Ernesto Maeder, el decano de la historiografía regional

domingo 22 de marzo de 2015 | 0:00hs.
Ernesto Maeder.
Ernesto Maeder.

La noticia del fallecimiento del historiador más importante del Nordeste argentino causó conmoción en los círculos académicos de todo el país. Sobre todo porque estaba en su máximo potencial intelectual y, a pesar de sus 83 años no había cedido en nada su brillante erudición. Y falleció en su ley. Aún no salen de su asombro los Miembros de Número de la Academia Nacional de la Historia, reconocidos historiadores del país, que por su valioso aporte a la historiografía nacional han llegado a ocupar los máximos asientos de la centenaria Academia. Allí, en ese espacio de la máxima intelectualidad de la Historia Argentina, luego de pronunciar un hilvanado y brillante homenaje al historiador mexicano Silvio Zavala, recientemente fallecido, Ernesto Maeder partía de este mundo, víctima de un infarto masivo, con el fondo de ruidosos aplausos de los académicos que, impactados por su discurso, de pie respondían a su brillante oratoria. ¡Ni en sus mejores sueños Maeder podría haberse imaginado una muerte tan digna! Y absolutamente merecida para quien dedicó su vida a la investigación científica.
Maeder fue de aquellos historiadores que ya casi no existen en este mundo posmoderno de búsqueda de resultados y éxitos inmediatos y sin grandes esfuerzos. Maeder pertenece a aquellos historiadores que buscan en los intrincados rincones de los archivos históricos, entre millares de desordenados papeles, la verdad histórica. No fue un “opinador” de la historia, ni menos un autor de libros basados en los preexistentes, práctica tan corriente en los tiempos presentes entre los que se precian de historiadores y jamás han visitado un repositorio documental. Maeder fue realmente un investigador de la historia regional del Nordeste. Los archivos de la Nación argentina, Nacional de Asunción, Nacional de Montevideo, General de la Provincia de Corrientes, Histórico de Rio Grande do Sul, La Biblioteca Nacional de Río de Janeiro, se constituían casi en sus segundos hogares.
Y ese cientificismo permitió que sus obras tengan un grado de objetividad inobjetable. Y, tan importante como aquello, que todos quienes pretendemos incursionar en la historia regional rioplatense tengamos a Maeder como base primera de lo que pretendamos conocer e investigar. Ni un solo historiador de la región de la cuenca rioplatense puede prescindir de las obras de Maeder. Sin ninguna duda ha sido el decano de la historiografía regional del litoral rioplatense.
He dedicado esta columna semanal de Historia Regional a recordar a Ernesto Maeder porque no me perdonaría jamás no dejar asentado públicamente el respeto y admiración a quien fuera mi maestro principal, junto con mi padre, de mi formación como historiador. Y esto seguramente lo repetirán muchísimos historiadores de mi generación y más aún de las nuevas que hoy pueblan las reuniones y congresos científicos dedicados a los estudios rioplatenses. Porque además de ser un lúcido decano y pionero de los estudios históricos de la región, Maeder fue un brillante orador y un maestro generoso para quienes se le acercaban a pedir su asesoramiento. Jamás negó un documento a quien se lo solicitara. Y su orden mental, que lo transportaba a un admirable orden en su biblioteca y en su archivo personal, hacía posible que la información que movía nuestro interés de la consulta fuera rápidamente satisfecha.
Ernesto Maeder era un porteño que se enamoró del NEA. A los 24 años, recién casado, decidió pasar el resto de su vida en estas tierras donde nacieron sus seis hijos.
Su preocupación para institucionalizar un centro de investigación de estudios del NEA lo llevó a crear en 1980 el IIGHI (Instituto de Investigaciones Geohistóricas) en Resistencia. Allí formó decenas de historiadores. Y allí lo conocí en 1982, como becario del Conicet, siendo director de mis proyectos de investigación. Juntos recorrimos decenas de congresos científicos en nuestro país y en varios países latinoamericanos. Y hasta tuve el honor de compartir una obra con él, “Corrientes Jesuítica”, publicada en el año 2006. Y esa estrecha relación continuó hasta los últimos minutos de su vida, porque la providencia quiso que estuviera reunido a solas con él en el ámbito de la Academia Nacional de la Historia, minutos antes de su muerte, coordinando mi presentación al acto formal de mi incorporación a esa academia en junio próximo, donde él, naturalmente, sería quien dirigiría las palabras de mi alistamiento a esa institución.
Se ha ido el pionero de los estudios de la Historia Económica de Corrientes en la época colonial, de la Historia General del Chaco, de las Misiones Jesuíticas y Postjesuíticas, de la Historia de Rio Grande do Sul. Más de 60 obras se han publicado de libros originales de aquellos grandes temas. La última, que corona su obra como el más grande historiador del Litoral rioplatense se titula “Misiones del Paraguay. Construcción jesuítica de una sociedad cristiano-guaraní (1610-1768)”, fue culminada y publicada el año anterior, cuando contaba con 82 años. En ella define con meticulosidad todos los aspectos de la Historia de las Misiones Jesuíticas entre los guaraníes, la obra más importante de la historia de la Iglesia en Hispanoamérica. Un libro que completa en todo el trabajo pionero de Guillermo Furlong en la década de 1960. A partir de esta obra ya nadie podrá prescindir de su lectura para conocer el mundo jesuítico-guaraní.
Hemos perdido también un docente de la Universidad Nacional de Misiones. Maeder era el profesor que daba los fundamentos principales en la Maestría en Cultura Jesuítico-Guaraní en la Facultad de Artes de la Unam en Oberá. Quienes formamos parte de la dirección de ese posgrado, como quienes lo cursan actualmente tenemos el honor de haber asistido al dictado de su último curso universitario, en noviembre del año pasado. Y no es poco decir de quien fuera no sólo un brillante intelectual, sino también un ex rector de la Universidad Nacional del Nordeste, ex ministro de Educación del Chaco, ex decano en varias oportunidades de la Facultad de Humanidades de la Unne.
La repentina muerte de Maeder nos paralizó a quienes lo admiramos. Pero, seguramente, cuando el tiempo que siempre significa un bálsamo para los dolores de las pérdidas humanas transcurra un poco más, los homenajes a este brillante historiador se repetirán y quienes lo hemos conocido y nos hemos familiarizado con sus consejos, sus conferencias, sus libros, sus afectos, nos sentiremos inmensamente honrados de que Dios nos permitiera ser parte de su vida.

Por Alfredo Poenitz / Historiador