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Bola 8, el múltiple homicida brasileño que cayó en Misiones

domingo 30 de julio de 2017 | 5:00hs.
Bola 8, el múltiple homicida brasileño que cayó en Misiones
Jair Figleski tiene 30 años.
Jair Figleski tiene 30 años.

La bola 8 es la protagonista en el billar. Es la bola diferente. Es la que no está ningún grupo, la independiente. Y también es la bola que te puede llevar a la gloria o a la perdición. En distintos contextos del juego, esa esfera negra puede transmitir ambición o riesgo. Todo dependerá de las habilidades del jugador, pero siempre existirá una porción de infortunio que te puede condenar a la desgracia.
 El protagonismo de la tradicional bola 8 trasciende el paño de una mesa de billar. Muchos decidieron llevárselo a la piel en forma de tatuaje. Es más, en varios rankings está incluido como uno de los 50 diseños más utilizados a la hora de dejar una marca en la eternidad de los cuerpos.
Los tatuadores explican que el tatuaje de la bola 8 aborda una multiplicidad de significados, pero siempre predominan los mensajes de azar, riesgo y desgracia. Y eso es lo que pareció caracterizar a Jair Figleski (30), un múltiple homicida brasileño que fue atrapado en Misiones el año pasado, en cuyo procedimiento fue clave para su identificación la bola 8 negra que tenía tatuado en su brazo izquierdo.
Figleski era uno de los más buscados de Brasil desde enero de 2014, cuando se escapó de la Prisión Estadual del municipio de Vacaria, en Río Grande Do Sul, a unos 550 kilómetros de la frontera con Misiones.
El sujeto había estado detenido en esa penitenciaria desde el 25 de septiembre de 2013, cuando en San Pedro, en el interior de Vacaria, llegó a una vivienda rural y sin mediar palabras remató a balazos a Zelcio Dos Santos Lima (44) y a Dário Sotil de Carvalho. 
Luego, con el mismo revólver calibre 38, apuntó en la cabeza a Clovis José Lima Blanco (64), a quien obligó a juntar los elementos de valor que había en el lugar y cargarlos en el Chevrolet Corsa de Dos Santos.
Con un magro botín de 700 reales y un equipo de música, Figleski se dio a la fuga, pero antes de eso gatilló contra Blanco y prendió fuego la vivienda con sus tres víctimas adentro.
Sin embargo, su último disparo no fue tan preciso como los dos anteriores. El proyectil impactó en el cuello de Blanco, quien fingió su muerte y cuando vio que el atacante huyó, logró escapar de la casa en llamas para ser socorrido por vecinos. El hombre quedó internado en el hospital local y desde allí aportó datos clave para la Policía.
Al día siguiente, el Chevrolet Corsa apareció calcinado cerca de la casa de Figleski, por lo que su captura no demoró en concretarse y ante los uniformados confesó la autoría del macabro doble crimen.
En sede policial, los uniformados brasileños constataron que la saña demencial de Figleski no era nueva. Su nombre ya aparecía en al menos catorce expedientes instruidos por la Justicia de ese país en causas por asesinatos, robos calificados, lesiones, conspiración y conducción temeraria, entre otras.
De inmediato, fue calificado como un criminal de alta peligrosidad, por lo que fue llevado a la Prisión Estadual de Vacaria. Allí estuvo alojado menos un año, mientras esperaba el juicio en su contra, en el cual podría recibir una condena de entre 48 y 80 años de prisión, según lo establecido por las normas punitorias de Brasil.
Pero Figleski tenía otra jugada bajo la manga. El 25 de enero de 2014 a la mañana se fugó del penal y desde ese momento se mantuvo en la clandestinidad, poniendo en alerta a las fuerzas policiales de todo el sur brasileño.
Así estuvo hasta abril del año pasado, cuando fue atrapado por la Policía de Misiones mientras intentaba ingresar a la Argentina por la Aduana de San Antonio. Lo hacía con un documento apócrifo a nombre de Carlos Ponce, pero su tatuaje lo terminó delatando.
Es que el 29 de febrero de ese año, una pareja de colonos que vivía en una propiedad del paraje Puente Alto de Pozo Azul fue sorprendida por un delincuente que casi sin mediar palabras abrió fuego contra ambos. El atacante se dio a la fuga inmediatamente después, sin llevar ningún elemento de valor del lugar.
En contrapartida, Elvio Antúnez (35) y Viviana R. (32) resultaron gravemente heridos y debieron ser internados. La investigación policial comenzó y la causa se instruyó como doble tentativa de homicidio, aunque pocos después el dueño de casa falleció y la situación se agravó.
Los pesquisas comenzaron a recabar información del caso y a recolectar elementos. Y la primer pieza fue la clave: un tatuaje en forma de bola 8 en el brazo del sospechoso. Casi al mismo tiempo los pesquisas pudieron establecer que el atacante sería una persona conocida en la zona como ‘el Brasilero’. Las dos pistas confluyeron y la mira se posó sobre un solo sujeto: Figleski.

Por Jorge Posdeley
fojacero@elterritorio.com.ar

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