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Peligrosa radicalización de ideas

domingo 23 de agosto de 2020 | 6:00hs.
Peligrosa radicalización de ideas
El término radicalización es de uso muy frecuente y refiere a una postura extremista o intransigente que lleva al fanatismo. Cuando se asume una postura radicalizada, el único fin es imponer las ideas propias, sin importar consecuencias o aceptar disidencias. La política argentina, en especial la oposición, muestra nuevamente en los últimos tiempos un alto grado de radicalización, cuyas consecuencias tienen muchos antecedentes. “Nos comprometemos a ejercer una oposición sana, constructiva, responsable, que pueda reafirmar las conquistas logradas que tanto nos han costado en estos años”. Con estas palabras, Mauricio Macri comenzaba a despedirse del poder aquella noche del 28 de octubre de 2019, cuando cayó derrotado ante Alberto Fernández. El gobierno de 20 años como imaginaban desde Cambiemos, prometiendo concreciones con el mejor equipo en 50 años, quedaría en apenas una campaña publicitaria. Macri, en su momento fue elegido presidente con la promesa de resolver la economía y terminó con un feroz endeudamiento; prometió hambre cero y generó la peor pobreza. Afirmó el respeto a las instituciones y terminó, como se desprenden de las investigaciones, presionando a jueces y usando espías para someter a la oposición. Esa forma de actuar hizo que, sin necesidad de balotaje, llegara al poder el candidato del Frente de Todos. “Una noche volvimos y vamos a ser mejores”, prometió de su lado el actual presidente Alberto Fernández. El próximo viernes se cumplirán 10 meses desde aquella noche de tristeza del derrotado y de euforia del ganador. Siempre es oportuno repasar en qué quedaron aquellas promesas de quien se retiraba y de quien llegaba para administrar el país. Es verdad que ni uno ni otro podrían imaginar que tan sólo tres meses después del traspaso de mando se desataría una pandemia que sorprendió al mundo. Aquel 19 de marzo de 2019 ni la oposición lograba cumplir su rol ni el gobierno terminaba de acomodarse en el cargo cuando debió comenzar a transitar los inesperados cinco meses de medidas sanitarias implementadas y con vigencia desde el 20 de marzo, para evitar el contagio masivo del coronavirus en el país. Prácticamente casi la mitad del primer año de gracia que suelen otorgarse a los nuevos gobiernos en la administración de Alberto Fernández fue a parar a contener la crisis sanitaria de proporciones impensadas. Es decir, Alberto no tuvo tiempo para ajustar un plan de gobierno cuando ya debió enfrentar a un fenómeno inesperado como la pandemia por coronavirus. Aun así, ya marca diferencia de gestión, incluso si se toma todo el primer año del gobierno de Cambiemos. En los primeros doce meses de su gestión, Macri abolió los controles cambiarios y llevó a Argentina a un régimen de moneda flotante, que hizo que el peso argentino se depreciara en un 60% frente al dólar en el 2016. En igual período, Macri redujo los impuestos a las exportaciones de los productos básicos, que habían sido importantes para el gobierno de Kirchner, y eliminó una serie de controles de importación que terminaría afectando a la producción nacional; comenzaba, en ese tiempo, la búsqueda de frenar la inflación, carrera en la que también perdería. Luego arribaría a un acuerdo con los denominados fondos buitre y comenzaría un masivo endeudamiento, que ahora, en medio año de la pandemia, la administración de Alberto Fernández comenzó a establecer acuerdos para liberar a los argentinos de la pesada mochila que representaban los vencimientos de los bonos extranjeros como ahora pretende acordar con el FMI. Es decir, mientras en similar período el gobierno de Cambiemos se endeudaba sin fin, en igual lapso el gobierno del Frente de Todos busca alivio. Lo mismo sucede en cuanto a la política macroeconómica implementada por Macri, en cuyo mandato incluyó el aumento de los precios de los servicios públicos como la energía, que estaban congelados, y a pesar de ello se produciría un apagón sin precedentes. Dicha suba sólo generó un incremento excesivo que dio ganancias a unos pocos empresarios y terminó empobreciendo aún más al pueblo argentino. Claramente representó también la otra cara de la moneda. Esta semana, Alberto Fernández decidió declarar como servicios públicos a la telefonía celular y fija, internet y la televisión paga y anticipó que las tarifas de esas prestaciones quedarán congeladas hasta el próximo 31 de diciembre a raíz de las consecuencias que provoca la actual pandemia. Sumando con ello una nueva escalada en el enfrentamiento del gobierno con el grupo Clarín. En forma previa, en junio, el presidente también había resuelto que las tarifas de electricidad y gas se mantuvieran congeladas hasta fin de año. En diciembre pasado, la ley de solidaridad social que aprobó el Congreso estableció el congelamiento de tarifas por 180 días, que fue postergando antes del vencimiento. Por lo tanto, hasta fin de año estos servicios se mantendrán congelados.

