lunes 19 de octubre de 2020
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El 73

domingo 06 de septiembre de 2020 | 5:00hs.
El 73

Derrotado por sus propias falencias, el gobierno militar que derrocó al presidente Illia en 1966, comienza en la década del 70 a resucitar la política. En Misiones, el radicalismo había gobernado en el 63 de la mano de don Mario Losada padre. Sus ministros y principales colaboradores eran la Generación Intermedia. Nosotros, los recién llegados, éramos como los nietos.

Veníamos los jóvenes, Nueva Idea Radical (y viejas mañas, decía don Mario) de ganarle una furiosa interna a la Generación Intermedia, lo que de hecho bloqueó las naturales candidaturas de los aspirantes que venían del 63. Una cosa era ganar, y ganar nomás…Pero no queriendo ser don Mario candidato natural a gobernador, dejamos sin postulante al partido.

Vivía yo en una vieja casa en la calle San Lorenzo. La casa era de adobe modelo chorizo. Techo alto, capa de barro aislante y tejas, que por roturas y acumulación de agua, como si tuviera una cisterna de llanto tardío, paraba la lluvia, sol afuera y adentro en las piezas chaparrones aislados. La casa tenía una galería donde se reunía  Nueva Idea Radical: Marito Losada, Caballo Velázquez, Mariano Balanda, Lili Rodríguez, Teodorico Krieger, Lucho Barrios , y ahí nomás. En el interior sí éramos fuertes. En casi en todos los pueblos, buenos dirigentes jóvenes y representativos. Cleto Rauber en Puerto Rico, Pepe Oswald en Concepción, Alejandro Falsone y Pibe Queiroz en Eldorado, Sábato Romano en Oberá, Moncho Closs y Pretto padre en Aristóbulo, y “viejos” radicales en cada municipio. Había un plus siendo médico en aquel tiempo; sería por eso que sin candidato a la vista, con una elección perdida de antemano, es que Lili Rodríguez dice “ y por qué no vas vos Cacho…”. Breve silencio, no aparecen objeciones ni alternativas, y antes de que alguno pinche el globo, el tal Cacho dice “y por qué no”.

Pensando retrospectivamente, si no hubiese sido médico me hubiese sido muy difícil llegar a gobernador, más aun siendo radical. El candidato peronista arranca con un 30% en el bolsillo. El candidato radical pica de abajo, apenas un puñado y en un solo bolsillo.

En el consultorio aprendí a conocer el alma de la gente. Atendía con rigor pero me compenetraba  mucho en la parte humana. Me encantaba conversar, preguntar, ir más allá de la enfermedad, saber que el dolor no es solamente físico o que solamente se cura con medicamentos. Cuando el paciente percibe que el médico lo escucha, el consultorio se transforma en un confesionario. Es una sala sellada, confiable e intimista para que brote lo de adentro… y el dolor se divide, se aliviana, la otra mitad va  a la espalda de “su” doctor.

Esa noche arrancamos sin candidato y terminamos con uno elegido por nadie. En el seno del partido en serio fue aceptada la idea y ungido el nobel candidato. Tenía 38 años. Perón recién había vuelto del exilio y el país se tiñó de peronismo. El frente peronista abarcaba todo el arco político. La fórmula era Cámpora-Solano Lima, y en lo local Irazábal-Ayrault. En la otra esquina, la UCR, sola como indio malo, con Balbín-Gamond, y Barrios Arrechea-Falsone en la provincia. Peso pesado versus peso liviano. Un verdadero acto de irreverencia, de audacia, y después supe: de inversión a futuro.

Y se largó la campaña. Se terminó la joda, ahora hay que bancar la candidatura de a pie y sin metal. Lo único que teníamos era el slogan, “Ponga 38 años en el gobierno”, y un afiche blanco y negro amateur. Vale recordar que el ambiente era denso y la violencia mandaba en el país; las bombas estallaban, mataban, mutilaban y los asesinatos políticos llegaron al pico de diez por día. Por un lado, la Triple A, de López Rega, y por otro, Montoneros y el ERP. Plomo va, plomo viene.

