jueves 29 de octubre de 2020
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La realidad de los jóvenes de las colonias en el esfuerzo de Lorena

domingo 11 de octubre de 2020 | 6:00hs.
Lorena ayuda a su padre Neri con los trabajos en la chacra.
Lorena Rodríguez (21) vive con sus padres y hermanos en Colonia Alegría, a 27 kilómetros de la zona urbana de San Pedro, y cursa el cuarto año del Profesorado y Licenciatura en Letras, en la Facultad de Humanidades de la Unam en Posadas.

Este 2020 sería el ciclo lectivo más importante y que mayor expectativa generaba, sin embargo la pandemia mundial del coronavirus frustró -temporalmente- la ilusión de la joven, que regresó a la chacra, mientras no se dictan clases presenciales.

Aunque la lejanía plantea dificultades, sigue sus estudios de manera remota al mismo tiempo que codo a codo con su padre realiza actividades agrícolas y de cuidado de los animales de granja.

La realidad de Lorena es la de muchos jóvenes de la zona rural que una vez finalizado el nivel medio se mudaron a otra ciudad tras el sueño de graduarse en la universidad, con todo lo que significa para una familia de colonos afrontar los costos de mandar un hijo a estudiar.

El esfuerzo de los padres es valorado mediante la dedicación con la finalidad de terminar la carrera en tiempo y forma. De esa manera se reconoce el sacrificio familiar.

Pero para muchos el sueño de egresar este año quedó en suspenso y avanzar en las asignaturas vía internet resulta un desafío para las distintas realidades.

La futura profesora en Letras estudió la secundaria en la EFA local y luego se mudó a la capital provincial para ingresar a la universidad pública con la mentalidad puesta en el estudio.

Los primeros tres años aprobó las materias de forma regular, ya que estando en Posadas disponía de todos los recursos y tiempo para llevar al día las exigencias de la facultad, situación que cambió por completo con la pandemia.

“Se me complicó mucho, dejé de cursar varias materias porque mi realidad acá es ir a trabajar en la chacra a la par con mis padres y la conexión (a internet) es muy difícil, me cuesta mucho asistir a una clase, son horas frente a la computadora que terminan siendo frustrantes”, indicó Lorena angustiada.

Este año toda la expectativa estaba puesta en las prácticas en las escuelas.

“Yo estoy en la instancia de la Práctica 3, me había hecho esas ilusiones del cara a cara con el alumno, de experimentar las clases y ahora tengo que proponer actividades asincrónicas para los alumnos”, señaló Rodríguez, para quien el sistema virtual representa un enorme desafío al que busca adecuarse día tras día.

“Para los que somos hijos de productores se nos dificulta aún más porque mi carrera me demanda mucha lectura y estando acá no dispongo de todo ese tiempo, siento mucha impotencia, me limita a todo”.

Además de trabajar a la par con sus padres, Neri Rodríguez (47) y Laura Marczak (41), dedica parte de su jornada a orientar en las tareas escolares a sus hermanos, los gemelos José y Francisco y Maira, que cursan la primaria, y Fernanda, que va a quinto año del nivel medio. Las consignas las realizan contando con un solo teléfono celular y, los primeros meses de pandemia, la universitaria no podía viajar a Posadas a buscar su computadora, lo que logró hace poco tiempo, descomprimiendo el único móvil familiar.

Mientras la suspensión de clases desmotiva y genera incertidumbre, la aplicada joven junto al grupo familiar se siente segura y el temor por el coronavirus es uno de los motivos por los que no vuelve a Posadas, además del costo del alquiler.

Todos juntos unifican esfuerzos para progresar y mejorar las condiciones de vida en la chacra esperanzados con que la pandemia pase rápido.

“Estamos viviendo con mucho temor lo que está pasando, tenemos que resguardarnos. Con tanto esfuerzo logramos que nuestra hija esté en la etapa final de la universidad, creemos que si no se da este año, termina el año que viene, el sueño de mi hija es nuestro sueño”, destacó emocionado Neri.

Al mismo tiempo, hizo referencia al hecho de tener a su hija mayor en la casa todos los días cuando durante tres años los visitaba dos veces por mes.

“Nos pone muy gratos que ella esté acá, ella nos ayuda a la par para cumplir con todas las obligaciones diarias de la chacra, es mi mano derecha, nos brinda toda la fuerza, todo el apoyo, con ella en casa es más fácil, pero sabemos que cada uno tiene que hacer su vida y así como a ella, queremos que nuestros demás hijos puedan acceder a la educación superior”, coincidieron los padres de Lorena con gestos de orgullo.
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