Como oposición
Pero así como en la gestión de estos dirigentes hay diferencias, no ocurre lo mismo en la forma de hacer oposición, y hasta puede decirse que incurren en el mismo pecado o errores originales. Si uno repasa de manera breve los resultados de las elecciones, rápidamente podría concluir que el endurecimiento o radicalización extrema termina en la derrota o dispersión. Es lo que le había ocurrido a Cristina Kirchner, que siendo opositora en octubre de 2017 perdería las elecciones ante Cambiemos en la mayor parte del país. Entonces, hasta salió segunda como postulante a senadora nacional por la provincia de Buenos Aires y representó su primera derrota electoral después de 28 años consecutivos de victorias. Para entender tal escenario es importante tener presente al kirchnerismo, de Néstor Kirchner entre 2003 y 2007 y la actual vicepresidenta Cristina Fernández, cuando ejerció el máximo cargo nacional (2007-2015). Cuando el espacio gobernante o la oposición toman posturas muy duras, suele terminar generando rechazo en la sociedad; así, demuestran antecedentes electorales. Le ocurrió al kirchnerismo, cuando los resultados de las elecciones legislativas del 2009 parecieron querer poner freno a Cristina, en especial en las decisiones que se consideraban unilaterales en materia de políticas públicas. La popularidad de la entonces mandataria cayó drásticamente. Especialmente un año antes con aquel voto no positivo de Julio Cobos, en medio de la postura dura que había asumido el kirchnerismo respecto a la discusión por las retenciones con el campo. Además, el kirchnerismo aprendería de su propio error cuando en el 2015 perdió ante Mauricio Macri al presentarse a las elecciones con un candidato débil, como fue el caso de Daniel Scioli. Después se recuperaría. Quien mejor resumiría sería el propio Alberto Fernández, quien decía que con Cristina no alcanza y sin ella no se puede. Entendía que para las últimas elecciones Cristina generaría una gran masa de votantes, pero a su vez provocaba mucho rechazo. Lo que hizo Cristina entonces fue una magistral jugada, al adoptar un perfil bajo e impulsó la figura de Alberto Fernández, quien incluso antes de ser bendecido como candidato ya venía mencionando sus ideas, que sostiene en la actualidad. Es lo que hizo en una entrevista exclusiva con este diario, aun antes de ser candidato. Entonces -según quedó reflejado en la publicación del 28 de octubre de 2018- sin ser candidato ya hablaba de la necesidad de un modelo de país más integrado, un modelo económico más productivista y planteaba la necesidad institucional de recuperar una Justicia que se había puesto al servicio de Macri. Y es lo que efectivamente comenzó a hacer; es decir lo que había propuesto a los votantes. De esta manera, a fines del mes de julio presentaba Alberto Fernández el anunciado proyecto de reforma judicial.

Sin medir riesgos de contagios
Ahora la oposición agita la idea de evitar que ello avance, convocando como lo hizo el pasado 17 de agosto a una marcha en el país. Toda protesta es legítima, pero ésta resultó inoportuna porque se terminó violando el distanciamiento social y sin medirse el riesgo epidemiológico impuesto por la amenaza del coronavirus. El endurecimiento del discurso gana visibilidad con el acompañamiento de los medios contrarios al gobierno, pero pierde votos ciudadanos. El núcleo duro del macrismo, acompañó las movilizaciones y el banderazo planteando el rechazo a las medidas políticas tomadas en el marco de la pandemia por el coronavirus, contra el intento del gobierno de reformar la Justicia, protestas por la inflación, la caída de la economía y el aumento de la inseguridad y en rechazo de la extensión de la cuarentena, entre otras cuestiones. Como ya es su costumbre, a la distancia y por lo tanto sin ningún riesgo y mientras toma sus habituales y prologados descansos como lo hizo prácticamente en gran parte de su mandato, el ex presidente Mauricio Macri afirmó desde Zurich, Suiza, sentirse orgulloso de los miles de argentinos que salieron a concretar la protesta. En el país y, en línea con el sector más radicalizado del PRO, encabezado por Patricia Bullrich, adhirió a las protestas. Las críticas no se hicieron esperar desde el gobierno, el jefe de Gabinete, Santiago Cafiero, a través de las redes observó la irresponsabilidad del ex presidente de fomentar y alentar una marcha en plena pandemia; similar postura en contra asumiría el ministro del Interior, Eduardo “Wado” de Pedro.

