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La veneración de la Virgen de Loreto en las Misiones

domingo 19 de julio de 2020 | 5:00hs.
La veneración de la Virgen de Loreto en las Misiones
Por Alfredo Poenitz

Por Alfredo Poenitz Historiador

La imagen de Nuestra Señora de Loreto, en recuerdo de su profunda veneración profesada durante los tiempos jesuíticos, forma parte de los altares de capillas e iglesias de la diócesis de Posadas. Uno de los 30 pueblos fundados por los jesuitas, incluso, lleva el nombre de Loreto en su honor. Por ello, en la festividad de la Virgen de Loreto, cada 10 de diciembre, se realiza una tradicional peregrinación hacia las ruinas de aquella misión, que guarda en su interior una capilla construida por los sacerdotes en honor de la patrona del pueblo.
La Virgen de Loreto es una advocación de la Virgen María y sus orígenes se remontan al siglo XIII cuando en una de las cruzadas cristianas contra los moros, el puerto de Acre, actual Israel, donde se hallaban los sitios cristianos más valiosos, fue sitiada por los moros y los lugares más importantes de la historia del cristianismo corrían serio riesgo de ser destruidos. Por esa razón, según la tradición cristiana, el 10 de mayo de 1291, la casa de los padres de María, San Joaquín y Santa Ana, donde había nacido la virgen, donde se le apareció el ángel Gabriel para anunciarle que gestaría al hijo de Dios, donde pasó su infancia Jesús y donde incluso tenía su carpintería San José, fue trasladada por los ángeles hasta Tersato, en el litoral norte de Dalmacia, actual Rijeka, Croacia. Pero la noche del 10 de diciembre de 1294 volvió a desaparecer de ese lugar reapareciendo en la otra costa del Adriático, en un parque de laureles, cuya dueña se la denominaba Lauretta, y de allí el origen del nombre que adquiere la Virgen. Dos veces más cambió de lugar la Santa Casa de María, hasta que finalmente recayó en un viejo camino romano donde se halla el santuario en la actualidad. 
En 1540, el Papa Paulo III aprueba la creación de una nueva orden religiosa, la Compañía de Jesús, creada por San Ignacio de Loyola. A esa orden, el Papa Julio III en 1553 le va a encomendar el cuidado de la Penitenciaría del Santuario de Loreto, lugar donde descansaban los penitentes peregrinos de la época. El papa Juan XXIII declaró al santuario de Loreto como la “síntesis” de todos los santuarios marianos del mundo en 1962.
Los jesuitas la tuvieron como su principal advocación mariana y en su nombre levantaron iglesias, pueblos y capillas en toda América durante su período de evangelización en los siglos XVII y XVIII. En nuestra región, en el Guayrá, en 1610 los PP. José Cataldino y Simón Maceta fundaron la primera misión de Loreto. El Provincial Diego de Torres pidió que le enviasen las medidas exactas de la imagen de la Virgen de Loreto desde su santuario en Italia, y, en base a ese modelo los guaraníes, excelentes escultores, construyeron las diferentes imágenes que existieron en las Misiones Jesuíticas.
En 1612 llegará a los pueblos de Loreto y San Ignacio en el Guayrá el P. Antonio Ruiz de Montoya, quien después de dos décadas de misionar en ese lugar debe realizar el famoso éxodo en 1631 con los habitantes de estas misiones sobrevivientes a la destrucción de los bandeirantes paulistas. Una imagen de la Virgen de Loreto, traída desde España al Guayrá, es trasladada en este difícil trayecto por el río Paraná hasta el definitivo lugar donde se reinstalaron y donde hoy se conservan las ruinas de ambos sitios.
La imagen que presidió el altar de la capilla construida para su veneración en el pueblo de Loreto, en algún momento del período jesuítico fue la que hoy luce, magnífica, en el pueblo homónimo a orillas del Iberá, adonde fueron a parar las familias guaraní-misioneras sobrevivientes a la destrucción de los pueblos del Paraná, en 1817. Hacía allí se trasladaron unas 2.000 personas llevando en sus hombros las imágenes que lograron rescatar de los pueblos incendiados, y se conservan en excelente estado aún en esos maravillosos parajes iberanos. La imagen de Loreto mantiene su carácter guaraní, con sus pliegues rectos y paralelos, sobrios, sin pomposidades, con el rostro casi adolescente, sin mantilla, de tez cobriza y los cabellos negros y largos, descubiertos y caídos sobre los hombros, como lo usaba, en ocasiones solemnes la mujer guaraní. Una imagen muy lejana a la que hoy se venera en la diócesis de Posadas, íntegramente negra, como la que preside actualmente el altar del santuario en Italia, en reemplazo de la antigua imagen destruida en un incendio en 1921. 
En síntesis, las características de la imagen de la Virgen de Loreto que hoy vemos en las iglesias de la diócesis de Posadas poco tienen en común con aquella venerada por los sacerdotes jesuitas entre los guaraníes, cuya versión tradicional se encuentra en el altar del pueblo de Loreto, en Corrientes, como un tesoro del arte guaraní-jesuítico. 
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