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Al rescate del grabado xilográfico

viernes 20 de octubre de 2017 | 5:00hs.
Al rescate del grabado xilográfico

Octubre no es un mes más para el artista plástico Héctor Martinoli. Inspirado por el calendario, el entrerriano radicado en Misiones desde 1954 se propuso rescatar la disciplina del grabado que tuvo su época de gloria en la tierra colorada durante la década del 90, cuando él se desempeñaba como director de Artes Plásticas de la provincia. Bajo su impulso, se organizaron exposiciones, talleres, concursos y hasta se conformó una Asociación de Grabadores (en 1993) que buscó hacer florecer la semilla sembrada por los jesuitas en la tierra roja.
La milenaria técnica, que tuvo a Hugo Viera, Mandové Pedrozo, Marcos Otaño padre y a Juan Yaparí, grabador del pueblo guaraní, entre sus grandes exponentes locales, consiste en realizar una estampa obtenida por impresión de una matriz. Para ello, los artistas deben tallar un dibujo en madera y luego a través de la colocación de tinta reproducirlo en telas, o papeles.
“La técnica del grabado es bellísima. Comenzó de forma humilde, al principio para decorar armas y piedras preciosas. Hasta que descubrieron que se podían sacar copias, aún antes de la invención de la imprenta”, destacó Martinoli, cuyos trabajos llegaron a exponerse en el Museo Nacional del grabado.
A la hora de describir el proceso, el experto grabadista precisó que contempla varias etapas: “Lo primero es elegir un tema, luego se hace el dibujo, se calca sobre una plancha de madera y se le pasa témpera gris. Lo más apasionante es la talla de la madera que en la antigüedad se hacía con cuchillos, luego llegaron las gubias y el buril (elementos modernos de tallado). Debe usarse una madera sin fibra y que no sea tan dura. Una vez que el dibujo está tallado, se pasa un rodillo con tinta negra por encima del grabado y se coloca bajo una prensa junto a la superficie que se desea estampar”.

Un poco de historia
Esta técnica que Martinoli convirtió en la razón de su vida fue estimulada en Misiones desde la Escuela de Disciplinas Estéticas de Oberá bajo la impronta del profesor Alberto Musso, quien sentó los pilares de la actual Facultad de Artes. En Posadas, la misión recayó en Juan Carlos Solís, quien transmitió los rudimentos de la xilografía al entonces joven pintor y músico Lucas Braulio Areco.
En ese marco, el artista plástico aseveró: “Más tarde desde la Escuela de Artes y Artesanías de la Provincia se profundizó con la materia Grabado, impartida por Marcos ‘Colorín’ Otaño, hasta que la Unam crea el Taller Juan Carlos Castagnino”, sostuvo el artista plástico.
En esa misma línea, Héctor recordó: “Luego, con la creación del Instituto Montoya llega a Misiones la primera prensa, iniciándose la práctica de grabado en metal, con la profesora Susana Domínguez de Soler. Fueron muy grandes los aportes, desde Oberá de los profesores Carlos Wall  y Abelardo Ferreyra”.
Sin embargo, el tiempo fue borrando los trazos y la tecnología reemplazó a la pasión por el arcacico arte de grabar. “Hubo muchos grabadores misioneros, pero hoy día veo con pesar que falta movimiento, exposiciones y salones”, lamentó.
 A sus 80 años, Martinoli abandonó por un momento el taller que lo cobija en cuerpo y alma para realizar un último trabajo, tal vez el más importante legado que dejará: tallar en el corazón de los misioneros la necesidad de rescatar el grabado.

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