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El caso Wasyluk será prioridad para el Tribunal Penal de Oberá en 2021

jueves 22 de octubre de 2020 | 7:34hs.
El caso Wasyluk será prioridad para el Tribunal Penal de Oberá en 2021

El 26 de abril del 2021 se cumplirán diez años del brutal homicidio de Hugo Miguel Wasyluk (38), ultimado a golpes por policías que se desempeñaban bajo la órbita de la Unidad Regional II de Oberá.

Por el hecho fueron imputados trece funcionarios, aunque transcurrida casi una década varios fueron dados de baja y otros se acogieron al retiro. Tanto es así, que según fuentes con acceso al expediente, a fin del año en curso sólo quedarán en actividad cinco de los trece acusados.

Al mismo tiempo, aclararon que todos llegarán a juicio oral y público, pertenezcan o no a la fuerza provincial, puesto que por el tipo de delito las responsabilidades penales no prescriben y todos serán juzgados.

En tal sentido, el caso ya estaba asignado en la agenda del Tribunal Penal Uno de Oberá para el presente año, aunque las restricciones por la pandemia de Covid-19 derivaron en la suspensión de todos los debates orales previstos.

Incluso, en lo que resta del 2020 la actividad quedaría circunscripta a juicios abreviados, habida cuenta de las condiciones edilicias acotadas del órgano juzgador y la imposibilidad de implementar protocolos de distanciamiento que permitan la asistencia de todas las partes implicadas en un debate.

Asimismo, aclararon que el juicio por el homicidio de Wasyluk deberá realizarse en otro espacio físico, ya que la sala del Tribunal no dispone de la capacidad adecuada. Entre las opciones se destaca la Casa de la Historia y la Cultura del Bicentenario, de calle Larrea y avenida José Ingenieros.

“La causa Wasyluk será una de las prioridades del próximo año, ya que se cumplirá una década del homicidio y se agotó la instancia recursiva”, precisó un vocero.

Tortura y muerte

Según la fuente consultada, el debate oral deberá realizarse en un espacio amplio que permita albergar a todas las partes, de por sí numerosas considerando que son trece los acusados. En tanto, se prevé alrededor de 40 testigos.

Con relación a los imputados, los más complicados son el sargento Pedro De Mattos, el cabo Carlos Antonio Gómez y el agente Ricardo Javier Rodríguez, sobre quienes pesa la carátula de “tortura seguida de muerte” y podrían ser condenados a prisión perpetua. 

Los tres citados cumplían funciones en la comisaría de Villa Bonita y fueron quienes redujeron y detuvieron a la víctima, la noche del 25 de abril del 2011.

Para la Justicia, De Mattos, Gómez y Rodríguez  fueron los responsables de propinarle el mayor castigo a Wasyluk, por lo que permanecieron más de tres años detenidos. Fueron liberados en mayo del 2015 tras pagar una caución de 50 mil pesos cada uno, por lo que esperan el juicio en libertad, como los otros diez implicados.

Según consta en el expediente, luego de varios meses detenido, el agente Rodríguez decidió romper el silencio y contó con detalles de cómo golpearon a Wasyluk. Incluso, argumentó que estaba amenazado por sus propios camaradas.

Por la gravedad de la imputación, los tres citados fueron dados de baja por la Jefatura de la Policía de Misiones y ya no pertenecen a la fuerza.

Por el mismo hecho están procesados Jorge Antonio Heijo y Wilson Ricardo González, acusados del delito de “omisión de denuncia de torturas e incumplimiento de los deberes de funcionario público”. González también fue dado de baja.

Cinco de trece

Asimismo, Miguel Ángel Espíndola, Hugo Ariel Basaraba, Carlos Ariel Lentini, Andrea Rosana Harasimezuk, Alejandro Fabián Núñez, Luis Alberto Silva, Gustavo Javier Fontana y el médico policial José Orlando Morales fueron imputados por el delito de “incumplimiento de los deberes de funcionario público”.

Según precisaron desde la Unidad Regional II, Espíndola y Silva pasarán a retiro a fin de año, situación que ya revisten Núñez y Morales.

En tanto, Heijo, Basaraba, Harasimezuk, Fontana y Lentini serían los cinco que lleguen a juicio siendo parte de la fuerza.

