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La paradoja del millón de amigos y una popularidad falsa

domingo 27 de septiembre de 2020 | 5:00hs.
María Elena Hipólito

Por María Elena Hipólito [email protected]

Eugenia tiene 15 años y pasa la mayor parte del tiempo encerrada en su habitación, el lugar de la casa en el que se siente a salvo. Dentro de esas cuatro paredes transcurre las horas sacándose fotos para Snapchat, las que más tarde sube a Instagram con el filtro que más le gustó. Le llueven las notificaciones de ‘me gusta’ y halagos de personas que casi ni conoce. Eugenia es feliz dentro de ese mundo detrás de la pantalla, pero en la vida real se siente sola, incomprendida.

“Nos encontramos con adolescentes que por más que tengan muchos amigos en las redes, se sienten solos”, advirtió, María Inés Rebollo, referente de Educación Emocional del Ministerio de Educación en diálogo con El Territorio.

Twitter, Facebook, Snapchat, Instagram… la lista sigue, es larga y cada vez surgen más plataformas y aplicaciones. Representan una distracción no sólo para los adolescentes, también para los adultos. Nadie está exento. Y es en esa exposición inconsciente donde aparecen riesgos y frustraciones.

“Hay una necesidad de pertenecer que guía muchas veces a los adolescentes: ser parte de esta tribu, de este clan ¿Cómo no vas a tener TikTok? Hay toda una generación de chicos que está súper expuesto en redes sociales, sobre todo en su intimidad y en unos años van a ser parte de un mercado laboral todavía comandado por una generación que no termina de comprender cómo funciona”, indicó, por su parte, Diego Martin, integrante del Gabinete Pedagógico Interdisciplinario (GPI) del Consejo General de Educación.

Es en ese esfuerzo por pertenever donde aparece -por más que pareciera una ingenuidad-, que la aceptación o el desprecio de uno es concebida por la aprobación o el rechazo del otro a la foto o al comentario que se publica en la virtualidad. El autoestima y la personalidad tambalean.

En este contexto, la Organización Mundial de la Salud (OMS) define la adolescencia como el período vital que va desde los 10 hasta los 19 años. Durante esta etapa, el joven pasa por infinidad de cambios físicos, psicológicos y sociales que conformarán el adulto que será en la posteridad.

Es por ello que los profesionales hacen hincapié en el rol que cumplen los adultos en esta etapa. “El ser humano es un ser comunicacional y hay una cuestión que no se puede evadir: padres, tutores, hermanos mayores, abuelos, quien sea, alguien tiene que hablar con los chicos”, resaltó, Martin.

“El riesgo y la contingencia siempre han existido, por lo tanto, hay que conversar con ellos. Cuando hablo del rol de la familia me refiero a no tomar distancia con los adolescentes; por la edad en la que se encuentran ya naturalmente se aíslan”, expresó Rebollo.

Martin sostuvo que los adolescentes necesitan herramientas para entender el uso responsable de las redes sociales ya que es parte de una realidad e hizo la salvedad de que hay padres y docentes que no tienen este proceso de inmersión digital que les dé los conocimientos como para poder guiarlos.

“Es bastante simplista decir que esta generación es frágil o que se enoja por todo. Hay que tener en cuenta que esta generación ya no se banca las cosas que nos bancábamos nosotros. Hoy inclusive usan las redes sociales para denunciar a sus abusadores, esta generación no se calla nada y esto va a seguir así”, consideró.

Por su parte, Rebollo sostuvo que la conciencia emocional, la empatía y el  autoconocimiento son necesarios para que los adolescentes puedan tener una autoestima firme y las redes sociales no sean salvajemente incorporadas en sus vidas y al mismo tiempo puedan discernir entre lo favorable y lo desfavorable.

“Los padres tienen que preguntar, tienen que acercarse, asistir, acompañar y ayudar porque después cuando pasan situaciones totalmente reprochables, como la filtración de fotos, por ejemplo, los chicos se sienten muy solos porque no es solamente que no los acompañan sino que no los entienden; si yo siento que vos no vas a entender lo que me pasa, para qué voy a hablar con vos y si cuando te lo cuente lo único que vas a hacer es putearme ¿para qué hoy va hablar con vos? ¿Para sentirme peor? ¿para que me remarques mis errores?”, finalizó Martin.

Opinión: Cuándo es el momento para pedir ayuda

Por Rosana Aranchuk
Psicóloga

Conceptualicemos, ¿qué es una red social? Lo primero que se nos viene a la mente es mencionar a las app como Facebook, Instagram, Snapchat, Linkedin entre otras. Pero si nos ponemos a pensar con mayor detenimiento, la red social es una estructura constituida por personas y organizaciones que comparten valores e intereses, gestan vínculos de amistad, de romance, profesionales y a veces hasta de odio. Los famosos haters que tanto daño hacen.

Y todo ello sucede en un mundo paralelo, virtual, atemporal, sin reglas, que se rige por el “aquí y ahora”, por la inmediatez e inclusive por la persuasión.

Es cierto, existe un uso excesivo de las redes sociales por parte de las personas y cada vez se replica más este comportamiento, en niños y adolescentes debido a la temprana edad a la que se exponen a dispositivos electrónicos. Ahora, ¿a qué se debe este uso excesivo? Esta pregunta tiene una respuesta sencilla, el uso de app de redes sociales impacta directamente en el centro de placer de los seres humanos, a saber, en el sistema de recompensa constituido por neuronas que descargan sustancias químicas o neurotransmisores, cada vez que se percibe un estímulo positivo. Entonces, cuando la persona “se estimula” con el uso continuo de estas aplicaciones, se segrega en el cerebro dopamina, la cual es responsable de que se experimente una sensación de satisfacción inmediata al percibir una respuesta positiva desde ese “otra realidad virtual”. Y esas respuestas se traducen en likes, en solicitudes de amistad, en comentarios aduladores y otras respuestas más.La dependencia a las redes sociales se origina ante la necesidad de autoafirmación, es decir, sentir la necesidad de que los demás “reconozcan” al “ser”, lo que impactará directamente en la autoestima y el ego. Esta conducta dependiente es en sí, estar demandando- de manera continua- la atención del “otro”; somos seres sociales y necesitamos de las validaciones de los demás, a través de esa “vidriera o reality” virtual.Esta dependencia impacta directamente en nuestra salud psíquica y emocional, comenzamos a sentirnos con mayor ansiedad y angustia, preocupación y frustración.

Algunas de las señales a prestar atención de que se está atravesando por una situación similar, son: la sensación de angustia cuando no se tiene el dispositivo electrónico cerca de uno; la necesidad imperiosa por revisar constantemente el dispositivo y recibir un “feedback” positivo de manera inmediata; se experimenta la sensación de que los demás tienen una mejor vida. La comparación con el otro es irracional.

Otras señales son proyectar en este mundo virtual una realidad muy diferente a las que nos toca en verdad; si se percibe cierta comodidad en mantener conversaciones por internet o a través de redes sociales que con charlas cara a cara y si hay tendencia al aislamiento social.

Cada persona utiliza las redes sociales de acuerdo a sus necesidades, ahora, cuando esto comienza a incluir de manera negativa en la calidad de vida personal, familiar y laboral, es un buen momento para consultar con un profesional de la salud. Es el momento correcto para pedir ayuda.

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