Un mártir de la ciencia
lunes 15 de agosto de 2016 | 6:00hs.
Un mártir de la ciencia
Giordano Bruno (1548-1600) fue un filósofo y poeta renacentista italiano cuya dramática muerte dio un especial significado a su obra, convirtiéndolo en un personaje enigmático de la Historia. Nació en Nola, cerca de Nápoles. Su nombre de pila era Filippo, pero adoptó el de Giordano al ingresar en la Orden de Predicadores, con quienes estudió la filosofía aristotélica y la teología tomista. (Aristóteles, como autor de un sistema filosófico y científico que se convertiría en base y vehículo del cristianismo medieval y de la escolástica islámica y judaica, ha determinado, más que cualquier otro filósofo, la orientación y los contenidos de la historia del pensamiento occidental. Por su parte, el Tomismo es la escuela filosófica y teológica que surgió como legado del conocimiento y el pensamiento de Santo Tomás de Aquino, autor de Summa Theologiae, uno de los documentos más influyentes en el conocimiento medieval). Pero Giordano era un pensador independiente abastecido por un espíritu atormentado. Abandonó la orden en 1576 para evitar un juicio en el que se le acusaba de desviaciones doctrinales y a partir de entonces inició una vida errante que le caracterizaría hasta el final de sus días: visitó Génova, Toulouse, París y Londres, donde residió entre 1583 hasta 1585, bajo la protección del embajador francés y frecuentó el círculo del poeta inglés Philip Sidney. Fue el periodo más productivo de su vida, en esos años escribió La cena de las cenizas y su obra más importante Del Universo infinito y los mundos (1584).
Copérnico
En Londres se dedicó también a enseñar en la Universidad de Oxford la entonces novedosa cosmología copernicana, atacando (renegando) al tradicional sistema aristotélico. Bruno rechazaba, como Copérnico, que la Tierra fuera el centro del cosmos; pero no sólo eso: llegó a sostener que vivimos en un universo infinito (introdujo el concepto por primera vez) repleto de mundos donde seres semejantes a nosotros podrían rendir culto a su propio Dios. Tenía también una concepción materialista de la realidad, según la cual todos los objetos se componen de átomos que se mueven por impulsos: no había diferencia, pues, entre materia y espíritu, de modo que la transmutación del pan en carne y el vino en sangre en la Eucaristía católica era, a sus ojos, una falsedad. En 1585 retó a los seguidores del aristotelismo a un debate público en el College de Cambrai (Francia), donde fue ridiculizado, atacado físicamente y expulsado del país. En los cinco años siguientes vivió en diversos sitios del centro y este de Europa, como Marburgo, Mainz, Wittenberg, Praga, Helmstedt, Frankfurt y Zurich. Se dedicó a escribir muchos trabajos en latín sobre cosmología, física, magia y el arte de la memoria. A Giordano Bruno se le debe una demostración elemental que el Sol es más grande que la Tierra.
Traición y tortura
En 1591 recibió una invitación para ir a Venecia de parte de Zuane Mocenigo, quien lo requería para aprender sobre el Arte de la Memoria. Las relaciones entre profesor y alumno no fructificaron, en parte porque Mocenigo veía a Bruno como un mago y no como el pensador que efectivamente era. Al tratar de abandonarlo, Monciego lo denunció a la inquisición por las, según él, ideas herejes que le había transmitido. Bruno fue apresado por la inquisición e interrogado en Venecia, sin embargo, al ser solicitado por Roma fue trasladado a esa ciudad. Borges llama a Mocenigo “el segundo Judas de la Historia”. Estuvo prisionero en Roma durante siete años. En muchas ocasiones Bruno ofreció retractarse de sus acusaciones, sin embargo no le fueron aceptadas. Finalmente decidió no retractarse, aunque no se sabe por qué tomó esta decisión. El 20 de Enero de 1600 el Papa Clemente VIII ordenó que Bruno fuera llevado ante las autoridades seculares, el 8 de febrero fue leída la sentencia en que se le declaraba herético impenitente, pertinaz y obstinado. Fue expulsado de la iglesia y sus trabajos fueron quemados en la plaza pública. Durante todo el tiempo fue acompañado por monjes de la iglesia. Antes de ser ejecutado, uno de ellos le ofreció un crucifijo para besarlo, el cual rechazó y dijo que moriría como un mártir. El 19 de febrero, a las cinco y media de la mañana, Bruno fue llevado al lugar de la ejecución, el Campo dei Fiori (Roma). Según la costumbre, los prisioneros eran conducidos en mula, pues muchos no podían mantenerse en pie a causa de las torturas; algunos eran previamente ejecutados para evitarles el sufrimiento de las llamas, pero nuestro personaje no gozó de este privilegio: para que no hablara a los espectadores le paralizaron la lengua con una brida de cuero, o quizá con un clavo y cuando ya estaba atado al poste, un monje se inclinó, le mostró un crucifijo, pero Bruno volvió la cabeza. Las llamas (de ramas verdes que demoraron su agonía) consumieron su cuerpo. Sus cenizas fueron arrojadas al Tíber. Desde entonces, ha sido convertido en mártir de la ciencia por la defensa de las ideas heliocentristas, sin embargo, la causa principal de su juicio fue la teología neognóstica, la que negaba el pecado original, la divinidad especial de Cristo y ponía en duda, como quedó dicho, su presencia en la eucaristía.