No recuerdo el discurso ni el contenido, sí que no era contra el peronismo. Creo era distinto y progre, de empatía con el interior y fresco de lenguaje a la usanza local. Tenía el aporte del consultorio; el discurso entraba por las orejas, hacía escala en el corazón y salía por la boca. La escala en el corazón emocionaba al que  hablaba, hacía latir las palabras y contagiaba, seducía  al escucha.  La otra pata imprescindible era la convicción. Sin convicción, el discurso era una planicie pareja para el olvido. Con emoción y convicción, un electrocardiograma encendido y un masaje al corazón del público. El comentario venía después: “El acto estuvo muy bueno”, “y qué dijo”, “no me acuerdo, pero habló lindo el hombre”.  Y así era, del micrófono salía lo que pensaba la gente y hablaba en su casa, en la placita, en la chacra o en la cancha. No había mucho esfuerzo intelectual

Recorrimos la provincia de punta a punta, sólo recuerdo algunas cosas puntuales. En una gira por el Alto Uruguay, había que pasar el Acaraguá en balsa a Maroma. Un cable de orilla a orilla, la balsa enganchada y a muke se cruzaba traccionando. Le dijimos al balsero que volvíamos a la noche y que nos espere del lado que nos dejó. No hay problema. Vengan nomás…y vinimos, pero la balsa nos miraba desde la otra orilla. El compañero balsero se hizo humo. Mientras discutíamos qué hacer, mi hermano Arturo y Sábato Romano se tiraron al agua, meta brazada, y volvieron con la balsa a recoger correligionarios. Buena señal pensé, ni nos están por atajar me ilusionaba (Ricardo Argañaráz, “no hay candidato que por un momento no se crea ganador”).

En una oportunidad, fuimos a Cerro Corá, del acto no me acuerdo, sí que había habido un degüello días antes. Mucho me insistieron que fuera a ver a un chamán/curandero para reforzar la campaña. Una casa vieja deshabitada. En una pieza penumbrosa y descascarada, el hombre y una silla en medio de la sala. Entramos con Mariano Balanda, a quien hace retirar con amortiguada energía. Mariano sale. Me indica sentarme, me siento, da un giro y se pone detrás. Soledad completa, solo el mago, la silla, el candidato y el silencio. No sé si los degollados alcanzan a gritar, pero igualmente hubiera sido tarde. Me pregunta desde atrás, “usted cree en el vencimiento”, “y sí, bastante”, “pero cree o no cree “, sin escapatoria  alguna frente al juicio final; “sí, pausa, creo”. El aire denso se disipó y el chamán soltó con furia: ”Entonce le voy a maniatá a lo peronista”. Y mi alma, que ya enfiló para el cielo, volvió transpirando al cuerpo.

Otra fue en Dos de Mayo, en el hotel Alex, pegado a la ruta 12, de tierra todavía. Lluvia de varios días. Salón, más bien saloncito. La concurrencia cabeza rubia y algún morocho que otro. Habla el de Posadas. La gente atenta con la oreja puesta en el discurso. A los lejos se escucha el zumbido de un camión como una música de fondo. Pero el discurso ocupaba la sala. El camión se aproxima lento, pero ahora bramando. Subo el tono. El camión en la curva misma de lo de Alex, pegado al saloncito, se empantana y se entabla una lucha bruta ente el motor y el barro; las orejas se direccionan al suceso… mi discurso se va apagando y ya nadie me da pelota. La empantanada entra al salón. Ruge el motor queriendo asesinar al barro; la muñeca mete primera y segunda en un solo paso, de ahí marcha atrás para el balanceo y primera de vuelta. El motor toma el micrófono, gruñe, gime, llora, bufa… ayyy sale, pero no, la gente hace fuerza, algunos se levantan de sus sillas y las paredes no vibran porque no pueden… Ya sale, las manos cargadas de  aplausos para el discurso se guardan para el camionero, y de pronto crack… silencio total… y un polaco lo quiebra, “cagggó el palier”. Explotó la risa… y cagó mi reunión.

Las elecciones.

Primera vuelta; PJ 51.433;  UCR 37.237;  Tercera Posición 29.297

Segunda vuelta: PJ 82.108;  60,13 %;  UCR 54.450; 39,87%.

Finalmente: la UCR aguantó la avalancha peronista. El peronismo engulló a Tercera Posición. Y yo volví a mi consultorio…

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