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Dejemos trabajar a la historia

domingo 26 de abril de 2020 | 6:00hs.
Dejemos trabajar a la historia
 Gonzalo Peltzer

Por Gonzalo Peltzer [email protected]

“Se podría aniquilar este coronavirus con una luz ultravioleta que metemos dentro del cuerpo, a través de la piel o de otra manera. También está el desinfectante, que noquea al virus en un minuto, podríamos inyectarlo como si fuera una limpieza general; y si se pudiera introducir en los pulmones, seguro que lo haría muy bien”, algo así dijo Donald Trump el viernes en su habitual briefing con la prensa en la Casa Blanca. Cuando los periodistas se le fueron al humo tuvo que aclarar que era un comentario sarcástico para jorobarlos. Jajajajaajaja, que divertido, habrá escrito alguno en WhatsApp, pero lo cierto es que la compañía productora de Lysol (el desinfectante más popular en los Estados Unidos) tuvo que salir urgente a pedir a los usuarios que no se le ocurra tomarlo ni inyectárselo por ninguna vía.

Luc Montagnier es el descubridor del VIH, el virus del Sida. Le dieron el premio Nobel de Medicina en 2008 por abrir el camino a la cura de este durísimo flagelo. Bueno: el jueves 16, en el programa L’Heure del Pros del canal CNews de la televisión francesa, le preguntaron al profesor Montagnier unas cuantas cosas sobre el Covid 19. Y entre otras respondió que ve la cura del nuevo coronavirus en las ondas electromagnéticas. Montagnier no es ningún improvisado, pero también es de los antivacuna y de los que cree que el virus se escapó de un laboratorio chino.

Como estas dos, tengo una colección interminable de videitos con curas del Covid 19, todos grabados por médicos diplomados y con cara de sabios (lo que no entiendo es por qué se visten de médicos para grabar un video). Uno dice que esto se cura con inhalaciones de eucalipto. Un farmacéutico peruano asegura que solo hay que modificar el PH de la garganta haciendo gárgaras de sal cuatro veces al día durante siete días. Al principio de la cuarentena nos decían que ni se nos ocurra usar barbijos si no estábamos contagiados y te trabajaban la moral con que si comprabas uno se lo estabas sacando a un médico. Semanas después nos obligaron a todos a usar barbijos, pero les cambiaron el nombre para disimular. Hay un video que asegura que dos medidas de whisky al día te salvan del virus y te alegran la tardecita; parece lógico que si el alcohol deshace el virus de las manos también lo aniquile en la boca y faringe. Anteayer me aseguraron que la mayoría de los fumadores no se infectan; cosa rara porque los fumadores siempre tienen mayores complicaciones en cualquier enfermedad pulmonar, pero aproveché y me fumé un charuto.

Después están los amigos de la cloroquina –o hidroxicloroquina– , auspiciada por otro francés, medio hippie, que se llama Didier Raoult. La cloroquina es un derivado de la quinina, remedio habitual para paliar los efectos del paludismo. El problema de la cloroquina es que puede producir arritmias cardíacas, hipoglucemia y efectos neuropsiquiátricos como agitación, confusión, alucinaciones y paranoia. Además las sobredosis de cloroquina son altamente tóxicas, causan convulsiones, coma y paro cardíaco. Para colmo nadie está seguro todavía si sirven o no para el coronavirus. Uno de los últimos gurúes asegura que el virus desaparece a los 70 días…

Lo que está bien claro es que todavía no se sabe casi nada del coronavirus. Y si no sabemos nada, no improvisemos y hagamos caso a las autoridades sanitarias, que aunque sepan poco, son prudentes y no andan inventando tonterías.

Y ahora aplique la misma receta a la economía, también repleta de gurúes en todo el arco ideológico. Es tan inédita la situación en la historia de la humanidad que es inútil pensar la economía para el mundo poscoronavirus con estándares precoronavirus. Mejor dejemos trabajar a la historia.
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