viernes 30 de octubre de 2020
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La magia de crear sonido

domingo 04 de octubre de 2020 | 0:00hs.
A pesar de haber fabricado también arpas, Chávez se enfocó en la guitarra.
Agustina Rella

Por Agustina Rella [email protected]

Un rasguido de guitarra. Simple movimiento de los dedos que genera una consecuencia, un hecho, un sonido. Ponderamos el virtuosismo del artista, la capacidad de enlazar acordes y convertirlos en canción. Pero para que cualquier músico brille, primero debe haber un artesano del sonido, un purista que con detalle y perseverancia cree esa alineación perfecta de materiales que permita el nacimiento de un son. Estos magos o luthiers son quienes hasta hoy mantienen viva la tradición de crear música. Y en Misiones, uno de los máximos referentes es Alberto Chávez, que hacedor de las mejores guitarras de la región, el país y el mundo, “partió a las estrellas a sus 82, el pasado 18 de agosto, completando 125 Años de tradición familiar musical”, tal como arranca explicando Alejandro ‘Ole Brasil’ Kowalski, artista, antropólogo social y cercano admirador del trabajo de Chávez en Se fue Chávez: El Señor de los Sonidos, un detallado homenaje que estará disponible hoy en elterritorio.com.ar (ver Para Recordar).

Además de destacar la figura y el trabajo de Chávez, Kowalski, relató que su relación de admiración con el luthier posadeño (por adopción, ya que era oriundo de Paraguay) comenzó desde pequeño. “A los 13 le compré la primera guitarra y después de esa guitarra seguí yendo”, explicó al manifestar que hoy conserva la tercera guitarra que le fabricó Alberto. “Él tenía una paciencia impresionante. Yo era chico y me trataba con un respeto como si fuera un adulto y eso no era muy normal, además de que yo tenía la característica problemática de que era zurdo y la guitarra tenía que estar al revés”, agregó Ole.

En el texto en el que condensó historia e hitos de la vida de Chávez y, en diálogo con este matutino, Kowalski hizo una analogía entre los comienzos de artistas de este calibre, comparándolo con su propio padre, Zygmunt.

“Me llamó mucho la atención eso de llegar del otro lado con cero pesos. Eran personas sin equipaje pero con un viaje, un sueño y muy grande. Así como Chávez tenía la destreza de luthier, mi viejo ya venía con esa cosa del dibujo de pequeño”, entendió.

No fue una casualidad de la vida que mi padre, el artista pintor Zygmunt Kowalski, cruzara desde el Paraguay en canoa y de manera ilegal en las mismas condiciones que Don Alberto apenas un par de años antes que él. No fue una casualidad que ambos terminen viviendo en el mismo Barrio El Palomar y que mi padre admirara la obra de Don Chávez y que a su vez éste admirara la obra de mi padre, aunque nunca se hablaran. Fueron personas bastante silenciosas, introvertidas tal vez a cierto tipo de comunicación debido a las marcas de dolor que deja la violencia de las guerras, personas de un tiempo y una vida que nosotros apenas podemos comprender, pero que brillarán eternamente en la belleza de cada pieza que diseñaron, reza parte del texto de Ole.

Al emular su actitud con la de Milan Cardoso -con quien Chávez comparte origen en común- volvió a remarcar su perfil bajo y cómo su visión del mundo, muchas veces pasa inadvertida y no se revaloriza. Creo que pensó siempre primero en su lengua materna, el guaraní, y después en español, lo cual de por sí supone una manera diferente de entender el mundo, agregó Kowalski en el texto que también dio origen a un homenaje audiovisual que se verá hoy por Youtube/CulturaMisiones.

Arte milenario familiar
Como otras destrezas milenarias, la luthería suele ser transmitida de generación en generación y tal como contó el mismísimo Alberto Chávez hace un año en estas páginas, junto a su abuelo, su padre y sus hermanos, aprendió la profesión desde muy chico,

Con más de 60 años en la confección de guitarras, esbozó cómo en 1950 su familia quedó sin nada a raíz de la guerra en Paraguay y allí se fue gestando de a poco su emigración a Argentina. Si bien todos destacan su paciencia y en el negocio lo ayudaban su esposa Elsa Giménez y sus hijos Luis Alberto, Julio César y Walter Omar, confesó, en esa oportunidad que es un oficio que conlleva sacrificio.

