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Caso del arenero Scholz: cuatro acusados a juicio por homicidio

martes 03 de abril de 2018 | 5:00hs.
Caso del arenero Scholz: cuatro acusados a juicio por homicidio
Juan Carlos Scholz tenía 53 años.
Juan Carlos Scholz tenía 53 años.
Ese domingo de noche, el empresario arenero Juan Carlos Scholz (53) regresó a su casa cerca de la costa del río Paraná -en las afueras de la localidad de San Ignacio- con absoluta tranquilidad, sin imaginar siquiera por un instante que ese lugar se había transformado en una trampa mortal. 
Un grupo de maleantes oriundos de Posadas, imaginando que poseía mucho dinero en efectivo guardado en alguna de las habitaciones, lo esperó agazapado entre los arbustos. Ni bien puso un pie afuera de su camioneta fue abordado, lo apuntaron con un revólver y exigieron que entregue todo a riesgo de perder la vida. 
Pero Scholz estaba dispuesto a no entregar pacíficamente lo que con tantos años de esfuerzo consiguió. Los enfrentó a mano limpia suponiendo que iba a poder con ellos, o a lo sumo se escaparían. Se equivocó. Los asaltantes estaban dispuestos a todo. 
Forcejearon, lo tumbaron al suelo y lo patearon con fiereza hasta que pudo ponerse de pie. Los ladrones siguieron pegando y exigiendo, pero Scholz no tenía la plata que pretendían y, en ese contexto de furia y defensa, le dispararon dos veces. Lo hirieron de muerte y salieron del sitio en el vehículo que había quedado con la llave puesta.
Tambaleando, con poca fuerza y al borde del desmayo, el empresario subió a una Ford 150 de su arenera y salió detrás de los asaltantes. También pretendía avisar a la Policía que le quedaba de paso y buscar ayuda en el hospital, pero no pudo. La muerte le ganó de mano.
Recién durante la madrugada del día siguiente lo encontraron. Scholz murió desangrado sentado en el asiento de su camioneta después de chocar contra un alambrado que delimitaba una chacra del camino que conducía directo a su propiedad.
El homicidio fue cometido hace más de dos años, el 20 de marzo de 2016. Para sorpresa de los investigadores de la Dirección Homicidios de la Policía de Misiones y de la Secretaría de Apoyo para Investigaciones Complejas (Saic) del Poder Judicial, fue filmado por las más de 20 cámaras de seguridad que Scholz había colocado un mes antes. 

Homicidio en ocasión de robo
Intuición de Scholz o no, las imágenes fueron clave para que, esa misma semana, sea capturado el grueso de los sospechosos que participaron. 
Fue el 22 de marzo. En base a dichas filmaciones, cuatro hombres fueron detenidos luego de un gran despliegue policial en distintos barrios de Garupá, consistentes en una serie de allanamientos en distintas casas y en las cuales se incautaron elementos fundamentales para la causa. 
Son Alberto ‘Beto’ Martínez (28), Roberto ‘Quimbi’ Cardozo (29) y Orlando ‘Murdock’ Giménez (33), además de Miguel Zaleski (33). Los tres primeros, junto a un quinto apresado en agosto de ese mismo año, Juan De Lima (39), esperaron al arenero, lo enfrentaron a golpes de puño, patadas y culatazos hasta que finalmente lo asesinaron. 
Para los detectives que trabajaron en la investigación, Beto sería quien llevaba el revólver calibre 38 hallado en su propiedad y creen con mucha certeza que incluso efectuó los disparos que terminaron con la vida del empresario.
Todos permanecen detenidos desde entonces, con prisión preventiva e imputados por el delito de homicidio en ocasión de robo. Se encaminan hacia al debate oral, a excepción de Zaleski, quien primero fue excarcelado, previo pago de una caución real de 50.000 pesos, y ahora fue sobreseído al determinarse judicialmente que no participó en el frustrado robo.
Lo habían acusado de aportar el Volkswagen Gol con el que llegó la banda a la escena del crimen y en su auto encontraron elementos que, en un principio, lo ubicaban en el sitio. Pero al final eso fue desestimado, lo que significó su desvinculación del caso a instancias de una decisión del titular del Juzgado de Instrucción Uno de Posadas, Marcelo Cardozo. 
El expediente será girado en los próximos días al fiscal interviniente, que dará el visto bueno para elevar la causa a la última instancia del proceso.

Un ataque con saña
Scholz, conocido como Gordo, era propietario de la empresa de transporte y arenera Hércules, situada en la zona del puerto viejo de la costa del río Paraná. 
Su cuerpo fue encontrado a unos cuatro kilómetros de su vivienda. Tenía a simple vista dos balazos, uno en la cabeza y otro en el abdomen, como también heridas punzocortantes y marcas de golpes hechas por sus victimarios a modo de salvaje tortura.
Inicialmente, paralelo a la teoría del robo, se investigó un supuesto crimen por encargo, sobre todo por la saña con la que actuaron los asesinos y el repentino interés de algunas personas en adquirir el emprendimiento arenero que la víctima se negaba a vender. 
Pero con el devenir de la pesquisa, el asalto como móvil del crimen quedó definido y se sustentó  con las declaraciones de los imputados, elementos incautados, registros fílmicos y el testimonio de los empleados de Scholz. 
Uno de ellos, Martín Sánchez, detalló que fue corrido a balazos después de que los delincuentes salieran de entre los arbustos para reducir a su patrón: “Me llamó desesperado (por Scholz), corrí hasta la casa y lo vi boca abajo. Uno le pegaba piñas y el otro le apuntaba con el arma”, contó en ese momento, y agregó: “El que estaba arriba de mi jefe se levantó y me disparó dos veces. Como pude corrí hacia el monte y no sé cómo zafé porque me tiró a matar”.
Herido, Scholz los persiguió revólver en mano. “Siempre decía que si lo llegaban a robar tenían que matarlo directamente, o si no él iba a matar a los delincuentes”, recordó Sánchez. 

Minutos letales

20.36
Los delincuentes son captados por una cámara, escondidos entre arbustos.
20.44
El empresario llega, estaciona su camioneta, se baja e inmediatamente es abordado de atrás. Son tres asaltantes.
20.45
Lo tumban al piso. Lo golpean con fiereza y en ese contexto es baleado.
20.47
Scholz Se levanta. Pelea con uno con fuerzas mínimas. Ingresa a la casa mientras los sujetos escapan a bordo de su camioneta.
20.49
Sale empuñando su revólver. Tambaleante, ensangrentado, sube a una Ford 150 ploteada con el logo de su arenera. Manejó alrededor de cuatro kilómetros hasta que murió.



Por Cristian Valdez

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