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El desafío de volver a ser parte de un proyecto colectivo

domingo 11 de octubre de 2020 | 6:00hs.
Marianela Martinek, psicóloga.

La pandemia por coronavirus obligó a todos a modificar sus prácticas, hábitos o incluso modos de vida y convivencia. Es así como a muchos jóvenes o adultos la situación los llevó a volver a casa de sus padres.

Convivir bajo el mismo techo después de tantos años (y con el encierro que conllevó la cuarentena) no resultó una tarea sencilla. Sin embargo, también propició un espacio de reencuentros, reflexión y resiliencia.

En ese sentido, estar cerca de nuestros seres queridos, sobre todo en momentos difíciles o inciertos, nos hace sentir más seguros y protegidos. “Todos nos sentimos más aliviados al estar cerca y en contacto de nuestra familia, nuestro círculo íntimo. Experimentar esa sensación en medio de todo lo que implicó el contexto de pandemia fue muy positivo, ya que nos ayudó a sentirnos más seguros frente a la incertidumbre”, resumió Marianela Martinek, psicóloga especialista en Abordaje Familiar Integral (MP 374), en diálogo con El Territorio.

Pero a pesar del alivio, la readaptación no fue sencilla. Al factor económico o laboral y el factor edilicio (en algunos hogares el retorno representó una reestructura del edificio y para otros el hacinamiento) se suman la falta de privacidad, la obligación de compartir, la diferencia entre rutinas y otras tantas particularidades del modo de vida de cada persona.

“Se produce un nuevo proceso de adaptación”, deslizó Martinek. “Ahí es cuando se presenta esta particularidad de que la persona regresa y debe acomodarse a esa organización familiar, que puede ser muy distinta de lo que era cuando dejó el hogar y que también puede ser muy distinto al modo de vida al que estaba acostumbrado, justamente porque dentro de cada hogar se forma un sistema familiar”, agregó.

La adaptación responde a un proceso colectivo, “ya que incluye a todos los miembros del grupo. Se tiene que dar una apertura mutua, tanto del que vuelve como de quienes lo reciben”, explicó.

Asimismo, incluirse al sistema debe ser una práctica paulatina y empática: “No debemos imponernos a las circunstancias sino más bien respetar y ser colaborativos”, destacó haciendo hincapié en la premisa de distribuir y participar de las tareas, practicar un espíritu colaborativo y ser respetuoso.

“Es importante entender que pasamos a ser parte de un proyecto colectivo, de un grupo. Todo debe discutirse, debatirse y pensarse en familia, fomentando empatía y amor por sobre todas las cosas”.

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