Origen, desarrollo y visiones del gaucho para entender la nación

lunes 03 de junio de 2019 | 5:00hs.
La argentinidad, con sus grietas y diferencias, ha sido sintetizada desde hace más de 100 años en la figura del gaucho. Pero, ¿cómo es que el gaucho logró convertirse en un símbolo nacional?
Mientras que las élites del siglo XIX proponían fundar la Argentina en una cultura blanca y europea, el llamado “criollismo popular” colocaba al gaucho como centro de la escena rioplatense con un claro objetivo: restituir el ser nacional a lo mestizo, hablar de las clases bajas, de la vida rural y de los abusos de los poderosos. 
Sin embargo, a partir de la lectura de Leopoldo Lugones en El Payador (1916) durante el primer centenario argentino, las clases altas también se apropiaron de esta figura, de una manera distinta.
En esa dirección, El gaucho indómito, del historiador Ezequiel Adamovsky (libro editado por Siglo XXI) es un ensayo que intenta recorrer esta especie de fenomenología del gaucho argentino. El autor le contó a Clarín algunos aspectos de su investigación.
Sobre el origen de la palabra, dice que “hay diversas teorías sobre el origen del vocablo, ninguna del todo convincente. Cuando apareció refería a hombres de a caballo, del bajo pueblo, que se internaban en la extensión pampeana para cazar ganado sin importar si tenía dueño o no. Se lo relacionaba con el cuatrerismo, con algo delincuencial”.
No obstante, en un momento determinado se empezó a utilizar con valoración positiva, lo que Adamovsky atribuye a que, durante las guerras de independencia, aparecieron los llamados ‘gauchos patriotas’, “hombres del campo que peleaban a caballo y que muchas veces fueron decisivos en las victorias”.
“En cualquier caso, se compusieron en tiempos de la independencia cielitos y otros textos de circulación popular en los que era ya un “gaucho” el que llevaba la voz cantante y hablaba en nombre del pueblo, sea insultando a los españoles o criticando a la dirigencia patriota. Fue desde temprano un personaje con una voz política”, cuenta el autor en relación a la literatura generada en torno a esta figura.
Existe una estructura narrativa recurrente en la gauchesca: un gaucho se ve empujado a la mala vida y termina fugitivo. Sobre ello, el autor replica que “el gaucho es siempre alguien que no encaja en el orden social, que enfrenta al Estado y a sus agentes, a los ‘dotores’ de la ciudad, a veces a los estancieros y a los gringos. Es una voz crítica y a la vez rebelde”.
El gaucho denuncia la legalidad oficial y ofrece otro código de justicia, la que realiza por mano propia: “El mensaje es que el cuchillo del gaucho es más justo que la ley del Estado que lo oprime”.
Desde muy temprano el gaucho se convirtió en un emblema popular, “y como hablar de lo popular es inevitablemente hablar también sobre la Nación, obligó a las élites a lidiar de algún modo con el atractivo que tenían esos héroes gauchescos que habitualmente exaltaban lo plebeyo y se rebelaban contra el Estado”.