En Misiones son menos de 7 mil y en 3 aldeas hay caciques mujeres
domingo 08 de septiembre de 2013 | 0:00hs.
El mundo mbya en su expresión natural. El mundo mbya en las aldeas, tierra adentro de las localidades de la provincia. Los mbya guaraníes son en Misiones menos de 7 mil. Todos quienes viven en la tierra colorada no alcanzan para llenar el estadio de Guaraní Antonio Franco, en el coqueto barrio posadeño de Villa Sarita.
En total son 6.500 de acuerdo al último censo realizado entre el 2012 y en los primeros meses de este 2013 por el Consejo de Caciques, dependiente de la Dirección de Asuntos Guaraníes de la provincia.
Esos 6.500 habitantes de la Nación Mbya Guaraní se dividen en 105 aldeas, las cuales siempre, cada año y muchas veces en el mismo año, se dividen y un grupo forma otra comunidad. La situación no es inusual, más bien responde a su propia idiosincrasia, la de nómadas, la de cambiar de lugar permanentemente.
Santiago Escobar, integrante del Consejo de Caciques, detalla que la división de comunidades suele suceder por la sencilla razón que “muchos lo hacen porque prefieren irse más adentro del monte, alejarse, estar sólo ellos con la selva, son comportamientos que se dan en las aldeas”.
Y por lo que se sabe, se explicó que hasta ahora en toda la provincia, unas 10 comunidades se formaron de esa forma, por diferencias entre lo que se pregona en toda la aldea y lo que quieren algunas familias.
Pero a pesar de ese comportamiento nómada, en la provincia hay comunidades que se van fortaleciendo a pesar de los innumerables problemas que tienen entre ellos mismos y en su compleja relación con el mundo blanco.
En Puerto Iguazú, la aldea Fortín Mbororé sigue siendo la más grande de todas con un total de 263 familias y aproximadamente 1.000 mbyas.
Casi a la mitad pero siempre sosteniéndose, se ubica a la comunidad de Perutí, en la localidad de El Alcázar. Allí viven 130 familias haciendo un total de 540 personas.
La cantidad de 6.500 en toda la provincia, debe decirse, es un número bajo en relación a los casi 8 mil que se contabilizaban hace poco más de una década. Pero en los últimos 5, la población de los mbya se estabilizó entre los 6 y 7 mil.
Las caciques
Eva Borja fue la primera mujer mbya elegida por su comunidad como cacique. Prácticamente 5 años después de ser la única en poder acceder a ese lugar de predominio del varón, en la Nación Mbya Guaraní, se sumaron dos mujeres más en ser las líderes de sus respectivas aldeas.
Alicia Cabrera, de la comunidad de El Chapá, ubicada en el municipio de Colonia Alberdi, y Ruperta Morínigo, de la comunidad de Yacutinga, en Gobernador Roca, son las mujeres que siguieron el camino de Eva.
“Las conozco bien a las 3”, dice Santiago Escobar. Y sin dudarlo, el secretario del Consejo de Caciques asegura que “ellas toman decisiones más correctas, no confrontan y quizás ésa sea la diferencia con los varones, que siempre están en el confrontamiento, ellas resuelven el problema, se focalizan en eso”, explicó y auguró que sigan apareciendo casos como el de estas tres mujeres, que sin dudas están rompiendo con el molde machista que siempre caracterizó a la población mbya.
Los caciques
La actual situación está marcada por continuas diferencias que se manifiestan sobre todo a nivel político más que el cultural. Esas diferencias brotan principalmente en los liderazgos de los jefes ya que reconocen la autoridad del cacique y del guía espiritual.
Para la elección de los caciques no hay cuartos oscuros ni nada igual cuando los blancos deben elegir a sus autoridades. Generalmente el hombre elegido tiene previamente un consenso ganado y es, precisamente, el guía espiritual quien termina “bendiciendo” a la persona para que maneje el destino de las familias en cada una de las aldeas. Por lo general, entonces, no hay necesidad de recurrir a preguntas específicas por quién se deciden, porque raras veces hay dos postulantes para ser caciques.
“Y cuando eso pasa, se le pregunta a las personas a quién eligen y se se hace abiertamente, sin esconderse de nada ni de nadie”, explicó Escobar, que detalló que casi siempre son jóvenes y se destacan por sus conocimientos culturales y políticos y su relación con el resto de la comunidad.
Y como sí también ocurre en el mundo blanco, en varias comunidades hay caciques que están en el liderazgo desde hace décadas, que se sostienen a pesar de los conflictos que en muchas ocasiones casi acabaron con sus gestiones.
