lunes 19 de octubre de 2020
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El 17 de octubre, las semillas de pino y los tractores brasileños

sábado 17 de octubre de 2020 | 6:00hs.
Por Mario Luis Ovando. Ex ministro de Gobierno de Misiones

Sin lugar a dudas, los colonos que vinieron a trabajar a lo que ahora es la provincia de Misiones debieron soportar un clima inclemente y distinto al de los territorios de los cuales se vieron obligados a emigrar para huir del hambre y las guerras que asolaron, sobre todo, a los pueblos eslavos. La gran mayoría se encontró con la deforestación irracional que arrasó con miles de kilómetros cuadrados de la selva natural, cuyas maderas las codiciaron, explotaron y vendieron en distintas compañías extranjeras y familias de la ciudad puerto. Los colonos polacos, ucranianos y alemanes, sobre todo, se dedicaron a la agricultura aprovechando -quizás- el desmonte y de ahí algunas o muchas plantaciones de yerba mate y té. Hoy en día sus descendientes están al frente de importantes emprendimientos industriales y comerciales y avanzan ocupando cargos políticos en las intendencias y legislaturas. No tardará en aparecer un gobernador con apellido polaco o ucraniano.

Pero las tareas en las chacras del río Uruguay siguen siendo de muchos trabajo y sacrificio para sus pobladores, que no cuentan con un genuino apoyo de los gobiernos centrales sean del origen partidario que sean. Entonces, esos trabajadores de la tierra quieren y deben progresar, para esto es imprescindible la modernización y mecanización de la agroindustria. Muchos años antes comienzan los planes de forestación, habida cuenta que los pinos crecían siete veces más rápido que las mismas especies implantadas en Canadá. Claro que era necesario contar, indefectiblemente, con la materia prima de los bosques, o sea, las semillas de los pinos. Brasil era el único posible proveedor, pero su legislación prohibía terminantemente su exportación: obviamente a los gobiernos del hermano país les interesaba exportar la pasta celulósica como valor agregado. Entonces llegó el general y su gobierno dicta el decreto que se publica en el Boletín Oficial de la Nación el 17 de octubre de 1945, día que se conoce como Día de la Lealtad. En la página 2 de dicha publicación, tercera columna, llevando como título “Dirección Forestal del Ministerio de Agricultura – Habilítanse lugares para la importación de semillas de Araucaria angustifolia”.

“Visto que la Dirección Forestal solicita se facilite de manera amplia la entrada en el país de semilla araucaria, mediante la habilitación para tales fines de los puertos de Bernardo de Irigoyen y San Antonio en el territorio de Misiones. Considerando que como lo señala la repartición peticionante las medidas solicitadas revisten interés general… el presidente de la Nación Argentina decreta: Art 1 Habilítase a los fines aduaneros y sanitarios las localidades de Bernardo de Irigoyen y San Antonio para la importación de semillas de pino procedentes de Brasil bajo las siguientes condiciones: a) en cada caso los interesados documentarán la mercadería en la Aduana de Posadas, solicitando además la habilitación del punto por el cual tendrá lugar la entrada de la semilla; b) la verificación y nacionalización de ésta se efectuará por los puntos mencionados, con intervención del personal que, a tal efecto, designe la Aduana de Posadas; c) los gastos de traslado y viáticos del personal serán por cuenta del interesado; d) la importación estará sujeta a los requisitos impuestos por la Ley 4.081 y su reglamentación. Art 2 Exímese a la documentación de origen de los requisitos de la visación consular. Fdo. Farell. A.G. Antilo Amaro Àvalos”.

Tengo entendido que en la reunión de Uruguayana los presidentes Perón y Dutra trataron esta cuestión tan importante para el productor misionero, pese a lo cual el sistema de introducción continuó en manos de esos personajes fronterizos que fueron calificados de contrabandistas, pese a que el delito no existió, dado el decreto. En la década del 80, si mal no recuerdo, un jefe del Escuadrón Bernardo de Irigoyen decidió, probablemente por no conocer el decreto, reprimir el ingreso de las semillas de pino, llegando a un acuerdo con el jefe brasilero de la Policía Federal a cambio de la persecución de los ladrones y contrabandistas de automóviles. El caso llegó a la Justicia Federal de nuestro país, que sobreseyó al supuesto contrabandista.

Actualmente, gracias al Ifona y a las perseguidas semillas, se ha forestado gran cantidad de hectáreas de pinos. Pero ahora el colono debe comprar tractores y herramientas en Brasil para poder trabajar como se debe y necesita, y en ese estado de necesidad tropieza con las leyes, no brasileñas sino argentinas, y gobiernos centrales de extrema burocracia fiscal, que no avizoran una solución inmediata como lo hicieron Farell y Perón.

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