Degolló a su mujer y se suicidó en la Recoleta
viernes 26 de febrero de 2010 | 1:47hs.
El portero de un edificio de la Recoleta protagonizó una tragedia pasional cuando degolló a su mujer para evitar que lo abandonara, acuchilló al policía que custodiaba a la víctima y terminó también él muerto. El matrimonio es oriundo de Misiones. El increíble episodio ocurrió a las 11 del lunes en un departamento del edificio de la calle Arenales 1594, entre Paraná y Montevideo, del barrio de La Recoleta.
Hasta hace seis meses, en la portería del edificio, había vivido una joven de Misiones, Mirta Schossler (30), junto al encargado, Daniel Aguirre (33), oriundo de la misma provincia, y los hijos de la pareja, de 8 y 11 años.
Precisamente, la tragedia comenzó cuando Schossler se acercó a la comisaría con el fin de solicitar la cooperación de la policía para poder ir a la casa de su ex marido, mediante un oficio judicial, para poder retirar sus bienes. Según se explicó, acompañada por dos oficiales, la joven llegó y se encontró con el portero que, al verla, la hizo pasar junto a uno de los policías, mientras que el otro se quedó en la puerta.
Una vez adentro, la mujer fue hacia su dormitorio, ubicado en un entrepiso, y subió una pequeña escalera para acceder al lugar, seguida por su ex marido, quien hasta ese momento se mostraba cordial ante la presencia de su ex esposa y la policía.
Sin embargo, en un momento, cuando la mujer estaba sacando sus cosas del dormitorio, el dueño de casa se le abalanzó con “un cuchillo de cocina de grandes dimensiones, que llevaba encima, y en un rápido movimiento la degolló”, señalaron los voceros. Tras el ataque, la víctima cayó al suelo y murió prácticamente en el acto.
El sargento primero que estaba en el lugar se trabó en lucha con el portero y recibió un profundo puntazo en el costado izquierdo de la zona abdominal.
Según revelaron los informantes, en el enfrentamiento el policía le pegó un balazo en la cadera al hombre, quien luego se ocasionó una profunda herida en el cuello con el arma blanca para suicidarse, y después de varios minutos falleció.
De acuerdo a los voceros policiales, el portero se habría cortado la yugular, pero aun si hubiera fallecido como consecuencia del balazo, el accionar del policía hubiera estado justificado por su conducta violenta.
Hasta hace seis meses, en la portería del edificio, había vivido una joven de Misiones, Mirta Schossler (30), junto al encargado, Daniel Aguirre (33), oriundo de la misma provincia, y los hijos de la pareja, de 8 y 11 años.
Precisamente, la tragedia comenzó cuando Schossler se acercó a la comisaría con el fin de solicitar la cooperación de la policía para poder ir a la casa de su ex marido, mediante un oficio judicial, para poder retirar sus bienes. Según se explicó, acompañada por dos oficiales, la joven llegó y se encontró con el portero que, al verla, la hizo pasar junto a uno de los policías, mientras que el otro se quedó en la puerta.
Una vez adentro, la mujer fue hacia su dormitorio, ubicado en un entrepiso, y subió una pequeña escalera para acceder al lugar, seguida por su ex marido, quien hasta ese momento se mostraba cordial ante la presencia de su ex esposa y la policía.
Sin embargo, en un momento, cuando la mujer estaba sacando sus cosas del dormitorio, el dueño de casa se le abalanzó con “un cuchillo de cocina de grandes dimensiones, que llevaba encima, y en un rápido movimiento la degolló”, señalaron los voceros. Tras el ataque, la víctima cayó al suelo y murió prácticamente en el acto.
El sargento primero que estaba en el lugar se trabó en lucha con el portero y recibió un profundo puntazo en el costado izquierdo de la zona abdominal.
Según revelaron los informantes, en el enfrentamiento el policía le pegó un balazo en la cadera al hombre, quien luego se ocasionó una profunda herida en el cuello con el arma blanca para suicidarse, y después de varios minutos falleció.
De acuerdo a los voceros policiales, el portero se habría cortado la yugular, pero aun si hubiera fallecido como consecuencia del balazo, el accionar del policía hubiera estado justificado por su conducta violenta.