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lunes 21 de septiembre de 2020 | 1:00hs.
En octubre se estrena ‘Los que vuelven’, con Marcial Paredez, artista y realizador que integra una generación de jóvenes guaraníes que tiene mucho por contar.
Silvia Godoy

Por Silvia Godoy[email protected]

Le incomoda el reflejo que construyen los medios sobre la gente de su pueblo. No comulga -dice- con la idea de sesgar y dividir, discriminar y excluir por el origen, modo de vivir o de hablar o cualquiera otra diferencia entre personas.

“La discriminación, los prejuicios están muy presentes, no deberían, pero están”, reclama. Cala ese señalamiento continuo. Es un peso más que llevan los mbya guaraníes en Misiones. Por ello, para los paisanos la lucha hoy es lograr ser escuchados. Es ser voz en primera persona.

“A veces los preconceptos vienen por el desconocimiento de la gente, entonces, hay toda una generación de jóvenes mbya que quiere contar nuestra manera de ver el mundo, nuestra forma de hacer las cosas. Hay toda una nueva generación que quiere acercarse desde el diálogo, desde el respeto por las diferencias culturales, pero también así como nosotros respetamos, sentirnos respetados”, explica Marcial Paredez (32), músico, realizador audiovisual comunitario y actor mbya.

El joven que actualmente vive en la comunidad Tierra Colorada en el Valle del Cuñá Pirú estuvo en Posadas para participar de una charla en la segunda edición del Festival Audiovisual del Parque Paraguayo, que finalizó ayer.

Estudiante de comunicación social y de antropología social, Paredez integra desde 2017 el colectivo de cine mbya Ara Pyau, que promueve la pluralidad de miradas y que toma como herramienta el poder de las imágenes y de la palabra hablada para reivindicar historia, derechos e identidad.

En una entrevista con El Territorio, en la casa de unos amigos suyos en la capital posadeña, reflexiona sobre el nuevo camino que se abre para los guaraníes con las tecnologías que favorecen su visibilización. Aunque subraya que este acceso a dispositivos y conexión a internet es todavía escaso en las aldeas, como la tierra, el techo, el pan...

“Yo empecé a interiorizarme en la cuestión audiovisual en la universidad. Ahí empecé a entender que es una herramienta para mostrar realidades y que puede abrir el juego a voces que a veces no son tan tenidas en cuenta en los medios tradicionales, en la sociedad y en la toma de decisiones políticas. Es todo un despertar darnos cuenta que nosotros los mbya tenemos algo que contar, que somos personas valiosas e iguales a todas las demás personas”.

Despertar

Por aquella época, en otras comunidades, sus coetáneos sintieron el mismo interés de revalorizar su cultura. “Empezamos a ver que varios jóvenes coincidíamos en que teníamos algo para contar, ahí empezó un movimiento audiovisual llamado Cinema Brasil, después empezaron otros proyectos, yo trabajé en otras productoras comunitarias, siempre la idea es poder dar la palabra, mostrar realidades sean de una villa, un barrio o una aldea guaraní”.

Una característica distintiva de esta nueva hora para la nación mbya es la de abordar una apertura que motorice la convivencia en armonía con el yuruá, sin transigir en el reclamo de sus derechos históricos y su autodeterminación.

“El yuruá quiere decir el otro, el blanco. Quizás antes nuestros mayores se resistían un poco al avance de la sociedad occidental, protegían la cultura tratando de que no haya tanto contacto. Hoy sabemos que eso no es posible y como jóvenes sabemos que para preservar nuestra cultura, nuestros valores, es importante tener un buen diálogo con toda la sociedad, poder acceder a la educación, tener las mismas oportunidades, crecer en conjunto, pero siempre teniendo presente nuestra identidad y buscando que nuestra representación sea en la voz de los nuestros”.

Nuevo proyecto

Paredez tiene una participación en la película Los que vuelven, que se estrenará el 1 de octubre por la plataforma Cine.ar Play, y recuerda la experiencia de filmar con el equipo de la directora Laura Casabé.

“Fue una linda experiencia, a mí me llamaron directo, sé que hubo también un casting, participaron jóvenes de otras comunidades. Ya estuve en largometrajes y siempre me gusta mirar y aprender viendo cómo las producciones más grandes hacen el rodaje, gran parte de las escenas se hacen en una casa vieja grande que estaba abandonada cerca de Puerto Esperanza y que transformaron para que se vea en su esplendor.
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