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Afirman que no pasan hambre en la chacra, pero no pueden enviar a sus hijos a la escuela

sábado 26 de octubre de 2019 | 6:00hs.
Jerónimo Montero se sostiene con la venta de gallinas, huevos y miel.
“En la chacra si se trabaja no se pasa hambre”. Es un planteo histórico y lo volvió a repetir, al considerar que está en plena vigencia en tiempos de crisis, Jerónimo Montero, un productor de Cruce Caballero que sobrevive con lo que vende en las ferias, desde huevos, gallina o miel.
Pero sobrevivir no implica tener todas las necesidades cubiertas. Al contrario, la crisis también golpeó con dureza a los agricultores.
Por caso, Mario Rodríguez, que tiene una familia numerosa también en la misma localidad perteneciente a San Pedro, logra sobrellevar la crisis, pero teniendo una familia numerosa debió sacrificar la continuidad de los estudios de dos de sus hijos.
Por lo tanto, la difícil situación económica que afecta al país no sólo se hace notar en la zona urbana. Hay familias de la zona rural que deben privarse de algunos servicios porque los ingresos no alcanzan y sienten un enorme alivio de contar con un pedazo de tierra donde cultivar y criar para el autoconsumo.
Una de las problemáticas registra al momento de comercializar los productos porque los clientes no aceptan aumentos y ante la inflación, mantener los precios hace que sostengan las ventas, pero en consecuencia, el ingreso no alcanza.

Cultivos anuales para zafar
La zona rural de San Pedro, ocupa más del 60% del total de la superficie y es posible observar una pujante actividad productiva basada en yerba mate, tabaco, maíz, ganadería y té, pero también van en alza los cultivos anuales -como hortalizas- y la cría de aves y cerdos.
Esta diversificación en las parcelas de tierra es la alternativa a la que se aferran los colonos al momento de aumentar los recursos económicos porque solamente con un tipo de actividad resulta muy difícil afrontar los aumentos tanto en servicios como alimento.

La cara de la crisis
Una de las familias que se ve muy afectada por la crisis reside en Cruce Caballero, un poblado que se encuentra a unos 18 kilómetros de la Capital de la Araucaria.
Mario Rodríguez (42) y su esposa Marisa Machado (38) son padres de diez hijos, el mayor con 22 y el menor con 3 años. Desde hace una década se dedican al cultivo y comercialización de hortalizas, fuente principal de ingresos para sustentar a numerosa familia que no percibe asignación por hijo, sino sólo una pensión de madre de siete hijos.
Aparte de la plantación contaban con un comercio que dieron de baja porque no pudieron sostenerlo.
La situación comenzó a complicarse en los últimos dos años porque además de la inflación sufrieron pérdidas importantes con las inclemencias climáticas lo que en cierta forma atrasó el cultivo, que de a poco lograron reestablecerlo enfrentándose a un problema constante relacionado con la calidad de las semillas que últimamente les juega una mala pasada, pero no se dan por vencidos, y juntos trabajan para sacar el emprendimiento adelante.
Si bien el esfuerzo y el anhelo por salir adelante son enormes, el alto costo de vida preocupa y es motivo de desesperación por parte de los progenitores al no lograr satisfacer las necesidades de los hijos, al punto de que dos de ellos debieron abandonar el nivel medio.
“Tuvimos que terminar con el negocio, tenemos una familia compuesta por doce integrantes, consumimos mucho y la producción no alcanza para sustentarnos, dos chicos tuvieron que dejar el colegio por la economía, porque el estudio implica inversión en útiles, vestimenta, calzados. Acá son seis los que van a la escuela, hay días que no sabes para dónde correr”, indicó angustiado Rodríguez a El Territorio.
La familia se dedica a la venta de verduras como cebolla de verdeo, perejil y lechuga en varios comercios de la localidad. Cada mazo se comercializa a 15 pesos, el mismo precio que cuando costaba 150 pesos el kilo de carne, hoy cotizado por sobre los 350 pesos.
La brecha de precios entre el productor y el consumidor es un tema que afecta a los colonos: “Querés aumentar tu producto y la gente no quiere comprar, vendemos la misma cantidad que antes, pero no alcanza porque todo está muy caro, afecta mucho no tener para darle todo a los hijos”, sostuvo Rodríguez.

Amañarse para sobrevivir
A diferencia de la zona urbana, quienes viven en la chacra se sienten privilegiados al poder cultivar y contar con el alimento producido por mano propia y buscan generar rentabilidad mediante la diversificación y el aprovechamiento máximo de las hectáreas con la que cuentan. Tal es el caso de Jerónimo Montero, quien cría aves tanto para carne como para huevo y apuesta a la apicultura.
Comercializa en una de las ferias que funcionan en la localidad. “En la chacra si se trabaja no se pasa hambre, no es fácil, pero yo ya viví en la ciudad y no cambiaría la chacra por vivir en la zona urbana”, sostuvo Montero. “Acá comés lo que producís y vendés para poder seguir incrementando alternativas. Está todo muy caro, pero hay que amañarse y se puede” añadió.
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