viernes 30 de octubre de 2020
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Paulino Do Prado eligió la localidad para toda la vida

domingo 11 de octubre de 2020 | 10:30hs.
Oriundo de Itacaruaré, vive hace 54 años en Aristóbulo.
El Gaucho Paulino Do Prado nació en Itacaruaré en febrero de 1922. Pero “llevo 54 años acá en Aristóbulo, hice la escuela en La Invernada, mi directora fue María Toledo de Falcón, vivía humildemente en la escuela. Nosotros caminábamos 8 kilómetros ida y vuelta desde casa. Me crié sin papá, éramos tres hermanos, yo el del medio. Mamá era muy laboriosa, nos crió haciendo tabaco en cuerda. Al llegar a la edad del servicio militar me destinaron al batallón de Caballería 12 de Santo Tomé Corrientes”, recuerda el hombre.

Paulino tiene muchas anecdotas en su memoria y dice que “al incorporarme mamá dijo 'el día que vuelvas con la baja firmada en la mano podrás tener mujer', se llamó Amelia Dosantos Prado. Terminado el servicio militar vine a verla, y quedé a su lado. Mamá fue mujer de mucho valor para el trabajo y para los desafíos de la vida, servicial y muy querida. A todos sus hijos nos hacía prometer nunca vivir demasiado lejos de ella. Vivimos un tiempo en Alem, el próximo paso fue Aristóbulo del Valle”.

Recuerda que todo el mundo hablaba muy bien del lugar. “Era una colonia floreciente, seductora. Mamá cayó en la tentación de muchos y pocas semanas después hice la mudanza de Alem a Aristóbulo en el camioncito de Feltan, para vivir cerca de ella, como era su orden. Conformamos una familia unida, mucho amor entre todos. Toda mi vida la pasé en las chacras, 15 años para Nobleza Piccardo muchas veces con peones a mi cargo”.

La “vida silvestre” como dice nuestro gaucho “tiene sus riesgos. 10 años atrás acá en mi casita me asaltaron, me golpearon, sangré mucho. Se llevaron dinero, un revólver 32, herramientas; unos vecinos que pasaron avisaron a la policía que actuó al toque y los apresaron”.

“Pero yo estoy seguro que Dios escucha, y no estoy mintiendo. Él está con uno siempre. Hay que serle fiel. La tierra aristobuleña es buena, pero hay que saberla cuidar y trabajar. Tengo organillo y de vez en cuando me doy una panzada de chamamé. Andar a caballo, al truco aprendí con los nietos, se cocinar gallinada, yopará, poroto… ésa es comida sana. Agradezco a Dios protegerme y darme salud. Porque si quería podría llevarme hace mucho. Pero los aires de Aristóbulo son benefactores. Soy feliz aquí en Picada Los Pumas”, dice el hombre que muy pronto llegará a cumplir 100 años, de una vida rodeada de buenos momentos y recuerdos.
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