Desde el Frente de Todos entienden que los sectores más radicalizados de Cambiemos nunca pudieron digerir la derrota y no terminan de entender que hay un gobierno que tiene un plan que fue avalado por el voto popular y ahora se está ejecutando, en respuesta a los votantes y no a los que habían elegido otro modelo que dejó al país endeudado y en la miseria.

Adaptabilidad
Adaptabilidad es un término que se refiere a la capacidad de adaptarse en tiempos tan difíciles como los actuales. En la renovación, según los dirigentes, es una palabra utilizada desde hace tiempo por Carlos Rovira y que ahora la usa para explicarles cómo actuar en la construcción política en estos momentos en que hay tensión en Buenos Aires por los grupos radicalizados de ambas veredas, cuando en Misiones no se percibe tal situación. Al contrario, sectores económicos y hasta la oposición entienden que nadie posee la fórmula única para salir ileso de esta pandemia y es necesario avanzar codo a codo buscando soluciones.

Por ello, según unas encuestas que estuvieron circulando por estos días, la población misionera entiende que se está administrando positivamente la Provincia este momento de incertidumbre. Están a la vista los resultados, en lo que han denominado una forma binaria de actuar atendiendo por igual la salud y la economía. Esto hizo que se lograra hacer funcionar casi en un 95% las actividades. A propósito de lo económico, Misiones continúa mostrando importantes signos de recuperación en medio de la pandemia. Esta semana, el sector de la forestoindustria dio a conocer la alta demanda que registran tanto en el mercado interno como externo.

Los pedidos se multiplican. Una situación similar se viene registrando en el sector de la construcción y el comercio particularmente en Misiones, de allí que empresarios están más en sintonía que nunca como ocurre con todos los sectores políticos de Misiones en solicitar a la Nación medidas excepcionales para la provincia por su situación de frontera.

En la Legislatura provincial se da una particularidad, así como el gobierno misionero se encuentra funcionando a pleno en esta pandemia, del mismo modo lo está haciendo el Legislativo. Muestra de ello es que el último jueves se aprobaron diez leyes e ingresaron medio centenar de comunicaciones y declaraciones. Entienden que de continuar de esta manera, batirían un récord de producción de leyes en plena pandemia. Sumado a que desde 2008 nunca se dejó de tener quórum.

Volviendo a los pedidos de un tratamiento diferencial para Misiones, tanto el sector político y económico como la Confederación Económica de Misiones, esperan hablar en los próximos días con el ministro de Desarrollo Productivo, Matías Kulfas. En principio, se estarían definiendo una nueva fecha para concretar la videoconferencia con las autoridades de Misiones, porque no se podría concretar mañana por los cambios que se produjeron el último viernes, en medio del desplazamiento del cargo de Sergio Lanziani, que fue reemplazado en la Secretaría de Energía por el neuquino Darío Martínez, tras un pedido formulado por el propio Kulfas. Además, el gobierno anunció que la Secretaría quedará ahora bajo el ala del Ministerio de Economía.

En cuanto a la salida de Lanziani de la Secretaría de Energía, era un tema que venía madurando desde hace mucho tiempo. Tanto desde la Provincia como desde la Nación concluyeron que no supo adaptarse y trabajar en equipo como imaginaban ocurriría al llegar al cargo que ahora debió abandonar.

Desde las filas de la renovación le cuestionaron desde el minuto uno, porque apenas asumió pretendió diferenciarse y cortarse solo como dicen los chicos, hasta llegar a operar en contra del espacio que lo llevó a ese lugar.

Además, desde el partido gobernante vieron con malos ojos que intentara trascender solo en lo personal, sin aportar beneficios colectivos, como se espera de todo dirigente.
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