Ahora, es la guitarra de Lolo
El músico de Miranda recibió en Posadas el instrumento que fue de su papá: Fermín Fierro. Lo entregaron amigos del músico misionero. “Estoy rescatando una parte de mi vida”, les dijo.
miércoles 03 de octubre de 2012 | 0:00hs.
En las primeras horas del lunes, Miranda cerraba en esta ciudad lo que podría ser un concierto más. Sin embargo, mientras los aplausos despedían a la banda en el anfiteatro “Manuel Antonio Ramírez”, el guitarrista Lolo terminaba un día como ningún otro.
Es que el músico se encontró con un capítulo especial para su vida. De Posadas, se llevó varios recuerdos. El más valioso souvenir es la guitarra que perteneció a su padre: Fermín Fierro, uno de los más importantes folcloristasde Misiones.
El instrumento musical fue entregado por Ramón Delgado y Carlos Dedieu. Ambos fueron muy amigos de Fermín y atesoraban el instrumento que perteneció al artista. Conocieron la historia de Lolo a través de El Territorio.
“Al leerla nos impactó, a nosotros que compartíamos mucho con Fermín. Fue nuestro gran amigo”, dijo Ramón.
El domingo a la tarde y meses después de iniciar una charla con Lolo, le dieron lo que habían prometido: la guitarra española de Fermín, que tiene aproximadamente cuatro décadas de vida, clavijero de nácar y un sonido muy noble, a pesar de la antigüedad.
“Es la guitarra de él (Fermín). Siempre lo acompañaba. Con esa guitarra componía, cantaba para los amigos. Nos hacía escuchar temas nuevos”, precisó Ramón.
El amigo de Fermín confesó que, tras encontrarse con la historia del guitarrista de Miranda en este diario en junio pasado, “vimos que el chico no tenía casi un nexo con el padre. Entonces, dijimos que ‘esta guitarra que tenemos acá le pertenece al chico. Le tenemos que dar a él’. Porque sería el verdadero heredero”, admitió Ramón.
El domingo, los amigos de Fermín y el músico de Miranda se reunieron en el hotel donde él se alojaba. Fue un momento muy emotivo.
“No sabes lo que fue. Agarró la guitarra y dijo ‘por fin le tengo a mi papá. Estoy rescatando una parte de mi vida que no conocía’. Porque tuvo poco contacto con él. Entonces, al ver la guitarra, la agarró, la abrazó. Lloró con nosotros. Nos confundimos en algo interminable”, detalló Ramón sobre el encuentro. “Tarareamos Mi sereneta. (Lolo) estuvo emocionado. No se desprendía de la guitarra. Hablamos como si nos hubiéramos conocidos toda la vida”, agregó Ramón.
El encuentro no terminaría ahí. Lolo pidió a los amigos de su padre que lo llevaran a la costanera, para almorzar algo regional. En ningún momento se despegó de la guitarra española de Fermín.
Luego, fueron a la casa de Dedieu, donde Lolo pudo observar una caricatura de Fermín, dibujada por Mandové Pedrozo.
Según Ramón, en Lolo encontraron muchos rasgos similares a Fermín. “ Los genes estaban ahí”, asintió Ramón. “Fermín era muy simpático. En cada palabra, el músico, el poeta, en cada frase se le escapa su veta artística, por decirte algo”, definió el amigo del folclorista y ahora también de su hijo.
En esa charla dominical, Lolo no sólo preguntó una y otra vez sobre su papá. También “nos contó sobre sus giras con Miranda por América, por Europa”, contó Ramón.
Él y Dedieu también le regalaron al guitarrista de Miranda un libro con canciones de Fermín. Lolo, por su parte, prometió regresar por al menos una semana, para conocer más la ciudad que acunó a su padre y así encontrar en sus rincones los sabores, aromas y otras amistades que abrazó el autor de Mi serenata.
El lunes a la madrugada, cuando se despidiá Miranda del recital en el anfiteatro, Lolo decía adiós a un retrato anacrónico.
Es que en ese mismo lugar pero a principios de la década del 60, cuando en el escenario del Festival del Litoral se presentaba Landriscina o Cafrune, también se conocía una joven y prometedora voz: la de Fermín Fierro. En el mismo anfiteatro con panorama al río Paraná, Fermín Fierro cantaría por última vez, en 1998. Porque un año después se apaga su voz y con él uno de los emblemas del folclore misionero.
