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Vendiendo nuestras casas al mundo

martes 20 de octubre de 2020 | 5:00hs.
Vendiendo nuestras casas al mundo

Menos es más -del inglés ‘less is more’- es el lema que usaba uno de los maestros de la arquitectura para resumir sus ideas sobre el diseño. Así, Mies van der Rohe explicaba que el movimiento moderno del siglo XX encontraba su valor agregado despojando a los edificios de decoraciones innecesarias y cualquier ornamentación.

En el siglo XXI, el valor agregado que podemos darle a nuestros hogares, y -en definitiva- a toda una ciudad, tiene que ver con aquello que sea un aporte en ser amigables con nuestro ecosistema. Podemos reducir nuestra huella de carbono, reformular el estilo de vida que conocemos de las grandes capitales -sobre esto la cuarentena también nos ha hecho reflexionar mucho- y proponernos cambiar nuestros hábitos de consumo. A todo eso lo llamamos ‘green is more’, el ‘verde es mejor’ atraviesa todo el mundo de la arquitectura, el urbanismo, el paisajismo y la construcción actual, se trata de sustentar nuestro diseño desde una visión sostenible.

Como todas las tendencias, empiezan siendo para unos pocos que pueden darse el lujo de permitirse estar a la vanguardia, pero el verdadero éxito se logra cuando los avances están al alcance de todos y este es el caso de las viviendas sustentables en Argentina.

En la arquitectura contemporánea se vivía como un privilegio poder contar con paneles solares en una casa o tener espacio para poder hacer una huerta viviendo en el medio de la ciudad. Pero gracias a las universidades, entidades gubernamentales y no gubernamentales, instituciones privadas y a los profesionales, estas posibilidades, hoy en día son mucho mas accesibles y en varios lugares de nuestro país se está trabajando en llevar ese green is more a toda la gente.

El caso mas reciente es en la provincia de Jujuy, donde el gobierno provincial en 2018 empezó a desarrollar tres prototipos de viviendas sociales que sean eficientes energéticamente. Una vivienda sustentable no requiere mayor mantenimiento que una casa convencional. Un caso claro son los artefactos de led que, si bien son mas caros que la clásica lamparita, el ahorro que significan en la factura a fin de mes es tan significativo que en poco tiempo esa diferencia se amortiza.

Desde el Ministerio de Infraestructura, Servicios Públicos, Tierra y Vivienda de la provincia de Jujuy diseñaron un modelo de casa para cada zona bioclimática. Una para la puna, fría y seca, otra para la yunga, selva lluviosa, cálida y húmeda, y una tercera para el valle con su clima templado.

Este trabajo encabezado por la arquitecta Irma Padilla, coordinadora de Gestión Territorial, empezó con negativas. La propuesta se postuló a un programa de Nación en busca de fondos pero no les permitieron sumarse al conocido Programa GEF, destinado a estudio de la Eficiencia Energética y las Energías Renovables en la Vivienda Social Argentina. Sin recursos y con el proyecto a punto de naufragar, la Embajada de Alemania se interesó por la propuesta y aceptó financiar el 20% de la investigación con un subsidio no reembolsable, pero a cambio de poder aprender más sobre la construcción de casas amables con el medioambiente.

Hoy estos prototipos están casi terminados y junto a la Unsam, la Unju y próximamente a la Unas -con su Instituto de Investigaciones en Energía No Convencional- se dedicarán a investigar y documentar todos los avances que ofrecen estas nuevas casas, para poder compartir con la comunidad científica las mediciones certeras de los buenos resultados y su rentabilidad. El dinero necesario para completar las obras lo cubrió el gobierno provincial con fondos surgidos de la venta de lotes con servicios.

Las viviendas cuentan con termotanque solar, ventilación cruzada, especial cuidado en las orientaciones que permitan aprovechar correctamente el sol. Aljibes que aprovechan el agua de lluvia. Incluso hasta el uso del adobe en los muros con cámara de aire son bienvenidos en el caso de unidad en La Quiaca.

Pero, sin dudas, la estrella en estas viviendas es su pozo canadiense, una toma de aire alejada de la vivienda lleva la brisa exterior por un conducto de ventilación a tres metros bajo tierra y la entrega en el interior de la vivienda a 26 grados, producto de su intercambio de calor con la tierra, no importa si afuera sea invierno o verano.

Estas son las que llamamos estrategias pasivas y activas en el diseño bioclimático, aquellas que ya vienen con la casa desde su construcción, surgen del entorno y permiten ahorros de energía, de agua, y hasta una climatización confortable sin calefacción o aire acondicionado.

En conclusión, en Argentina tenemos el conocimiento, las herramientas y la tradición constructiva para encarar seriamente nuestra aspiración de llevarle viviendas sustentables a todos, a tal punto que vemos que desde el primer mundo pagan por tener la información de lo que estamos haciendo. Avancemos en exportar este conocimiento, se nos abre una gran oportunidad que no podemos perder y de la que Misiones puede ser protagonista.

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