La capilla que merece ser Monumento Nacional
Es de 1923 y además, el ícono de la historia religiosa de la inmigración en el Alto Paraná. Está en pie, ubicada en Puerto Rico. Cleto Rauber inició su declaración en los 80
lunes 11 de marzo de 2013 | 2:00hs.
Durante el gobierno de Raúl Alfonsín, el diputado por Misiones doctor Cleto Rauber (1936-2000) elevó su propuesta para la Declaratoria de Monumento Histórico Nacional de la primera iglesia parroquial de Puerto Rico (cercana al puerto, hoy Capilla San Miguel) ante la Comisión Nacional de Monumentos Históricos. No obtuvo respuesta durante su mandato, y en adelante el proyecto no fue continuado por sus sucesores. Hasta hoy permanece en el olvido. Letras consultó a dos entendidos en esta materia tan cara a los sentimientos de los misioneros: el doctor Guido Rauber, hermano del extinto diputado radical, y a la profesora Leonor Kuhn, ambos residentes en dicha localidad, quienes aportaron conjuntamente ricos pormenores de la vieja iniciativa de don Cleto Rauber, que se transcriben en la nota, y las históricas fotografías que la ilustran.
La piedra fundamental
Se sostiene habitualmente que Puerto Rico fue “fundada” el 15 de noviembre de 1919, pero no existe un acto fundacional. En realidad, la iglesia católica conmemora ese día a San Alberto Magno, bajo cuya advocación se desarrolló la acción eclesiástica en esta localidad. La colonización de Puerto Rico se inició con la comercialización de loteos urbanos y de quintas rurales por parte de la Compañía Colonizadora Alto Paraná dirigida por Carlos Culmey, quien atrajo a una fuerte corriente inmigratoria de alemanes-brasileños, todos de la religión católica, apostólica y romana. Para brindarles asistencia religiosa, Culmey se hizo acompañar por el reverendo Max von Lassberg, sacerdote jesuita del Obispado de Santo Angelo.
Lassberg llegó a Puerto Rico el 22 de noviembre de 1919, y a principios de 1920 convocó a una reunión de vecinos para poner a consideración la elección de un santo patrono. Por mayoría se aceptó la propuesta de que fuera San Alberto Magno, aunque se cree que ninguno de los vecinos presentes sabía en realidad quién fue; pero como confiaban en su sacerdote, la sugerencia fue aceptada sin discusión ni preguntas. El 13 de noviembre de 1921 se colocó la piedra fundamental y en ausencia de Lassberg, la ceremonia fue presidida por el reverendo Federico Rademacher, a la sazón cura párroco de Posadas.
Reliquia
Von Lassberg regresó a Brasil en marzo de 1922, y fue designado cura párroco de Puerto Rico el reverendo Carlos Stangier, sacerdote alemán que a partir de marzo de 1922 impulsó la construcción de la Iglesia Parroquial. Un año después (1923) fue reemplazado por el reverendo Federico Vormann, otro sacerdote alemán, quien inauguró el templo el 25 de noviembre de ese año. La construcción fue realizada en mampostería, y es una iglesia “de nave única, tipo galpón” (en “La arquitectura religiosa en madera en Misiones”, Liliana Oleksow, Fondo Nacional de las Artes, 2010) con techo a dos aguas, cubierto con chapas de zinc, cielorraso de madera en tablas, piso de madera de tablas de cedro, con ventanas y puertas de lapacho, con reclinatorios y un coro también en madera. Todo se conserva en perfecto estado de funcionamiento. La ejecución quedó en manos de Pablo Dapper, experto albañil brasileño, quien a falta de planos dibujó a mano alzada los croquis, y ninguno de los que participaron en la construcción recibió paga, pues la “colaboración en mano de obra” era considerada una obligación por parte de los católicos varones.
Los ladrillos que se emplearon fueron elaborados en la “olería de Engelsing” y el maderamen provenía del “aserradero de Hentz”, ubicados a 600 y 200 metros, respectivamente.
La imagen del patrono
En 1924, el reverendo Federico Vormann solicitó autorización a la Comisión Parroquial para encargar la imagen de San Alberto a una casa especializada de Buenos Aires. Dicha imagen fue entronizada en el altar del nuevo templo el día de las fiestas patronales. Lo curioso de esta imagen es que al ser proclamado como patrono de Puerto Rico, Alberto Magno aún no había sido santificado; lo fue en 1931, durante el pontificio de Pío XI.