En junio, El Territorio entrevistó a Lolo. Por primera vez reconstruyó su historia paternal. Por esas cosas de la vida, Lolo nunca pudo estrechar amistad con su papá. Sólo pudo verlo a Fermín tocar en Buenos Aires un par de veces.
En el concierto que dio en la Sociedad de Fomento Argentino -Española de Capital Federal, Lolo se ubicó entre los espectadores.
Lo escuchó recitar y luego cantar. “Cuando terminó de decir el discurso los viejos estaban todos llorando, aplaudiendo. Entonces ahí me di cuenta. Yo venía tocando la guitarra y dije: '¡ah!, yo quiero ser como él, quiero hacer esto”, confesó aquella vez a este diario.
Lolo nació en España, en 1972. Su madre, Nora, por entonces pareja de Fermín, regresó con Lolo en brazos a la Argentina.
El folclorista se quedaría unos años más en España y formaría familia otra vez (Ver Sobre Manu Chao...). Tiempo después, Misiones, su tierra natal, sería nuevamente su residencia.
Lolo creció en Buenos Aires, preguntando qué sería de la vida de Fermín. A este diario había confesado: “me hubiera gustado más cosas, que me lleve al río, tomar matecitos. Cosas que tiene el folclore. Que me diga: este acorde no se toca así. Esas cosas de padre que son vivencias. Pero bueno, hay que estar agradecidos con la vida que te da”.
Sobre Manu Chao y Marcela Morelo
Fermín Fierro conoció en Europa a la locutora María Jesús Álvarez, quien se hiciera famosa en todo el mundo por decir “esperanza”, en una frase que iniciaba la voz de Javier Dotú, con la frase “próxima estación”. Fue una grabación tomada en el subte de Madrid, la que el músico Manu Chao tomó sin autorización y que sirvió para la introducción de uno de sus discos. Esto le valió a Manu Chao una denuncia de ambos locutores españoles. En paralelo a tal anécdota, María Jesús y Fermín Fierro tuvieron otro hijo: Eduardo.“Es un personaje, un bancario. Se parece a Milhouse (de Los Simpsons)”, dijo Lolo a El Territorio en junio. Otra hija de Fermín se llama María Eugenia Díaz. Ella compuso con Marcela Morello la célebre canción “La fuerza del engaño”.
Es que el músico se encontró con un capítulo especial para su vida. De Posadas, se llevó varios recuerdos. El más valioso souvenir es la guitarra que perteneció a su padre: Fermín Fierro, uno de los más importantes folcloristasde Misiones.
El instrumento musical fue entregado por Ramón Delgado y Carlos Dedieu. Ambos fueron muy amigos de Fermín y atesoraban el instrumento que perteneció al artista. Conocieron la historia de Lolo a través de El Territorio.
“Al leerla nos impactó, a nosotros que compartíamos mucho con Fermín. Fue nuestro gran amigo”, dijo Ramón.
El domingo a la tarde y meses después de iniciar una charla con Lolo, le dieron lo que habían prometido: la guitarra española de Fermín, que tiene aproximadamente cuatro décadas de vida, clavijero de nácar y un sonido muy noble, a pesar de la antigüedad.
“Es la guitarra de él (Fermín). Siempre lo acompañaba. Con esa guitarra componía, cantaba para los amigos. Nos hacía escuchar temas nuevos”, precisó Ramón.
El amigo de Fermín confesó que, tras encontrarse con la historia del guitarrista de Miranda en este diario en junio pasado, “vimos que el chico no tenía casi un nexo con el padre. Entonces, dijimos que ‘esta guitarra que tenemos acá le pertenece al chico. Le tenemos que dar a él’. Porque sería el verdadero heredero”, admitió Ramón.
El domingo, los amigos de Fermín y el músico de Miranda se reunieron en el hotel donde él se alojaba. Fue un momento muy emotivo.
