lunes 19 de octubre de 2020
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Renace un tren

domingo 04 de octubre de 2020 | 6:00hs.

El jueves pasado un coche-motor unió las ciudades de Apóstoles y Garupá. Tardó dos horas en recorrer los 70 kilómetros de rieles que separan las dos ciudades. La noticia parece de 1912 pero es de 2020, con la diferencia que en 1912 tardaba menos de dos horas y llegaba a la estación de Posadas, que aquel año estaba reluciente esperando la llegada del primer tren y ahora es un fósil que se exhibe en la costanera como en un museo.

En 1912 llegó el primer tren a Posadas y en 1913 ya estaban navegando los ferry-boats a Encarnación. Desde ese año se pudo viajar de Buenos Aires a Asunción sin bajarse del tren, ya que tenía camarotes, baños, comedor... Las formaciones cruzaban dos veces el Paraná: desde 1908 cuatro ferrobarcos unieron Zárate con Ibicuy, rodeando la isla Talavera en un trayecto de 82 kilómetros que duraba unas tres horas. El que unía Posadas con Encarnación funcionó desde 1913 con los barcos que ahora descansan medio hundidos en el nuevo puerto de Posadas. Hoy al Paraná lo cruzan tres grandes puentes y por los puentes pasan las vías del ferrocarril que hubieran conseguido acelerar considerablemente el viaje, pero cuando se terminaron esos puentes ya casi no había trenes... Ahora aprovecha las vías sólo el servicio internacional Posadas-Encarnación, que lleva meses cerrado por culpa de la pandemia; la última vez que un tren con pasajeros viajó de Misiones a Buenos Aires fue en 2012 y no quiero ni recordar cuánto tardó.

Si por algo hay que procesar al presidente Carlos Menem es por haber tirado a la basura en dos minutos una inversión de 150 años. El mismo presidente que inauguró el puente San Roque González fue quien aniquiló el ferrocarril que pasaba por sus vías. Como en el cuento de Borges, desparramadas por toda la geografía argentina hoy se encuentran miles de kilómetros herrumbrados de vías férreas, vagones descarrilados, terraplenes carcomidos, estaciones fantasma y hasta pueblos abandonados porque un presidente argentino y su ministro de economía confundieron negocio con inversión.

Pero la de hoy es una buena noticia y no una mala...

Decía que el jueves pasado, por fin, volvió a probar las vías entre Apóstoles y Garupá un coche-motor operado por Trenes Argentinos y Casimiro Zbikoski. Es cierto que tardó dos horas en recorrer esos 70 kilómetros, pero era un viaje piloto para reconocer el trayecto, ir resolviendo los arreglos y el mantenimiento de este tramo que incluye las estaciones, bastante abandonadas, de Pindapoy, San José y Parada Leis. La empresa que explotará ese servicio es la misma del tren internacional y espera todavía la autorización del ministerio de transporte para poner en marcha esos trenes de pasajeros.

La buena noticia es que se están volviendo a utilizar –hacer útiles– 70 kilómetros de la antigua traza ferroviaria que unía Buenos Aires con Asunción, que ahora se suman a los escasos dos kilómetros del puente. Está resucitando de a poco el tren que funcionó hace más de un siglo y que tiramos a la basura en los años 90. Esta nueva vida es la prueba más patente de la barbaridad que se hizo con esos activos.

Hay que seguir avanzando, estación por estación, hasta revivir el troncal completo de Buenos Aires a Asunción. La traza está deteriorara, pero está. Un tren de alta velocidad uniría Posadas con Buenos Aires en poco más de cuatro horas (y los hay el doble de rápidos). Es cierto que para que pueda correr hay que renovar completamente las vías, mejorar la traza en algunos lugares y también levantar viaductos para evitar los pasos a nivel... pero casi no hay que expropiar y no parece lógico gastar tanto dinero en poner en valor la traza de hace un siglo. Ese tren de alta velocidad debería ser el objetivo: una obra pública de primer orden para recuperar el medio de transporte más cómodo, más barato, más práctico, más seguro... y casi tan rápido como el avión.

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