La campana original
El templo tenía a lado izquierdo un campanario de madera y el 15 de noviembre de 1922 se le instaló una campana alemana de 167 kilos. Su destino queda por ahora sellado: desde 1959 está en la Capilla San Roque González, en San Alberto, donde permanece muda por presentar rajaduras en su estructura sonora.
La primera misa
Durante años el templo fue epicentro de las más variadas actividades religiosas de la comunidad. El sacerdote Aloysio Rauber, (familiar de Cleto Rauber) rezó en ella su primera misa el 22 de enero de 1928.
El abandono
Hacia 1950, (en 1941 había comenzado la construcción de una nueva iglesia parroquial en otros terrenos), declinó la convocatoria de “iglesia vieja” como algunos la denominan, hasta quedar sin atención eclesiástica. La propiedad de una hectárea entró en estado de abandono y hubo un intento de venderla, con el templo ya “desacralizado” incluido, pero la intervención del obispo de Corrientes, Monseñor Francisco Vicentín, frustró el proyecto de venta. En la oportunidad, el obispo manifestó “las propiedades de la Iglesia no se venden”.
Muchos años después, un grupo de vecinos logró que el parrocado de Puerto Rico lo rehabilite pero ya en calidad de capilla, bajo la advocación del Arcángel San Miguel, condiciones en las que continúa prestando servicios a la comunidad católica. En la capilla se encuentra aquella primera imagen de San Alberto Magno, de 1924.
El sueño posible
Constituye un caso emblemático en la historia del catolicismo en el Alto Paraná en Misiones. La actual capilla fue el primer templo católico construido durante la epopeya colonizadora, fue el primero construido totalmente en mampostería en dicha región, y el único que se mantiene en pie prestando servicio espiritual a la comunidad católica en el barrio donde quedó localizada. Algunos detalles comienzan a perderse, como lentamente se irán perdiendo también las condiciones estructurales de la edificación; por ello, consideramos necesario rescatar para nuestros hijos, nuestros nietos y para las generaciones futuras, el valor histórico y estructural de la primera iglesia parroquial católica de Puerto Rico.
Como Monumento Histórico Nacional, como soñó Cleto Rauber, será un ejemplo del esfuerzo colonizador que se realizó durante las décadas del 20, 30 y 40 bajo la sombra protectora y el amparo de la Iglesia en la figura de los Santos Patronos. “Consideramos que será justicia si se logra reactivar la gestión con ese objetivo ante la Comisión Nacional de Monumentos Históricos”, concluyeron Rauber y Kuhn.
Por Javier Arguindegui
La piedra fundamental
Se sostiene habitualmente que Puerto Rico fue “fundada” el 15 de noviembre de 1919, pero no existe un acto fundacional. En realidad, la iglesia católica conmemora ese día a San Alberto Magno, bajo cuya advocación se desarrolló la acción eclesiástica en esta localidad. La colonización de Puerto Rico se inició con la comercialización de loteos urbanos y de quintas rurales por parte de la Compañía Colonizadora Alto Paraná dirigida por Carlos Culmey, quien atrajo a una fuerte corriente inmigratoria de alemanes-brasileños, todos de la religión católica, apostólica y romana. Para brindarles asistencia religiosa, Culmey se hizo acompañar por el reverendo Max von Lassberg, sacerdote jesuita del Obispado de Santo Angelo.
Lassberg llegó a Puerto Rico el 22 de noviembre de 1919, y a principios de 1920 convocó a una reunión de vecinos para poner a consideración la elección de un santo patrono. Por mayoría se aceptó la propuesta de que fuera San Alberto Magno, aunque se cree que ninguno de los vecinos presentes sabía en realidad quién fue; pero como confiaban en su sacerdote, la sugerencia fue aceptada sin discusión ni preguntas. El 13 de noviembre de 1921 se colocó la piedra fundamental y en ausencia de Lassberg, la ceremonia fue presidida por el reverendo Federico Rademacher, a la sazón cura párroco de Posadas.