La salvedad podría darse en el caso de Lentini, quien actualmente se halla en situación de disponibilidad por el escándalo de la desaparición de un kilo de cocaína del depósito de la División Toxicomanía, de la cual era jefe al momento del hecho.

También Basaraba está imputado por el mismo caso, aunque fue ubicado en otra dependencia de la UR II. 

Por ello, la situación de Lentini y Basaraba está supeditada a la decisión que en las próximas semanas tome el juez federal de Obéra, Alejandro Gallandat Luzuriaga, en el marco del expediente por el faltante de droga.

“Pedía por la mamá”

El homicidio de Wasyluk se constituyó en un caso paradigmático de la violencia institucional en Misiones. Su cadáver fue hallado el 26 de abril del 2011 en una celda de la Seccional Primera de Oberá.

La autopsia determinó que sufrió una hemorragia masiva que impidió que su corazón pueda bombear suficiente sangre al cuerpo y sus órganos dejaron de funcionar. A consecuencia de ello aspiró su propia materia fecal.

El cadáver presentaba “múltiples lesiones traumáticas a nivel torácico de tipo compresivas, producidas con gran peso”, se cita en el expediente, como también que uno o más uniformaron lo atacaron a rodillazos estando tendido.

En tanto, las marcas que se observaron en sus muñecas explicitaron que fue agredido estando esposado, por lo que tampoco tuvo la mínima posibilidad de defensa, lo que desactivó el argumento policial de que el detenido opuso resistencia a la autoridad.

Según determinó la Justicia de instrucción, Wasyluk fue reducido a golpes, detenido y trasladado a la comisaría de Villa Bonita y, ya esposado, siguió sufriendo un duro castigo.

Ante el evidente malestar que presentaba, horas después de su detención -el 25 de abril del 2011 por la noche- se decidió su traslado a la Seccional Segunda de Oberá, donde no lo recibieron porque estaba muy golpeado.

Tampoco en la Seccional Primera quisieron alojarlo, ya que al observar el estado del detenido, el responsable de la guardia solicitó que fuera revisado por el médico policial en turno, José Orlando Morales, quien rubricó que padecía lesiones “superficiales”.

Por su parte, uno de los efectivos de la Primera reconoció que al entregar la guardia dejó constancia en el libro de que “el informe médico no coincidía con lo que presentaba el detenido. Estaba muy mal, como que deliraba. Pedía por la mamá y una frazada”, declaró.

El dolor del hijo

En abril, al cumplirse nueve años del asesinato de su padre, El Territorio entrevistó a Lucas Wasyluk (19), quien insistió con el pedido de justicia.

“Yo compartía mucho con él, era muy bueno conmigo, muy cariñoso. Lo extraño, me hace mucha falta. Yo tenía 10 años cuando la Policía mató a mi papá y eso me afectó mucho, no entendía por qué hicieron eso, si están para cuidarnos. Ahora entiendo un poco más las cosas y quiero justicia para mi papá. Que los culpables paguen”, reflexionó el joven.

Y agregó: “Me sacaron a mí papá de la peor forma y lo único que quiero es que los culpable paguen. No quiero venganza, quiero justicia”.

Contó que el año pasado terminó la secundaria, pretende estudiar la carrera de Educación Física y tiene pasión por el fútbol, donde se destaca por su potencia en ofensiva.

“Jugué tres años en River de Villa Bonita y ahora juego en la liga libre de Los Helechos y en Villa Bonita. El fútbol me ayudó mucho a canalizar mi tristeza; me ayudó a creer que podía lograr mis metas. Una de las cosas que más me hubiera gustado es que mi papá viera mis goles”, afirmó emocionado.

Y recordó como si fuera hoy el momento en que se enteró del homicidio de su padre. “Estaba en la escuela y mi mamá me fue a buscar más temprano, entonces le pregunté por qué y ella me contó lo que la Policía le hizo a mi papá. Me acuerdo que me largué a llorar. Después la gente comentaba cómo le pegaron y eso me afectó mucho. Por eso me tuvieron que llevar a un psicólogo”, recordó.

Al momento del hecho sus padres estaban separados, pero el joven aseguró que tenía una relación fluida con su papá, quien vivía en la casa paterna.

También mencionó que atesora una foto con su papá y su abuelo, un recuerdo que lleva consigo a todos lados y sintetiza el amor que perdura.

Contó que durante años tuvo temor a la Policía, aunque lo fue superando con terapia. 

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