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María Diniz Rabela, historia de un femicidio dentro de una aldea guaraní

domingo 19 de abril de 2020 | 4:00hs.
Restos de la cama quemada y tierra removida donde hallaron partes humanas.
 Jorge Posdeley

Por Jorge Posdeley[email protected]

La investigación por el femicidio de María Solange Diniz Rabela (22) continúa conmocionando a la localidad de San Vicente. No es para menos. El hecho encierra una urdimbre tan escabrosa como compleja y con aristas tan singulares que muy probablemente lo transformen en un caso histórico. 
Tal como publicó El Territorio en la víspera, el caso fue descubierto entre el jueves a la tarde y el viernes, luego de unos procedimientos policiales realizados en la aldea mbya guaraní Taruma Poty -ubicado a unos 30 kilómetros del caso urbano de San Vicente-, donde la joven convivía junto a su concubino y además cacique de la comunidad, el cual permanece detenido y sospechado de femicidio. 
Hasta allí llegó la Policía después de varios pedidos de ayuda por parte de los familiares de la víctima, quienes sabían que la muchacha se encontraba sin vida desde el domingo de Pascuas pero no conocían en qué circunstancias se produjo el deceso, al tiempo que desconfiaban del hombre por recientes antecedentes de maltrato que recordaban. 
La investigación realizada terminó develando una sombría trama detrás de la muerte de la muchacha y obligó a las autoridades judiciales a instruir las actuaciones del caso como posible hecho de femicidio en el cual el cacique y pareja de la víctima, Marcelo Núñez (36) o más conocido como Claudio, aparece como principal sospechoso. De confirmarse definitivamente el crimen, se trataría de un caso histórico ya que sería el primer hecho de este tipo que se registre dentro del ámbito de una aldea guaraní de la provincia o, al menos, el primero en trascender como tal hacia el exterior.

Pedidos de ayuda
De acuerdo a lo que pudo reconstruir este matutino, todo comenzó el lunes, cuando un tío paterno de la víctima se comunicó con Miguela, la madre de Rabela, para comunicarle que su hija había fallecido e incluso sepultada dentro de la comunidad pero desconocía la causa de la muerte. 
Ante ello, tanto Miguela como su pareja y padrastro de la víctima, comenzaron con los pedidos de ayuda que dispararon los procedimientos tras arbitrar mecanismos junto a la Dirección de Asuntos Guaraníes de la municipalidad de San Vicente y, por último, a la Defensoría del Pueblo, proceso que también dejó pistas. 
“La madre me llamó el martes diciendo que su hija había fallecido. Me dijo que fue a la Policía y que no habían actuado. La Policía recién actuó después de que nos acercamos al defensor del pueblo”, expresó Jorge Zach, director del área municipal que atiende la cuestión aborigen en la zona, en diálogo con este matutino ayer. 
El hombre señaló que en medio de la desesperación de la familia acudieron hasta la defensoría del pueblo, donde su titular, Carlos De Lima, arbitró los mecanismos en conjunto con la Policía para atender la cuestión. 
“Viene la señora y nos empapamos de la situación. La escuchamos, durante unos 30 minutos nos contó el drama que padecía y ahí yo llamo a la comisaría. Ahí me dicen que la jefa misma iba a ir personalmente hasta la aldea”, aseguró De Lima, quien también habló con El Territorio. 
Después de ello, devino todo el procedimiento policial que develó todo lo sucedido, pero el hecho iba a tener un capítulo más en el medio. 
Es que ese jueves, mientras se esperaban los resultados del allanamiento en la aldea, el cacique involucrado se comunicó con Zach porque estaba interesado en tramitar el IFE (Ingreso Familiar de Emergencia) dispuesto por el gobierno nacional en el marco de la emergencia sanitaria. 
Para ese entonces, el funcionario ya estaba al tanto de todo lo sucedido detrás, por lo que decidió interpelarlo por la situación de su concubina y grabar la conversación.

Coronavirus
“El jueves me hizo la llamada. La denuncia ya se había hecho pero la Policía no había llegado al lugar todavía. Yo le voy estirando la conversación y le voy grabando”, recordó Zach. 
En esa comunicación, el funcionario le consultó al cacique qué había sucedido con su pareja y en su respuesta Nuñez volvió a mencionar la teoría del coronavirus, pero además agregó que había quemado y enterrado el cuerpo por recomendación de un médico que a su vez supuestamente habló con la Policía, situación que siembra dudas pero de igual forma piden que sea investigada ante la posibilidad de que realmente haya habido un accionar negligente de parte de otras personas. 
“Ella tuvo fiebre y tos, como se escucha en la radio. Hicieron una acusación sobre mí, pero yo jamás le haría mal a la gente de mi aldea. Murió de enfermedad”, se oye decir al cacique en el audio, al tiempo que señala “eso yo hice por orden del médico, él me dijo que habló con el jefe de la Policía y no se podía trasladar el cuerpo a ningún lado”. 
Después del breve diálogo, Zach cortó la comunicación y guardó el audio de la grabación que mañana pretender presentar como prueba ante la Policía. 
“Yo no defiendo ni acuso a nadie, pero quiero que se sepa bien cómo fue todo, por eso quiero aportar este audio. Él me dice que a las 5 de la tarde del lunes hizo esa llamada con el médico y yo creo que eso se puede comprobar fácilmente. Es todo un embrollo. Yo esto lo voy a presentar como evidencia para que no quede impune y, si por ahí es cierto que hay otros involucrados, que también se investigue”, expresó. 
El audio de la conversación también llegó al defensor De Lima, que al igual que Zach considera que el material debería ser incorporado a la causa. 
“El cacique lo pronuncia con una naturalidad enorme, nunca estuvo preocupado por el cuerpo o por la víctima, que en este caso es la esposa. Se le nota mucho más preocupado por los $10.000. La versión de él suena extraña, pero vamos a acercar el material a la Policía para que se investigue, a juicio del defensor, es una prueba fundamental”, indicó De Lima.