Reliquia
Von Lassberg regresó a Brasil en marzo de 1922, y fue designado cura párroco de Puerto Rico el reverendo Carlos Stangier, sacerdote alemán que a partir de marzo de 1922 impulsó la construcción de la Iglesia Parroquial. Un año después (1923) fue reemplazado por el reverendo Federico Vormann, otro sacerdote alemán, quien inauguró el templo el 25 de noviembre de ese año. La construcción fue realizada en mampostería, y es una iglesia “de nave única, tipo galpón” (en “La arquitectura religiosa en madera en Misiones”, Liliana Oleksow, Fondo Nacional de las Artes, 2010) con techo a dos aguas, cubierto con chapas de zinc, cielorraso de madera en tablas, piso de madera de tablas de cedro, con ventanas y puertas de lapacho, con reclinatorios y un coro también en madera. Todo se conserva en perfecto estado de funcionamiento. La ejecución quedó en manos de Pablo Dapper, experto albañil brasileño, quien a falta de planos dibujó a mano alzada los croquis, y ninguno de los que participaron en la construcción recibió paga, pues la “colaboración en mano de obra” era considerada una obligación por parte de los católicos varones.
Los ladrillos que se emplearon fueron elaborados en la “olería de Engelsing” y el maderamen provenía del “aserradero de Hentz”, ubicados a 600 y 200 metros, respectivamente.
La imagen del patrono
En 1924, el reverendo Federico Vormann solicitó autorización a la Comisión Parroquial para encargar la imagen de San Alberto a una casa especializada de Buenos Aires. Dicha imagen fue entronizada en el altar del nuevo templo el día de las fiestas patronales. Lo curioso de esta imagen es que al ser proclamado como patrono de Puerto Rico, Alberto Magno aún no había sido santificado; lo fue en 1931, durante el pontificio de Pío XI.
La campana original
El templo tenía a lado izquierdo un campanario de madera y el 15 de noviembre de 1922 se le instaló una campana alemana de 167 kilos. Su destino queda por ahora sellado: desde 1959 está en la Capilla San Roque González, en San Alberto, donde permanece muda por presentar rajaduras en su estructura sonora.
La primera misa
Durante años el templo fue epicentro de las más variadas actividades religiosas de la comunidad. El sacerdote Aloysio Rauber, (familiar de Cleto Rauber) rezó en ella su primera misa el 22 de enero de 1928.
El abandono
Hacia 1950, (en 1941 había comenzado la construcción de una nueva iglesia parroquial en otros terrenos), declinó la convocatoria de “iglesia vieja” como algunos la denominan, hasta quedar sin atención eclesiástica. La propiedad de una hectárea entró en estado de abandono y hubo un intento de venderla, con el templo ya “desacralizado” incluido, pero la intervención del obispo de Corrientes, Monseñor Francisco Vicentín, frustró el proyecto de venta. En la oportunidad, el obispo manifestó “las propiedades de la Iglesia no se venden”.
Muchos años después, un grupo de vecinos logró que el parrocado de Puerto Rico lo rehabilite pero ya en calidad de capilla, bajo la advocación del Arcángel San Miguel, condiciones en las que continúa prestando servicios a la comunidad católica. En la capilla se encuentra aquella primera imagen de San Alberto Magno, de 1924.
El sueño posible
Constituye un caso emblemático en la historia del catolicismo en el Alto Paraná en Misiones. La actual capilla fue el primer templo católico construido durante la epopeya colonizadora, fue el primero construido totalmente en mampostería en dicha región, y el único que se mantiene en pie prestando servicio espiritual a la comunidad católica en el barrio donde quedó localizada. Algunos detalles comienzan a perderse, como lentamente se irán perdiendo también las condiciones estructurales de la edificación; por ello, consideramos necesario rescatar para nuestros hijos, nuestros nietos y para las generaciones futuras, el valor histórico y estructural de la primera iglesia parroquial católica de Puerto Rico.
Como Monumento Histórico Nacional, como soñó Cleto Rauber, será un ejemplo del esfuerzo colonizador que se realizó durante las décadas del 20, 30 y 40 bajo la sombra protectora y el amparo de la Iglesia en la figura de los Santos Patronos. “Consideramos que será justicia si se logra reactivar la gestión con ese objetivo ante la Comisión Nacional de Monumentos Históricos”, concluyeron Rauber y Kuhn.
Por Javier Arguindegui