sábado 31 de octubre de 2020
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Calma que se irradia desde las manos

lunes 28 de septiembre de 2020 | 2:00hs.
La jaca, un fruto que consumía en su país, crece frente a la casa de Soukan.
Silvia Godoy

Por Silvia Godoy[email protected]

La familia transitaba dificultades y alegrías sin mayores sobresaltos. La juventud pasaba entre la escuela y los amigos. En aquella segunda mitad del siglo XX, el mundo tenía la extensión del barrio para Soukan Vongkhankéo en su Laos natal.

Por fuera de ese universo, una realidad que le tomó tiempo comprender se enrarecía. El clima político y social bullía y escalaba en violencia.

“Era un joven nomás cuando cruzamos con mi familia a Tailandia para huir de la guerra en Laos, ahí estuve unos tres años y después vinimos a la Argentina con un contingente como refugiados. Yo tenía poco más de 20 años cuando llegué a Misiones. Era todo nuevo para mí. Mi mundo era tranquilo, era jugar y vagar como todo chico. De un día para otro todo cambio. Y nos vimos dejando todo y empezando de nuevo sin nada”, contó el vecino de 62 años a El Territorio.

En el camino, sobreviviente, exiliado, refugiado, se fue haciendo de la templanza por la que es reconocido en la actualidad dentro de su comunidad y en su oficio de masajista.

Soukan es presidente del barrio Yohasá, donde habitan las familias de laosianos con sus hijos y nietos argentinos.

Su casa queda en la esquina de Aguado y Almirante Brown, ahí puede verse el cartel que indica ‘masaje oriental’. A pocas cuadras se emplaza el templo budista en un pasaje interno. En esas breves chacras del oeste posadeño las costumbres, creencias y saberes traídos de la tierra de origen se vivencian en lo cotidiano y en armonía con el entorno litoral.

El oficio

“Vengo de una familia de masajistas, en mi país la gente sabe curar por masajes y hierbas, es algo de nuestra cultura. Allá no es un trabajo sino que es una práctica para mantener y cuidar la salud de forma integral. Acá sí empezamos a tomarlo como un trabajo, con mucha dedicación y estudio”, explicó sobre su terapéutica tarea de presionar con las manos músculo, carne, nervios y acomodar huesos.

Al gabinete de masajes de Soukan -un pequeño espacio en el recibidor de su vivienda- llegan desde siempre personas de todo el mundo buscando alivio a dolores del cuerpo y del alma y claridad en el pensamiento. “Con dolor no se piensa bien, mi misión es ayudar a que la persona fluya en salud y así, la persona puede tomar decisiones sabias, con la mente clara”, sostuvo.

En cuarentena debió suspender los masajes por unos meses, y recién ahora retoma los turnos.

“Estamos atendiendo con todos los cuidados y pocas personas. Pero en tiempos normales venía gente de toda Misiones, Paraguay, Corrientes, Buenos Aires, también de Estados Unidos, mucha gente que quiere conocer la disciplina del masaje laosiano o que busca algún tratamiento para mejorar”, dijo en una charla que tuvo lugar a la sombra de un inmenso mango y de un árbol de jaca originario de Asia que él mismo plantó.

Con la pandemia en curso observó que abundan los casos de contracturas de cuello y espalda.

“Hace bastante tiempo que vengo viendo que la gente viene con mucho estrés, eso se refleja en dolores de la cervical, dolores de cabeza, mareos. También en la ciática. Yo a la persona que viene a mi consulta le pregunto sobre los motivos que originan el dolor. Si tiene problemas. Los masajes y la reflexología en manos y pies ayudan, pero si no hay un cambio en el estilo de vida, los dolores se vuelven crónicos y el organismo se enferma”.

Convencido de que estamos hechos de energía, el masajista realiza su rutina descalzo para que la interacción con el otro suceda sin obstáculos.

“Hay personas que vienen, se recuestan en la camilla y apenas les toco me da una descarga, como una patada por el estrés que tienen. Además de los masajes, es importante ejercitar, dormir bien y una alimentación equilibrada. Mi consejo es que hay que cuidar el cuerpo y los pensamientos. Intentar ver lo bueno atrae lo positivo”.
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