martes 17 de mayo de 2022
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Los últimos días del Bocha

Antes de su muerte, Alejandro Sokol decidió ir a Ituzaingó, en Corrientes. Había confesado que se sentía mal. Un amigo recuerda al ex cantante de Las Pelotas como alguien despojado de lo material

miércoles 13 de enero de 2010 | 6:00hs.
Alejandro Sokol
En los ochenta, Sokol fue el bajo fundamental y luego la batería suplente de Sumo; en los noventa, fue la voz insustituible y carismática de Las Pelotas.
En los ochenta, Sokol fue el bajo fundamental y luego la batería suplente de Sumo; en los noventa, fue la voz insustituible y carismática de Las Pelotas.
(por Ricardo Vera). Muy pocos recordaron la muerte de Alejandro Sokol. Ayer se cumplió un año de su fallecimiento por un paro cardiorrespiratorio. Dejó un vacío enorme para sus allegados pero también en el mundo del rock, adonde dejó un legado invaluable. En los ochenta, Sokol fue el bajo fundamental y luego la batería suplente de Sumo; en los noventa, fue la voz insustituible y carismática de Las Pelotas.
Hasta ahora, nadie había revelado cómo fueron los últimos días del Bocha Sokol: al momento de su muerte planeaba pasar unos días en Ituzaingó, Corrientes. Deseaba alejarse de su entorno “porque se sentía muy mal”, reveló Alberto Ruggero, músico de Los Genioles y amigo de Sokol.
Los restos mortales del Bocha descansan en el cementerio de Nono, en la localidad cordobesa de Traslasierra. Partió al viaje infinito desde la terminal de ómnibus de Río Cuarto. Cuando faltaban pocos días para cumplir sus 49 años, padeció allí un paro cardiorrespiratorio.
Había pasado a visitar a una sobrina en Río Cuarto, quien había sufrido un accidente automovilístico. Ella estaba internada en el hospital San Antonio Padua, el mismo lugar adonde lo atenderían después, en sus últimos minutos de vida. Allí fue socorrido por los médicos. Llegó “con varios problemas, hipotenso, soporoso. Se lo trasladó a terapia, donde comenzó con un cuadro de insuficiencia respiratoria severo, hizo un paro respiratorio, shockeado, se lo entubó y se intentaron maniobras de reanimación, pero no se lo pudo recuperar”, había contado el director del hospital, Miguel Minardi.
Ese fue el final del capítulo para este hombre que vivió sus últimos años montado en sumos excesos. Por eso tenía problemas de salud. Él no quería saber nada de médicos, aunque percibía que debía tomar un rumbo diferente.

Cuatro días antes
Una semana antes de su muerte había telefoneado a Ituzaingó. Habló con Alberto Ruggero y le pidió el número de celular de una amiga que por entonces residía en la localidad correntina. Lo anotó en un papel y lo guardó. Cuatro días antes de la fecha fatal, Sokol telefoneó nuevamente a Ituzaingó y confesó que no se sentía bien.
“El llama a la tardecita. Y ahí el chabón cuenta que está mal, que se sentía re mal. Junto con mi amiga le dijimos que venga para acá, que algo íbamos a hacer”, recordó Ruggero, quien era amigo de Sokol desde el año 2000.
El retazo de papel con el teléfono de Ituzaingó fue una de las pocas pertenencias que el Bocha tenía encima cuando padeció el paro. Es por eso que la primera en enterarse del fallecimiento de Sokol fue aquella mujer: la llamaron del hospital y preguntaron si podía reconocer el cuerpo.
Ruggero conoció de cerca el mundo de Sokol. Lo visitaba en el partido bonaerense de Hurlingham, adonde vivía y también ensayaba con Las Pelotas, la banda a la que El Bocha renunció en 2008.
Según Ruggero, el Bocha “era un tipo común, bien de barrio. No tenía una historia para nada. El trato que tenía con la gente era el de amigo con cualquiera. Cuando apenas lo conocí, él me hacía sentir que nos conocíamos hace mucho tiempo. Así como lo veías en el escenario, era así; normal”, contó Ruggero.
“Te añoramos en recuerdos y te esperamos en la esquina del barrio donde te conocimos. Con una guitarra cantándole a los pibes y compartiendo momentos hermosos. Por eso y mucho más, gracias amigo”, indicaba ayer el portal de El Vuelto SA, el grupo que Sokol compartía con su hijo y que estaba a punto de grabar su disco debut cuando falleció. El Vuelto fue  de los pocos que recordaron en silencio la ausencia del artista.
Sokol era así; salía con guitarra al hombro a recorrer casas de amigos y bares a tocar sin cobrar un solo peso porque no le interesaba. Un celular le duraba tres días porque lo perdía. Y el dinero le alcanzaba para unos días más porque no mezquinaba nada. En los últimos años, cuando vivía en Hurlingham, tenía unos pocos muebles y no guardaba ninguno de los  discos de Las Pelotas. “No tenía equipo de música, tenía una tele, un sillón, una heladera. La casa tenía lo simple, lo básico. Siendo un músico y haber realizado todas sus grabaciones, todo lo que uno se imagina; no. No tenía sus propios discos. Le gustaba mucho (David) Bowie, siempre tenia música de Bowie”, rememoró Ruggero.
El bocha tenía una sonrisa traviesa y miraba con ojos aniñados. A la hora de hablar, no era nada metódico. Tenía el lenguaje de barrio y un sentido del humor constante. Después de abandonar Las Pelotas y abordar absolutamente  El Vuelto se definió  como “un profesional bastante bohemio que necesito divertirme con la música”, había dicho. “Me defino como un viajador de la música, como un volador, como un libre. Aunque por momentos soy un pajarón”, ironizaba con frescura típica.
“Salgo a pasear, a caminar/ Todos llaman y me fui/ De pronto desaparecí/ Aparecí en otro lugar/ Donde no vale pensar/ No vale pensar”, dice la letra de Me fui, de Las Pelotas y parte del cancionero en la que claramente se lo escucha cantar a Sokol y que ilustra este primer año sin su voz.