“No sabes lo que fue. Agarró la guitarra y dijo ‘por fin le tengo a mi papá. Estoy rescatando una parte de mi vida que no conocía’. Porque tuvo poco contacto con él. Entonces, al ver la guitarra, la agarró, la abrazó. Lloró con nosotros. Nos confundimos en algo interminable”, detalló Ramón sobre el encuentro. “Tarareamos Mi sereneta. (Lolo) estuvo emocionado. No se desprendía de la guitarra. Hablamos como si nos hubiéramos conocidos toda la vida”, agregó Ramón.
El encuentro no terminaría ahí. Lolo pidió a los amigos de su padre que lo llevaran a la costanera, para almorzar algo regional. En ningún momento se despegó de la guitarra española de Fermín.
Luego, fueron a la casa de Dedieu, donde Lolo pudo observar una caricatura de Fermín, dibujada por Mandové Pedrozo.
Según Ramón, en Lolo encontraron muchos rasgos similares a Fermín. “ Los genes estaban ahí”, asintió Ramón. “Fermín era muy simpático. En cada palabra, el músico, el poeta, en cada frase se le escapa su veta artística, por decirte algo”, definió el amigo del folclorista y ahora también de su hijo.
En esa charla dominical, Lolo no sólo preguntó una y otra vez sobre su papá. También “nos contó sobre sus giras con Miranda por América, por Europa”, contó Ramón.
Él y Dedieu también le regalaron al guitarrista de Miranda un libro con canciones de Fermín. Lolo, por su parte, prometió regresar por al menos una semana, para conocer más la ciudad que acunó a su padre y así encontrar en sus rincones los sabores, aromas y otras amistades que abrazó el autor de Mi serenata.
El lunes a la madrugada, cuando se despidiá Miranda del recital en el anfiteatro, Lolo decía adiós a un retrato anacrónico.
Es que en ese mismo lugar pero a principios de la década del 60, cuando en el escenario del Festival del Litoral se presentaba Landriscina o Cafrune, también se conocía una joven y prometedora voz: la de Fermín Fierro. En el mismo anfiteatro con panorama al río Paraná, Fermín Fierro cantaría por última vez, en 1998. Porque un año después se apaga su voz y con él uno de los emblemas del folclore misionero.
En junio, El Territorio entrevistó a Lolo. Por primera vez reconstruyó su historia paternal. Por esas cosas de la vida, Lolo nunca pudo estrechar amistad con su papá. Sólo pudo verlo a Fermín tocar en Buenos Aires un par de veces.
En el concierto que dio en la Sociedad de Fomento Argentino -Española de Capital Federal, Lolo se ubicó entre los espectadores.
Lo escuchó recitar y luego cantar. “Cuando terminó de decir el discurso los viejos estaban todos llorando, aplaudiendo. Entonces ahí me di cuenta. Yo venía tocando la guitarra y dije: '¡ah!, yo quiero ser como él, quiero hacer esto”, confesó aquella vez a este diario.
Lolo nació en España, en 1972. Su madre, Nora, por entonces pareja de Fermín, regresó con Lolo en brazos a la Argentina.
El folclorista se quedaría unos años más en España y formaría familia otra vez (Ver Sobre Manu Chao...). Tiempo después, Misiones, su tierra natal, sería nuevamente su residencia.
Lolo creció en Buenos Aires, preguntando qué sería de la vida de Fermín. A este diario había confesado: “me hubiera gustado más cosas, que me lleve al río, tomar matecitos. Cosas que tiene el folclore. Que me diga: este acorde no se toca así. Esas cosas de padre que son vivencias. Pero bueno, hay que estar agradecidos con la vida que te da”.
Sobre Manu Chao y Marcela Morelo
Fermín Fierro conoció en Europa a la locutora María Jesús Álvarez, quien se hiciera famosa en todo el mundo por decir “esperanza”, en una frase que iniciaba la voz de Javier Dotú, con la frase “próxima estación”. Fue una grabación tomada en el subte de Madrid, la que el músico Manu Chao tomó sin autorización y que sirvió para la introducción de uno de sus discos. Esto le valió a Manu Chao una denuncia de ambos locutores españoles. En paralelo a tal anécdota, María Jesús y Fermín Fierro tuvieron otro hijo: Eduardo.“Es un personaje, un bancario. Se parece a Milhouse (de Los Simpsons)”, dijo Lolo a El Territorio en junio. Otra hija de Fermín se llama María Eugenia Díaz. Ella compuso con Marcela Morello la célebre canción “La fuerza del engaño”.