Destinos cruzados

miércoles 15 de febrero de 2017 | 6:00hs.

En la semana del 80º aniversario de la muerte de Horacio Quiroga, le dejo esta perlita. Leyendo, hágame caso lector, lo sorprenderá esta trama. 
Carlota Ferreira nació en Montevideo en 1838; en 1872 enviudó de Emeterio Regunaga, ministro uruguayo. Tenían tres hijos.
En 1881 se casó con Ezequiel de Viana. Volvió a enviudar al poco tiempo.
En 1883 conoció al pintor Juan Manuel Blanes. Iniciaron un turbulento romance que finalizó en 1886, cuando Nicanor, el hijo del pintor, huyó con ella.
En 1895, liberada cuarta vez, Carlota se casó con Julio Jurkowsky, médico polaco de brillante carrera en Uruguay, padre de una niña de 12 años. Los tres se mudaron Salto (Uruguay) donde Jurkowsky instaló una clínica psiquiátrica. Por esos días, Carlota, adicta a la morfina, pasaba las tardes drogada en los jardines de la clínica de su marido.
Vamos entrando en lo mejor: en el carnaval de 1898, Horacio Quiroga (20) conoció a María Esther (14), la citada hija del doctor Jurkowsky. Fue su primer amor, pero ambas familias se oponían firmemente a la relación; los Quiroga objetaban a la madrastra de María Esther que a su vez deseaba para su hijastra un marido judío. La joven fue enviada a la capital porteña para separarla del escritor.
En 1905 Horacio y María Esther se reencuentran... pero ya son otros. La desilusión de su amor de juventud lo llevó a escribir Una estación de amor, que inaugura el volumen Cuentos de amor de locura y de muerte.
Jurkowsky abandona a Carlota, y fuga con Rosalía, su enfermera, rumbo a Apóstoles para trabajar en el hospital local.
En adelante, no se sabe qué fue de Carlota: ¿permaneció en Salto o fue tras él a Misiones?
Una leyenda nos cuenta que la llamaban “la loca”, trepaba desnuda a los árboles cantando óperas italianas, y que Carlota, fiel a un destino digno de un relato quirogueano, terminó suicidándose en 1912.