientras tanto, la secundaria la cumplió en la Escuela de Comercio, en horario nocturno. En todos los lugares y espacios sociales que habitaba, siempre que disponía de algún ‘recreíto’ Daniel se dedicaba a dibujar. No lo dejaban sólo en esos menesteres; su papá, la maestra Adriana Retamosa y muchos más que lo estimulaban incansablemente, ponderando sus trabajos.

El raro caso de Luis Daniel lo sitúa en un punto inusual y resalta el hecho del dibujo a raíz de sus herramientas. Es que sus manos nacieron atrofiadas. “Mi hermana Carmen nació con una mano de seis dedos, el sexto pequeñito”, arranca explicando el pintor, sobre su genética. Su particularidad lo llevó a Buenos Aires en busca de cirugías correctivas “porque soñaba con una carrera artística; primero el profesorado y luego la licenciatura en Artes de Oberá”. En 2015 obtuvo su primer título; pronto empezó a trabajar en la Municipalidad dictando clases en la escuela 172. Pero no le faltaron algunos golpes dolorosos.

Los prejuicios aparecieron en su camino e incluso una profesora le advirtió, “hay que operarse al menos de una mano, porque trabajar así al frente del aula plantea una situación impresionable. Todo profesor debe ser perfecto, un ejemplo para el alumnado. El estudiante no puede desviar la atención del trabajo del profesor. Debiera operarse al menos de una mano”, le recomendaban.

“No me lo dijo de mala manera, pero me marcó mucho porque yo estaba muy confiado en mi trabajo. Y cuando alguien me marca que mi problema físico es más importante que lo que hago, me bloquea. No soporté, me acobardé y abandoné los estudios”, reseñó Daniel sobre el traspié en la materia Problemática Educativa. “Pero el estímulo de mis padres y la confianza de los compañeros me inyectaron mucha confianza”, confesó. “‘No puede ser, te apoyamos’ me repetían. No conté a mi familia para que no se sientan mal en casa, porque ellos apostaban a mí”, recordó sobre su desilusión académica.

Sin embargo, el llamado de atención lo llevó a cambiar el foco. “Un día reformulé mi actitud y traté mi caso como un problema que iba a convivir conmigo. Dibujé mis manos con sus defectos, pero los colegas y profesores me mentalizaron que en la universidad pública la oportunidad era igual para todos”, reconoció.

Apoyado por su familia, viajó a Buenos Aires haciéndose ver por prestigiosos especialistas. “Las manos son las partes más complicadas del cuerpo, porque son las más expuestas y sensibles a la vez. Un tendón mal tratado puede afectar el cerebro”, contó que le advirtió uno de sus médicos.

“Me dije: ‘voy a vivir con lo que Dios me dio; todo lo que hace una persona normal yo también puedo hacer’”.

“Antes de volver a Misiones, me hicieron un estudio minucioso y todos juntos me despidieron diciendo “puede ser hereditario, también consecuencia de envenenamiento que producen los agrotóxicos del tabaco”, agregó sobre los diagnósticos que encontró.

Pasaron los años, los estudios, los cuadros. Luis Daniel es hoy profesor en Artes Plásticas y a paso firme también continúa Diseño Gráfico. Es un talentoso plástico , tiene tres hijos y pocas veces se pregunta ¿qué milagro, cuál predestinación o autoconciencia misional influyó en su vida? ¿Qué dioses, qué pecados y qué duendes de la nada le señalaron el camino recorrido?

Su vida transcurre con total normalidad, sus tragedias, sus cuadros y pinceles… La constante autocrítica, la autohigiene mental, la valoración de sí mismo son la brújula y el horizonte de su ser creador.

Con ideales. Un ser social con fraternal estima al público, hogar y memoria. Va superando muchas dificultades: el bajo salario, las limitaciones físicas. Pero allí están sus cuadros decorando oficinas públicas y lugares prominentes de esta región. Además, en el reciente aniversario aristobuleño que se celebró en octubre, ganó un concurso de pintura sobre personajes históricos. Por lo que sus ilustraciones se lucirán en el flamante edificio comunal junto a productos de destacados colegas suyos, tal como reveló la directora municipal de Cultura Any Koubas.

Hablar del arte muchas veces es también hablar de sus protagonistas. Luis Daniel Stibe va transformando miradas, sentires, mutando la pintura en una excelente ordenadora humana. Íntegral, plena, intelectual, emocional y psicológica. Una charla con él es una maravillosa oportunidad para el aprendizaje colectivo.

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