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Un gesto, un caballo y sueño cumplido para un niño no vidente de 11 años

viernes 30 de octubre de 2020 | 14:50hs.
Un gesto, un caballo y sueño cumplido para un niño no vidente de 11 años

“Si no estás haciendo mejor la vida de alguien, entonces estás desperdiciando tu tiempo”, reflexionó alguna vez el reconocido actor estadounidense Will Smith.

Y en ese contexto son afortunadas las personas capaces de identificar las necesidades de los demás, sentirlas como propias y accionar en consecuencia para modificar o hacer más fácil algo en esas vidas que suelen pasar desapercibidas en la vorágine diaria.

Con ese espíritu, Alberto “Beto” González, tuvo un gesto que hizo feliz a Marcos Ramírez, un niño no vidente de 11 años que vive junto a su familia en el barrio Bicentenario de Puerto Iguazú.

Le regaló un caballo y con eso, le cumplió un sueño.

No vidente desde los 5

La historia de Marcos dice que poco tiempo después de nacido le detectaron glaucoma ocular, una enfermedad degenerativa causada por el aumento de la presión dentro del ojo.

Su hermano Luis -que ahora tiene 9 años- nació con la misma patología pero las cirugías que le hicieron sirvieron para que recupere la vista, en tanto que Marcos, pese a idénticas intervenciones la perdió definitivamente.

Tenía 5 años cuando dejó de ver el mundo, pero durante el tiempo que pudo hacerlo atrapó colores, texturas y cultivó un gran amor por animales, con especial predilección hacia los caballos.

“Siempre soñó con tener uno. Cuando podía verlos cabalgar se quedaba embobado mirándolos. Nos pidió muchas veces que buscáramos la forma de regalarle uno y le explicábamos con el papá que sale caro, no solo comprarlo sino que mantenerlo cuidado, bien alimentado. No podíamos hacerlo”, rememoró Carina Correa, mamá de Marcos, en una charla con El Territorio.

Pero hace pocos días el niño volvió a insistir.

“Ese día me dijo, otra vez, que su sueño seguía siendo tener un caballo y le contesté ‘sos grande y tenés que entender que no tenemos para comprar uno’, porque apenas estamos comiendo y tenemos que priorizar eso”, contó.

Economía complicada

La realidad económica de la familia es complicada desde hace algunos meses porque el marido de Carina perdió el trabajo y consecuentemente dejó de percibir el salario. Hace changas, se las rebusca, porque tiene seis bocas para alimentar.

Para completar, terminaron siendo víctimas de la burocracia estatal porque hace tres años iniciaron el trámite para que Marcos cobre una pensión por discapacidad pero sigue sin avance.

“Ese día noté mucha tristeza en su rostro. Se lo comenté a una vecina y me dijo que vaya a averiguar cuánto sale un caballo en la cabalgata Sapucai, en las 600 Hectáreas. Pensé que tal vez era alcanzable ajustándonos un poco. Junté coraje y le pedí a Marcos que me acompañe sin decirle a dónde”, detalló Carina.

Una vez en el predio fueron recibidos por Beto González, el dueño. “Consulté, para que sepa (por Marcos) que lo estábamos intentando y cuando el señor me dijo el precio abrí los ojos porque, definitivamente, no está a nuestro alcance. Más que eso no podíamos hacer”.

“En un momento el señor preguntó por qué mi hijo estaba todo el tiempo prendido de mi brazo y le conté que era no vidente, que vio hasta los 5 años y desde bebé ama mucho a los caballos, que su sueño es tener uno. Me dijo entonces que considerando eso no me lo podía vender, pero que le iba a regalar”, recordó.

Con emoción contó que “mi nene escucho y empezó a lagrimear, con una sonrisa enorme. Le dije (a Beto) que si estaba jugando no lo haga, porque le podría poner triste a mi hijo, y me aseguró que ‘no, se lo regalo’ y fueron juntos hasta la caballeriza, empezaron a acariciar a los caballos. Nos pidió que al otro día fuéramos a buscarlo pero Marcos no quería volver a casa. Nunca antes vi tan feliz a mi hijo”.

Lo llamó Toreto

Desde el día siguiente el caballo se convirtió en el mejor amigo de Marcos. Lo llamó Toreto y acondicionaron con sus hermanos un espacio en el patio de la casa, a la vera de un arroyo.

“Fue muy bueno el señor por cumplirle el sueño a mi hijo. No nos conocía pero le agradezco por el significado que tiene para Marcos”, manifestó Carina, agregando que “junto a sus hermanos más grandes salen a cabalgar, pero lo que más le gusta es acariciarlo, tocarlo. Pasa horas sintiendo el pelaje de su caballo”.

Esta historia casi tiene un final ingrato, porque en plena cabalgata un sujeto empujó a Marcos, montó y se dio a la fuga. El caballo se empacó después de un buen tramo y el delincuente optó por abandonarlo cerca de una cancha.

“Lo encontramos volviendo a casa y desde ese momento está con Marcos, pero vigilado por todos”, advirtió la madre que al final reiteró el "agradecimiento infinito a don Beto", como lo conocen en Iguazú. 

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