Copérnico
En Londres se dedicó también a enseñar en la Universidad de Oxford la entonces novedosa cosmología copernicana, atacando (renegando) al tradicional sistema aristotélico. Bruno rechazaba, como Copérnico, que la Tierra fuera el centro del cosmos; pero no sólo eso: llegó a sostener que vivimos en un universo infinito (introdujo el concepto por primera vez) repleto de mundos donde seres semejantes a nosotros podrían rendir culto a su propio Dios. Tenía también una concepción materialista de la realidad, según la cual todos los objetos se componen de átomos que se mueven por impulsos: no había diferencia, pues, entre materia y espíritu, de modo que la transmutación del pan en carne y el vino en sangre en la Eucaristía católica era, a sus ojos, una falsedad. En 1585 retó a los seguidores del aristotelismo a un debate público en el College de Cambrai (Francia), donde fue ridiculizado, atacado físicamente y expulsado del país. En los cinco años siguientes vivió en diversos sitios del centro y este de Europa, como Marburgo, Mainz, Wittenberg, Praga, Helmstedt, Frankfurt y Zurich. Se dedicó a escribir muchos trabajos en latín sobre cosmología, física, magia y el arte de la memoria. A Giordano Bruno se le debe una demostración elemental que el Sol es más grande que la Tierra.
Traición y tortura
En 1591 recibió una invitación para ir a Venecia de parte de Zuane Mocenigo, quien lo requería para aprender sobre el Arte de la Memoria. Las relaciones entre profesor y alumno no fructificaron, en parte porque Mocenigo veía a Bruno como un mago y no como el pensador que efectivamente era. Al tratar de abandonarlo, Monciego lo denunció a la inquisición por las, según él, ideas herejes que le había transmitido. Bruno fue apresado por la inquisición e interrogado en Venecia, sin embargo, al ser solicitado por Roma fue trasladado a esa ciudad. Borges llama a Mocenigo “el segundo Judas de la Historia”. Estuvo prisionero en Roma durante siete años. En muchas ocasiones Bruno ofreció retractarse de sus acusaciones, sin embargo no le fueron aceptadas. Finalmente decidió no retractarse, aunque no se sabe por qué tomó esta decisión. El 20 de Enero de 1600 el Papa Clemente VIII ordenó que Bruno fuera llevado ante las autoridades seculares, el 8 de febrero fue leída la sentencia en que se le declaraba herético impenitente, pertinaz y obstinado. Fue expulsado de la iglesia y sus trabajos fueron quemados en la plaza pública. Durante todo el tiempo fue acompañado por monjes de la iglesia. Antes de ser ejecutado, uno de ellos le ofreció un crucifijo para besarlo, el cual rechazó y dijo que moriría como un mártir. El 19 de febrero, a las cinco y media de la mañana, Bruno fue llevado al lugar de la ejecución, el Campo dei Fiori (Roma). Según la costumbre, los prisioneros eran conducidos en mula, pues muchos no podían mantenerse en pie a causa de las torturas; algunos eran previamente ejecutados para evitarles el sufrimiento de las llamas, pero nuestro personaje no gozó de este privilegio: para que no hablara a los espectadores le paralizaron la lengua con una brida de cuero, o quizá con un clavo y cuando ya estaba atado al poste, un monje se inclinó, le mostró un crucifijo, pero Bruno volvió la cabeza. Las llamas (de ramas verdes que demoraron su agonía) consumieron su cuerpo. Sus cenizas fueron arrojadas al Tíber. Desde entonces, ha sido convertido en mártir de la ciencia por la defensa de las ideas heliocentristas, sin embargo, la causa principal de su juicio fue la teología neognóstica, la que negaba el pecado original, la divinidad especial de Cristo y ponía en duda, como quedó dicho, su presencia en la eucaristía.