Operativo y horror
Luego devino el mencionado operativo policial, en el cual los investigadores pudieron recolectar una importante cantidad de testimonios, además de otros indicios y elementos que comprometerían severamente la situación del cacique. 
Según lo que pudo saber este diario, los primeros testimonios recogidos por los pesquisas dentro de la aldea indicaban que ellos supieron de la muerte de Rabela el domingo 12 de abril y además señalaron que ese mismo día el hombre quemó y enterró los restos de la muchacha. A los de su comunidad el cacique les manifestó la misma teoría: que Rabela había fallecido por Covid-19.
En paralelo a las averiguaciones, los pesquisas realizaron un allanamiento que arrojó resultados espeluznantes. En la casa del cacique dieron con un serrucho y dos mantas con manchas presumiblemente de sangre, mientras que a unos 200 metros del asentamiento encontraron una cama con signos de combustión y restos óseos, posiblemente humanos. 
Pero, como si fuera poco, eso no fue lo único hallado en la macabra escena, dado a que un costado de la cama constataron que había tierra removida y tras una pequeña excavación dieron con más restos humanos. 
Altas fuentes de la investigación detallaron que practicamente la totalidad del cuerpo estaba carbonizado, a excepción de una mano que aún prestaba vestigios de piel y otras extremidades superiores que que al no ser consumidas por el fuego fueron sepultadas por el cacique. 
En este contexto, los voceros indicaron que es prematuro establecer si el cuerpo fue descuartizado por el hombre o si el desmembramiento se dio como consecuencia del accionar del fuego, aunque el hallazgo del serrucho con manchas compatibles con sangre podría inferir que la primera hipótesis tiene mayor fuerza. 
Las restos que pudieron ser recolectados en la escena fueron inmediatamente enviados a la Morgue Judicial de Posadas, donde iban a ser sometidos a un complejo estudio forense que tendrá, en primer lugar, la finalidad de extraer muestras de ADN que permitan realizar la identificación formal del cuerpo, mientras que el segundo objetivo será establecer la causal de muerte. Todo esto, claro, si el estado del cuerpo de lo permite.
Sobre este último punto, pesquisas consultados en la víspera señalaron que en el marco de la causa obtuvieron testimonios que darían cuenta de la posibilidad de que Rabela haya sido asesinada a golpes. Vecinos de la zona incluso habrían señalado que el sábado a la noche oyeron al cacique compartir bebidas alcohólicas con otras personas hasta altas horas.
En el mismo sentido, las fuentes señalaron que algunos miembros de la aldea aseguraron que el propio cacique pidió ayuda para poder quemar el cuerpo con combustible, aunque ninguno de ellos accedió. 
En este contexto, mientras se aguarda por los resultados del estudio forense, el cacique involucrado continúa alojado en una celda de la Unidad Regional VIII y se estima que entre mañana y el martes, una vez que se culmine el sumario policial del hecho, sea llevado hasta el Juzgado de Instrucción Tres de San Vicente. 
En esa instancia, el hombre podría comparecer en audiencia de declaración indagatoria ante el magistrado Gerardo Casco. Allí el detenido tendrá la oportunidad de brindar su versión de los hechos o bien abstenerse de declarar, sin que ese silencio le signifique presunción de culpabilidad alguna, tal como lo ampara su derecho.


“Él golpeaba a mi hija”

Diniz Rabela tenía 22 años, padecía problemas de salud mental y era madre de dos pequeños de 8 y 4 años que nacieron fruto de otra relación. El mayor de ellos vive con su abuela materna, mientras que el menor continúa en la aldea y se está trabajando para poder retirarlo de allí. 
Según pudo reconstruir este diario, la muchacha no era integrante de la comunidad, provenía de una familia humilde del barrio Gauchito Gil y hace unos siete meses había decido convivir junto al cacique de Taruma Poty, aldea con aproximadamente 20 miembros y menos de 10 años de existencia.
Hasta el momento, las autoridades al frente del caso no han encontrado denuncias previas por violencia de género, pero los familiares de la muchacha sí recordaron antecedentes de maltrato. 
Miguela, su madre, dialogó el último viernes con Canal 5 de San Vicente, donde expresó su preocupación y desesperación. 
“Él golpeaba a mi hija, hasta con machete dice que le golpeaba a ella. Tengo mi nieto que es testigo”, lanzó Miguela, al tiempo que agregó recordó que “hace siete meses que mi hija convivía con él. El 6 de febrero vino a pasar un cumpleaños conmigo y le vi una cicatriz. Ella me dijo que no era nada, pero yo sabía que algo escondía”. 
La mujer también recordó la forma en que se enteró de la situación. “El tío de ella vino el domingo a decirme ‘tu hija falleció’. A mí me dio un gran shock. Nadie pudo ir, en una cosa así él -por el cacique- tenía que avisar a los padres primeros, yo por eso primero no creí. A mi cuñado le dijo que era de coronavirus que ella murió, que tuvo dolor de barriga y fiebre y al otro día apareció muerta, que amaneció con el cuello hinchado y azul”.
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