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Los políticos y los falsos meteorólogos

jueves 01 de noviembre de 2018 | 5:00hs.
Los políticos y los falsos meteorólogos
Alfredo Yaquinandi

Por Alfredo Yaquinandi Computador Científico

Fake news es un término que puede traducirse como “noticias falsas”y fue recientemente popularizada por el presidente Trump en sus polémicos discursos. No es nada nuevo y antes se conocía como “campaña sucia”. Solo que ahora es un producto de las redes sociales y son generadas por otro fenómeno contemporáneo, los trolls: grupos de jóvenes poco honestos afectos a publicar comentarios maliciosos y provocadores sobre miembros de la comunidad y que suelen ser contratados por políticos por su capacidad de provocar enfrentamientos y ridiculizar ideas o proyectos de los opositores.
Como compensación por su tarea en la campaña política, los políticos suelen contratarlos en la administración pública (sin concursos pero con estabilidad), inmediatamente después de ganada una elección, para evitar que les jueguen en contra durante la gestión, naturalmente pagando altos sueldos que paga toda la sociedad. Los destinos laborales más comunes son los medios periodísticos, donde puedan seguir realizando su tarea de alborotadores culturales. Es bastante común verlos transformados en meteorólogos, aprovechando la situación irregular de la profesión durante los más de 40 años ininterrumpidos -de 1966 (Decreto/Ley de Onganía) a 2007- en que el Servicio Meteorológico Nacional estuvo en manos de militares, que con apenas un cursillo de pocos meses en Ezeiza, cumplían con la tarea de pronosticar (alguno, como el jefe del Servicio Meteorológico de Posadas solo contaba con estudios primarios) mientras los profesionales de la carrera Ciencias de la Atmósfera veían inhibido el ejercicio de la profesión, salvo honrosas excepciones como la licenciada Nadia Zyncenko con 30 años como meteoróloga de Canal 7 y que recientemente fuera despedida por ser demasiado “grande”.
Como consecuencia de esos 40 años de atropello, todos los proyectos de ley sobre la regularización de la profesión fueron sistemáticamente demorados o “cajoneados”, evitando determinar las condiciones de idoneidad para ejercer la profesión, como de hecho sucede en cualquiera otra disciplina en el país. Porque de la meteorología también depende la vida al igual que en la medicina y es de índole semejante a la economía y a la abogacía, porque de ella también dependen nuestros bienes y el respeto por nuestros derechos.
Nadie en su sano juicio nombraría como médico ni pondría como albacea de sus bienes a una persona no idónea. Y en una época en que los fenómenos meteorológicos extremos son cada vez más frecuentes, ante la vigencia del cambio climático global, no es conveniente que la Argentina siga como en el siglo pasado sin tener una Ley Nacional de Meteorología (hoy en tratamiento en el Senado Nacional) que regule la actividad.
Hasta hoy, la ausencia de esta ley ha permitido que en diferentes puntos del país proliferen los “expertos” o “especialistas”o incluso simples entusiastas, sin posesión de títulos universitarios habilitantes y en muchos casos con algunos cursos de formación, en particular en instituciones de las Fuerzas Armadas, orientados generalmente a la observación y registración meteorológica, que se asumen como “meteorólogos”.
Como consecuencia de estas carencias, la carrera específica, Ciencias de la Atmósfera, solo mantiene hoy un promedio de cinco alumnos por año: ¿quién habría de sacrificarse durante 6 a 9 años, estudiando una carrera difícil, lejos de su casa, y a un alto costo, si puede tener el mismo puesto que un graduado, simplemente haciéndose amigo del político de turno?. También hoy vemos cómo muchos periodistas de medios gráficos locales obsequian a los entrevistados el título de meteorólogo, y hasta pude verlo en este mismo diario, en la edición del pasado domingo, aparentemente con el solo fin de darle mayor “peso” a la nota, ya que el entrevistado no se identificó como tal.
Pero hay otro aspecto que descubre la nebulosa en la que viven muchos de nuestros dirigentes políticos: Alerta Temprana es un concepto derivado del Sistema Nacional de Protección Civil, y como tal sustenta la interacción entre distintos actores: la sociedad civil, los centros de investigación meteorológica e hidrológica, los medios de comunicación y el estado.
Alerta temprana no está para elaborar pronósticos meteorológicos, es la cabecera de un sistema de información entre los recursos y las demandas ante situaciones de riesgo o emergencia, tratando de minimizar los daños.
Esta anormalidad ha generado un deterioro en la confiabilidad de la población en los pronósticos y un desprestigio de la profesión.

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