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Fue despedido por su discapacidad pero logró superar los obstáculos

domingo 03 de noviembre de 2019 | 5:00hs.
Fue despedido por su discapacidad pero logró superar los obstáculos
Juan de Jesús Procopio (47) es padre de dos hijas y jefe del área administrativa del distrito San Pedro de Energía de Misiones. Para llegar a ocupar este lugar debió hacerles frente a numerosas situaciones de discriminación por ser una persona con discapacidad motora. A consecuencia de la falta de recursos, en un parto casero nació con serios problemas de salud que lo dejaron sin sus miembros inferiores y con malformación en las manos, carencia que es suplida con una fuerza de voluntad sorprendente.
Desde un principio la discapacidad fue algo chocante para la familia que residía en Colonia Fortaleza, de San Pedro, lugar donde nació en manos de una partera. Al poco tiempo se mudaron a la zona urbana de la localidad y por diferentes razones, sus padres se separaron y Juan de Jesús, el más chico de cuatro hermanos, creció con su padre, Juan Ermindo Procopio. De esta forma, el amor que recibió de su familia fue suficiente para hacerle frente a la exclusión social.
La primera experiencia de  este tipo fue cuando tuvo que iniciar la escuela primaria. En ese tiempo no existía en la Capital de la Araucaria un establecimiento especial y la Escuela de Frontera no lo aceptó como alumno de la modalidad común. Recién cuando se creó la Escuela 144, mediante la predisposición y empatía de la directora Norma De Corvo, pasó a formar parte de la matrícula.

Escasez de fuentes laborales
Así comenzó su inserción en la sociedad. Luego continuó el nivel medio en el Bachillerato con Orientación Polivalente 2 y tras ello enfrentó una dura etapa relativa a la escasez de fuentes laborales, más aún para personas con algún tipo de limitación física.
“Me crié con mi papá, que es mi soporte junto a mi madrastra y mis hermanos, me bancaron siempre. La discapacidad para mí fue algo normal, porque siempre tuve el apoyo de la familia que jamás me discriminó. Sí lo hizo la sociedad, fue muy fuerte, muy duro, en esa época la gente era mucho más ignorante que ahora”, comentó a El Territorio. 
Para ampliar sus conocimientos, una vez que finalizó el secundario realizó un curso de informática, para el cual debía viajar hasta Eldorado, y fue uno de los pocos en capacitarse en ese oficio. 
Primeramente y durante 16 años se desempeñó como locutor de radio, trabajó en el área administrativa de la Municipalidad durante cinco años, así como en una serigrafía y en una fábrica de alpargatas hasta que surgió la posibilidad de conseguir un puesto de trabajo en Energía de Misiones, mediante la ayuda del entonces gobernador Maurice Closs y el apoyo del jefe del distrito en esa oportunidad, Ylmo Souza Costa.

La dureza de la discriminación
Por la falta de concientización  y empatía de muchas personas, le tocó vivir en carne propia el rechazo y las miradas feas fueron una constante.
“La discriminación que sentís en la calle, en las propias instituciones, es muy dura”, sostuvo.
“Veo que el actual sistema que tiene el gobierno referido a los discapacitados no está bien. Los puestos de trabajo que deberían existir por ley, no existen”, señaló.
En esa línea, siguió: “En una oportunidad, cuando trabajaba en la Municipalidad, se realizó un cambio de intendente y el que ingresó no me aceptó como parte del plantel por mi condición. Es muy difícil ganar un pleito a alguien del gobierno”.
Si bien es notable el cambio en la sociedad cuando se trata de estrechar cordialidad, respeto e inclusión a personas con discapacidad en sus emprendimientos, la discriminación y la poca empatía aún calan hondo, afirma.
Hace pocos meses, Procopio viajó hasta Eldorado para realizar la Verificación Técnica Vehicular (VTV) de su vehículo. Luego de pasar por la revisión técnica, le solicitaron descender del automóvil y que se dirigiera a una oficina, contó. Al ingresar la persona que lo atendió le preguntó: “¿Por qué no baja el conductor del vehículo?”. 
“Él que estaba en la oficina me ignoró totalmente, ellos ni siquiera captaron que el auto era adaptado y que la persona que conducía era discapacitada, tuve que argumentar con la documentación para que recién se dieran cuenta”, señaló con indignación Juan de Jesús. Y así tiene en sus recuerdos decenas de situaciones que parecen increíbles. 

Un mundo mejor
Su diario vivir es como el de cualquier otra persona. Mediante modificaciones realizadas por un mecánico de la localidad, Lito Schafer, cumplió el sueño de conducir un auto. Así es como se moviliza después de años de haber padecido caminar con una muleta. Hoy, con su esposa Laura Cristina, que es docente, sus hijas Antonela, que está en la facultad, y Uma, la menor de todas, se siente más que agradecido por el apoyo y amor que recibe.
Su único anhelo es la igualdad de oportunidades para todos, un mundo donde las personas con discapacidad sean incluidas desde los primeros años y no aisladas.
 En este sentido, se mostró en desacuerdo con la creación de la escuela especial que de cierta forma presiona al niño a sentirse fuera, en otro espacio por ser diferente. 
“Para mí, y desde mi propia experiencia, pienso que la escuela especial no debería existir”, analiza. “Para que el discapacitado pueda insertarse más rápido creo que las escuelas, todas, deben estar a la altura. Sí con los maestros especiales, pero que convivan, ¿por qué tienen que aislarlos? Yo fui a la escuela común y creo que eso significó mucho”, planteó Procopio.
Su convicción de una sociedad diferente y de que sí se pueden cambiar muchas cuestiones en favor de quienes hoy se sienten discriminados, lo llevó a ser durante un tiempo presidente del Consejo de Discapacidad de la localidad. Allí presentó varios proyectos, incluso mediante una de sus propuestas se logró la camioneta con la que actualmente cuenta la Municipalidad para trasportar a los alumnos de la escuela especial.
Otro de los pedidos que realizó fue la creación de una plaza en el que hizo hincapié en que no sea un lugar aislado, sino que permitiera compartir de igual manera en un mismo espacio. “Por qué separarlos, por qué aislarlos en un lugar. Eso es lo que tiene que cambiar, el gobierno y el sistema educativo. Me gustaría que haya más personas con discapacidad insertas en la sociedad”, finalizó. 
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