En el Cabildo señalan que la imprenta en exhibición proviene de las misiones

domingo 24 de octubre de 2010 | 2:00hs.
(enviado especial). El Museo del Cabildo y la Revolución de Mayo de Buenos Aires no sólo exhibe la imprenta creada en territorio misionero en el Siglo XVIII, sino que entre las piezas históricas de su muestra permanente ostenta un sillón estilo frailero, procedente también de las reducciones jesuíticas.
María Angélica Vernet, la directora del Museo del Cabildo y la Revolución de Mayo, no respondió a los llamados telefónicos, los correos electrónicos y ni siquiera a un periodista de El Territorio que viajó hasta Buenos Aires. Ante la consulta de este medio para saber cómo se arribó a la conclusión  de que esa imprenta provenía de las misiones jesuíticas y quién habría verificado tal aseveración, se obtuvo una contestación escueta: “no tenemos respuestas ciertas para sus preguntas”.
El Museo del Cabildo y la Revolución de Mayo se encuentra ubicado en el corazón del mapa histórico argentino: justo frente a la Plaza de Mayo y a la Casa Rosada.
De la mañana a la tarde, el museo suele colmarse de niños que vienen en delegaciones a visitar el lugar donde se gestó la proclama de la independencia.
Es el año del Bicentenario de la Revolución de Mayo, por lo que el edificio histórico adquiere una relevancia mucho más importante. El acceso es gratuito pero también se puede pagar un bono colaboración de cuatro pesos.
Apenas se ingresa se puede observar en una vitrina un ejemplar original de La Gazeta de Buenos Ayres, el periódico que fue dirigido por Mariano Moreno y en el que difundió el ideario de la independencia.
La planta baja ofrece además una serie de pantallas adonde se puede observar documentales en los que se cuentan los actos heroicos de los protagonistas en 1810. Se puede observar, entre varios objetos históricos, un arca concejil (un cofre) en madera y hierro forjado del Siglo XVIII, que fue usado para guardar documentos del cabildo; también un sillón estilo frailero procedente de las misiones jesuíticas. Debe ser una de las tantas piezas artísticas gestadas en las misiones jesuíticas y que se encuentran dispersas por el país, como las obras que se hallan en el Museo de Ciencias Naturales La Plata.
En el primer piso del Museo del Cabildo porteño se encuentra la prensa guaranítica.
Hay que subir las escaleras y doblar a la izquierda, en la primera puerta. Un cartel indicador brinda detalles de la antigua máquina, que con los elementos originales fue reconstruida en 1942 en talleres del diario La Nación.
El cartel precisa que se trata de “una creación local, construida y manejada por los padres jesuitas e indígenas guaraníes en la reducción Nuestra Señora de Loreto, actual provincia de Misiones”.
Lo curioso es que según Marta Alsina, encargada de prensa y difusión del museo, tales detalles descriptos en el actual cartel no existían antes del 18 de mayo de 2010, cuando el Museo del Cabildo reabrió sus puertas tras un mejoramiento edilicio, habilitando además la galería superior, cerrada desde 1940.
Es decir que un análisis reciente determinó que la imprenta provenía de las misiones jesuíticas y no de Córdoba, como sostenían las versiones y hasta hace poco se creía en el mismo museo del Cabildo.
En el interior del edificio histórico, las guías advierten que nadie puede tomar fotografías sin la autorización expresa de Vernet, ausente por entonces.
Es notable el buen estado con el que se mantiene a la imprenta desde que fuera reconstruida. La leyenda del cartel, que se ubica justo frente a la imprenta, indica que es una “prensa misionera” pero que el objeto en sí resulta una “reconstrucción histórica realizada en 1942 en los talleres del diario La Nación, incorporando las partes originales”.
Con más detalles, se señala que “fue la primera prensa que funcionó en el Río de la Plata, una creación local construida y manejada por los padres jesuitas e indígenas guaraníes en la reducción Nuestra Señora de Loreto, actual provincia de Misiones, aproximadamente en el año 1700”. Fue creada “a partir de madera, hierro y piedra, con tipos de estaño y plomo”.
El cartel señala que “la invención de la imprenta de tipos móviles posibilitó la producción en serie de libros y facilitó el acceso a la lectura. Fue un medio eficaz y directo para la difusión de las ideas”.
Asimismo, la misma descripción afirma que “a fines del Siglo XVIII las ideas liberales se imponían en Europa, el Contrato Social J. Rosseau, entre otros, se conoció en América gracias a la imprenta. También desempeñó un papel fundamental en el desarrollo cultural de la religión católica y la transmisión de las ideas revolucionarias de mayo de 1810”.
En la base de esta añeja máquina es evidente una madera muy antigua, la que podría tener sin duda alguna unos 300 años. Desde Buenos Aires, especulan que la Comisión Nacional de Energía Atómica se habría encargado de un análisis de esa madera. Sin embargo, tales afirmaciones no pudieron ser verificadas con la museóloga Vernet.
Los restos de la primera imprenta y algunos tipos elaborados en estaño fueron encontrados en 1784 en las abandonadas reducciones de Santa María la Mayor, según una carta de oficio. Pero se cree que pudieron haber existido talleres tipográficos en varias misiones, como San Javier y Loreto, adonde se fabricaba el instrumental de una sola imprenta.