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Quién es Noam Chomsky

jueves 17 de septiembre de 2020 | 5:00hs.

El pensador estadounidense Noam Chomsky, nacido hace 92 años, de profesión lingüista, es además filósofo, politólogo y activista social. Es profesor emérito de lingüística en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) y una de las figuras mundiales más destacadas de la lingüística del siglo XX, gracias a sus trabajos en teoría lingüística y ciencia cognitiva.

Como se aprecia, es un hombre múltiple, incansable, creativo, activista de izquierda, digno de ser imitado por nosotros, los adultos mayores y por los no tan jóvenes. Ser “de izquierda” no es grato, pero es muy divertido. Solemos ofrecer permanentemente sugerencias, observaciones, críticas, análisis y propuestas alternativas a casi todo lo que sucede a nuestro alrededor y hoy, leer a Chomsky es reconfortante por la originalidad y profundidad de sus planteos.

Su último mensaje –de la semana pasada– trata sobre algo que a gran cantidad de seres humanos les pasa desapercibido: estamos consumiendo el planeta Tierra como si tuviéramos otro planeta para cuando hayamos agotado todos los recursos no renovables de este: oxígeno del aire, agua potable, tierra cultivable, petróleo, gas, minerales, uranio, etcétera, además del creciente calentamiento global al que lo estamos sometiendo diariamente.

Para Chomsky, el presente representa un “punto de confluencia de distintas crisis muy graves”, entre las que se incluyen una amenaza de guerra nuclear, el cambio climático, una gran depresión económica, la pandemia de Covid19 y una contraofensiva racista que tiene como epicentro a los Estados Unidos.

Afirma que “este es un momento único en la historia de la Humanidad, no sólo en mi vida. Nunca ha habido un momento en el que haya surgido tal confluencia de crisis, por lo que las decisiones al respecto que deban tomarse deben ser muy pronto; no se pueden retrasar (…) Tenemos tiempo por delante para decidir si la vida humana organizada sobrevivirá en la Tierra o sucumbirá a la amenaza de un desastre ambiental”, agrega dramáticamente Noam Chomsky.

Y yo reflexiono: cuánta gente se embarca en actividades peligrosas (circular a muy alta velocidad o no cuidarse de la pandemia), actividades dañinas para su salud (fumar, consumir mucho alcohol, consumir drogas, engordar mucho), o actividades dañinas socialmente (engañar votantes, acumular demasiada riqueza, ser racista étnico, político o religioso, contaminar el ambiente próximo) con llamativo dedicación y afán.

Creo que han desaparecido hábitos que hace unos 40 a 50 años aprendíamos desde pequeños: tener responsabilidad social: respetar las leyes y las normas, la autoridad paternal e institucional, ser solidario, honesto y empeñoso en las tareas que a cada uno le competían (estudiar, colaborar en el hogar, circular por la ciudad, trabajar, cumplir con los reglamentos cívicos, honrar los símbolos patrios).

Un joven que lea estas líneas pensará “esto lo escribió un viejo…”, y precisamente, otro valor en extinción es la consideración del saber de los mayores, y de que lo fulgurante, espontáneo, notorio, es lo que brinda rápido prestigio y dinero. El desarrollo de las tecnologías electrónicas contribuye y apoya estas nuevas creencias. Precisamente, la difusión de la práctica de la “desobediencia civil” tiende a convertirse en lo usual.

En su última nota, Chomsky remata su visión expresando que la administración de los EE.UU., con Donald Trump a la cabeza, y sobre los cambios que pueden llegar a producirse alerta que “esto nos podría llevar a estados altamente autoritarios y represivos que expandan el manual neoliberal incluso más que ahora”, aunque aclara que “eso depende de la gente joven” y “de cómo la población mundial reaccione”, aclaraciones muy aplicables, no sólo a los EE.UU. sino también a la Argentina y a la actitud popular ante el actual gobierno.

Para mí, Chomsky representa al intelectual íntegro, modelo en el que todos los pensadores, docentes, periodistas, politólogos, deberíamos sentirnos incluidos: excelente formación profesional, observación crítica, eficaz comunicación social, no amedrentarse por la imagen mediática, capacidad predictiva e integridad ética personal.

Y en el terreno geopolítico, América Latina está transitando por una etapa de reconfiguración político-ideológica, alternando a los numerosos gobiernos populistas que había en la primera década de este siglo con regímenes gubernamentales conservadores, los que sostienen básicamente que el Estado debe ser una institución menor, dejando las problemáticas sociales (salud, educación, previsión, ciencia y tecnología, etcétera) en manos de las empresas o instituciones privadas.

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