Por su parte, Kowalski celebró esa tradición que no sólo dio excelsos instrumentos para los locales, sino que explicó cómo “Luque, que era un lugar súper chico que no tenía una tradición de luthier, hoy termina siendo la ciudad de la música de Paraguay”. Todo gracias a la obra que inició el abuelo de Alberto: Sebastián y seis de sus hijos que se quedaron allí.

Muchas son las ‘celebridades’ que se lucieron en escenarios del mundo con arpas y guitarras de los Chávez. Uno de ellos es Jorge Cardoso, el reconocido concertista posadeño que hoy se destaca en Europa. Desde Francia, Cardoso se expresó sobre la partida del artesano (texto disponible también en elterritorio.com.ar) y recordó que fue nada más ni nada menos que su amigo Braulio Areco quien le recomendó Casa Chávez. ¡Por fin en Posadas teníamos un verdadero luthier!, dijo Cardoso sobre su pensamiento de ese momento y el inicio de una amistad que perduró años y años.

Alberto rememoró que en sus comienzos el boca en boca fue clave. A partir de una publicación sobre su trabajo en el Diario El Territorio, comenzó a generarse una demanda de confección y compostura de instrumentos que en poco tiempo consiguió incluso extenderse hasta las más tradicionales casas de música de Buenos Aires, incluyendo la afamada Antigua Casa Núñez. Chávez empezó a convertirse poco a poco en el nuevo luthier de Posadas, la misma ciudad que ya contaba al señor Osvaldo Torres como uno de sus pioneros, alguien con quien Alberto supo luego construir una amistad basada en el respeto y que además vivía también en su mismo barrio, consigna la reseña de Kowalski.

Siempre humilde, Chávez entendía la relación con los músicos, grandes o chicos, como parte de los gajes de su oficio. “Fui un buen amigo de Braulio Areco y de otros músicos, muchos profesores venían a pedirme que les arregle un instrumento o que les confeccione, yo hacía arpas y guitarras, pero después dejé de hacer arpas porque es muy caro realizarlas”, deslizó en la última entrevista a este medio el año pasado.

“Sé que es una profesión sacrificada la del luthier, el trabajo es artesanal en un momento en que todo lo que viene en serie es más barato y más accesible y hasta más vistoso, está en todos lados. Pero un instrumento realizado a mano es una obra de arte, lleva más de dos meses hacer una guitarra de concertista. El músico sabe eso y respeta al luthier”, agregó al tiempo que aclaraba que no pensaba en jubilarse.

“Mi taller es mi lugar y por suerte tengo la ayuda de mis hijos, que tienen una concepción parecida a la mía de cómo hacer las cosas, siento cierta seguridad de que este oficio no se va a terminar, porque ellos están para continuarlo”, auguró entonces.

Con su partida, creo que la provincia de Misiones perdió a un gran mago de los sonidos, un representante emblemático de la identidad de esta tierra hecha posible sólo a partir de historias y tradiciones de vida parecidas y que por tanto, está en deuda de rendirle un tributo y reconocimiento mayor, cierra Ole que haciéndose de su faceta de comunicador, productor y gestor cultural ofició de nexo para que tanto El Territorio como la Secretaría de Cultura de la provincia detuvieran la mirada nuevamente sobre la figura de Chávez. Los honores más explícitos recién comienzan. Mientras tanto, Casa Chávez continúa afinando el pulso con magníficas creaciones, como el mejor legado de una familia.

Legado que resuena con fuerza en los sones de Jorge Cardoso, Ramón Ayala, Marcos ‘Chavo’ Núñez, Ángel ‘Pato’ García, El Trío San Javier y tantos otros. La música de la región no sería la misma de no haber mediado antes la poderosa artesanía de Chávez, ensamblando nobles maderas y buscando la resonancia perfecta. Es que como lo describió Ole, Don Alberto se ha convertido sin dudas, no sólo en una leyenda sino en El Señor de los Sonidos.

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