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1492, la historia comenzó antes

miércoles 28 de octubre de 2020 | 5:01hs.

Coincidente con el descubrimiento del nuevo mundo, los españoles expulsaron a los últimos moros de Granada. Luego, ochenta años después, vencieron a los turcos en la batalla de Lepanto; cruenta lucha frente a un enemigo muy superior en naves y soldados, donde cayeron batidos más de doce mil cristianos por defender el avance musulmán en el Mediterráneo, cuyo objetivo era invadir Europa y ponerla bajo su dominio. En sendas luchas los españoles se metieron a pelear con alma y vida sabiendo que no solamente defendían la libertad de su tierra, también luchaban por el ideal de fe católica. Pelearon en defensa de la patria y la religión en contiendas vitales que significaban la salvaguardia y supervivencia, no sólo de la península española, de toda Europa y de la civilización greco latina.

Después, ilustres intelectuales de la vanguardia iluminada reconocerían que España en la historia de la humanidad, fue el primer país moral y éticamente en definir y ostentar el concepto de patria sobre un territorio geográfico. Nunca otro antes.

De aquellos españoles, una porción, conquistaron las nuevas tierras desconocidas con la espada, practicando la esclavitud por medio de la encomienda, la mita y el yanaconazgo. Otros, de largas sotanas se allegaron esgrimiendo el evangelio y la cruz. Los más, constituían esa estirpe de españoles que tenían por objetivo construir asentamientos y crear pueblos caminando. Pertenecían a la clase de locos ilusos que, como tantos otros, abandonaron su querida España para instalarse y colonizar esta parte del mundo guiado únicamente por la fe cristiana, aquella fe que los guiara a expulsar a los moros de la península ibérica tras setecientos años de dominio; la misma que les dio fuerzas para derrotar a los turcos en el golfo de Lepanto. Fueron luchas ganadas con esfuerzo y sacrificio que dejaron el tendal de miles de muertos y otros tantos heridos para impedir que la bandera de la media luna flameara victoriosa en toda Europa. De haber ocurrido lo contrario, de haber sido derrotados hombres de la magna España, hoy en América no se estaría hablando el castellano, a la inversa, tal vez, platicando el turco o el bereber. Tampoco América sería América.

Orgullosos de esa historia, y portando el místico ideal cristiano como bandera, esos quiméricos atravesaron selvas desafiando mil peligros; recorrieron laderas, cerros, ciénagas, esteros, cruzando ríos y soportando tormentosas lluvias, pero siempre caminando, porque el camino indefectiblemente une a los hombres, a los pueblos, a las regiones y lleva los adelantos de la civilización. Y si bien el camino se hace andando, tampoco existe el camino sin caminantes, por eso aprovecharon viejas rutas en desuso otrora usados por los nativos y así llegaron hasta los confines más lejanos. A esta región, que posteriormente se conocería como Misiones, arribaron el cura Antonio Ruiz de Montoya de 26 años de edad y un puñado de otros jóvenes clérigos en 1612, con el claro objetivo de catequizar y fundar pueblos que en el tiempo se convertirían en leyenda, de costa a costa del río Paraná al río Uruguay, el río de los pájaros.

Ellos, en la existencia de 150 años como Nación Jesuita nos legaron la primigenia idea de“pertenencia e identidad misionera”, que perdurará por los siglos. Después los expulsaron ignominiosamente, y después del después, siguieron gobiernos de criollos y mestizos, pero eso es otra historia…

La Argentina fue el primer país de América que estableció la conmemoración oficial del 12 de octubre mediante decreto de Hipólito Irigoyen en cuyos fundamentos expresaba: “El descubrimiento de América es el acontecimiento trascendental que haya realizado la Humanidad a través de los tiempos. Se debió al genio hispano intensificado por la visión suprema de Colón, efeméride tan portentosa que no queda circunscripta al prodigio del descubrimiento, sino que se consolida con la conquista, empresa ésta que no tiene término de comparación posible en los anales de todos los pueblos”.

El 12 octubre de 1947, Juan Domingo Perón, recordando la obra realizada por España en América, decía: “Su obra civilizadora, cumplida en tierras de América, no tiene parangón en la historia. Es única en el mundo”, y agregaba inspirado en la Raza Cósmica de Vasconcelos:“Como no podía ser de otra manera, su empresa fue desprestigiada por sus enemigos y su epopeya objeto de escarnio, pasto de la intriga y blanco de la calumnia, juzgándose con criterio de mercaderes, lo que había sido una empresa de héroes”. Se refería a que los ingleses en su lucha contra España por la posesión de estas tierras defenestraban al español. Y en tiempo moderno algunos revisionistas lo toman para sí de manera subjetiva, y lo amoldan sin ética y con total desparpajo a su posicionamiento ideológico.

Perón también fue crítico cuando señalaba:“hubo yerros, vinieron humanistas y también brutales- pero no olvidemos también que esa empresa, cuyo cometido la antigüedad clásica hubiera discernido a los dioses, fue aquí cumplida por hombres, por un puñado de hombres que no eran dioses, aunque los impulsara, es cierto, el soplo divino de una fe que los hacía creados a imagen y semejanza de Dios”.

Por estas definiciones de hombres de nuestra historia moderna, es entendible la afirmación de los españoles que vinieron a colonizar esta parte del mundo convencidos de obrar de buena fe. Es más, henchidos de orgullo difundían a los cuatro vientos que, si los hombres de la magna España hubieran sido derrotados, no habría hijos americanos ni hombres de la nueva raza morena hablando el castellano. Pues el moro antes o el turco después, habrían conquistados estas tierras. Y sintiéndose dignos de esa lucha histórica y portando el místico ideal cristiano y la hispanidad como bandera, llegaron hasta nuestro lar verdirrojo y fundaron los treinta pueblos de las Misiones bajo un sistema socialista y humanista único, como no hubo otro en la historia de la humanidad.

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