Uno de ellos es Silvino Moreyra, de Fortín Mbororé, en Puerto Iguazú, que suma dos décadas en su difícil misión de conducir la aldea más grande. Otro en la misma situación es Salustiano Rodríguez, que lleva ya 15 años al mando de la comunidad de Fracrán.
En total son 6.500 de acuerdo al último censo realizado entre el 2012 y en los primeros meses de este 2013 por el Consejo de Caciques, dependiente de la Dirección de Asuntos Guaraníes de la provincia.
Esos 6.500 habitantes de la Nación Mbya Guaraní se dividen en 105 aldeas, las cuales siempre, cada año y muchas veces en el mismo año, se dividen y un grupo forma otra comunidad. La situación no es inusual, más bien responde a su propia idiosincrasia, la de nómadas, la de cambiar de lugar permanentemente.
Santiago Escobar, integrante del Consejo de Caciques, detalla que la división de comunidades suele suceder por la sencilla razón que “muchos lo hacen porque prefieren irse más adentro del monte, alejarse, estar sólo ellos con la selva, son comportamientos que se dan en las aldeas”.
Y por lo que se sabe, se explicó que hasta ahora en toda la provincia, unas 10 comunidades se formaron de esa forma, por diferencias entre lo que se pregona en toda la aldea y lo que quieren algunas familias.
Pero a pesar de ese comportamiento nómada, en la provincia hay comunidades que se van fortaleciendo a pesar de los innumerables problemas que tienen entre ellos mismos y en su compleja relación con el mundo blanco.
En Puerto Iguazú, la aldea Fortín Mbororé sigue siendo la más grande de todas con un total de 263 familias y aproximadamente 1.000 mbyas.
Casi a la mitad pero siempre sosteniéndose, se ubica a la comunidad de Perutí, en la localidad de El Alcázar. Allí viven 130 familias haciendo un total de 540 personas.
La cantidad de 6.500 en toda la provincia, debe decirse, es un número bajo en relación a los casi 8 mil que se contabilizaban hace poco más de una década. Pero en los últimos 5, la población de los mbya se estabilizó entre los 6 y 7 mil.
Las caciques
Eva Borja fue la primera mujer mbya elegida por su comunidad como cacique. Prácticamente 5 años después de ser la única en poder acceder a ese lugar de predominio del varón, en la Nación Mbya Guaraní, se sumaron dos mujeres más en ser las líderes de sus respectivas aldeas.
Alicia Cabrera, de la comunidad de El Chapá, ubicada en el municipio de Colonia Alberdi, y Ruperta Morínigo, de la comunidad de Yacutinga, en Gobernador Roca, son las mujeres que siguieron el camino de Eva.
“Las conozco bien a las 3”, dice Santiago Escobar. Y sin dudarlo, el secretario del Consejo de Caciques asegura que “ellas toman decisiones más correctas, no confrontan y quizás ésa sea la diferencia con los varones, que siempre están en el confrontamiento, ellas resuelven el problema, se focalizan en eso”, explicó y auguró que sigan apareciendo casos como el de estas tres mujeres, que sin dudas están rompiendo con el molde machista que siempre caracterizó a la población mbya.
Los caciques
La actual situación está marcada por continuas diferencias que se manifiestan sobre todo a nivel político más que el cultural. Esas diferencias brotan principalmente en los liderazgos de los jefes ya que reconocen la autoridad del cacique y del guía espiritual.
Para la elección de los caciques no hay cuartos oscuros ni nada igual cuando los blancos deben elegir a sus autoridades. Generalmente el hombre elegido tiene previamente un consenso ganado y es, precisamente, el guía espiritual quien termina “bendiciendo” a la persona para que maneje el destino de las familias en cada una de las aldeas. Por lo general, entonces, no hay necesidad de recurrir a preguntas específicas por quién se deciden, porque raras veces hay dos postulantes para ser caciques.
“Y cuando eso pasa, se le pregunta a las personas a quién eligen y se se hace abiertamente, sin esconderse de nada ni de nadie”, explicó Escobar, que detalló que casi siempre son jóvenes y se destacan por sus conocimientos culturales y políticos y su relación con el resto de la comunidad.
Y como sí también ocurre en el mundo blanco, en varias comunidades hay caciques que están en el liderazgo desde hace décadas, que se sostienen a pesar de los conflictos que en muchas ocasiones casi acabaron con sus gestiones.
Uno de ellos es Silvino Moreyra, de Fortín Mbororé, en Puerto Iguazú, que suma dos décadas en su difícil misión de conducir la aldea más grande. Otro en la misma situación es Salustiano Rodríguez, que lleva ya 15 años al mando de la comunidad de Fracrán.