Opinión
Marcelo Melo
De nuestra redacción

Hombre de noches bien largas
En Misiones ni se soñó ver a Sumo entre los pocos que tenían noticias de que existía la banda. Pero sí se alimentó el anhelo de presenciar un recital de algunas de sus dos únicas vías de bifurcación (sin darle entidad a los grupos que creó Petinatto, como Pachuco Cadáver), Divididos y Las Pelotas; una vez que sí fue ampliamente escuchada, hablamos de inicios década del 90. La revolución que produjo dentro del rock argentino es indiscutible y desparramó fans por todas las latitudes. Mollo y Arnedo llegaron primero. Y crecía la avidez por conocer a esos dos primeros laderos que tuvo Luca Prodan en su rescate en las sierras cordobesas: Germán Daffunchio y Alejandro Bocha Sokol (primer bajista de Sumo). Y la oportunidad en Posadas se presentó de la mano de un periodista, Jorge Spasiuk, padre de la campeona de triatlón y duatlón, Brenda. Fue en julio de 2004, en el Club Mitre.
Llegaron en gira por la Región y su micro, uno fletado a la empresa Chevallier, estacionó cerca de las 14 en lo que hoy es un boliche en la costanera (Copacabana), para almorzar. Entre plomos, choferes, sonidistas e iluminadores y todos los de la banda, vino hasta Schantel, el teclas de La Portuaria. Se contó a dos personajes míticos, el estimulador de Sumo y amigo de Prodan en su cursada por el riguroso colegio escocés, Timmy McKern, el hombre que le tira un cable en plena adicción a la heroína y el amigo-manager que tuvo Sumo en su última etapa, Jorge Crespo, de lanas largas, bien blancas. A la par un grupo de seguidores de fierro que los van a ver en cada lugar que toquen.
El Bocha, quien nos ocupa hoy, llegó a Posadas, acompañado de una novia, con la que cruzó a Paraguay mientras un apocalíptico Daffunchio y Sussman daban la conferencia de prensa en el subsuelo del Hotel Posadas. Sokol mantuvo en vilo a la banda hasta que apareció en la prueba de sonido en el Mitre, cercanas las 20. Muy eléctrico, inquieto, de poco hablar, sólo con sus allegados más queridos como el plomo “El Gordo” Gaby, el Bocha hizo pedidos clandestinos, prohibidos, y se bancó la prueba hiper profesional de una hora, y al hotel nuevamente. Dos horas después iniciarían en periplo por un gran recital, con 25 temas, en los que entre 1000 a 1200 seguidores siguieron, cantaron y transpiraron a la par de la banda. Como ya era un clásico, el momento mas conmovedor- entre muchos- fue cuando el Bocha se sentó al lado de su compañera Gaby Martínez y a dúo, solo con el bajo, interpretaron El Cazador. Un loco hiper curtido en recitales, en backstages tupidos, noches bien largas, caravanas interminables y que detestaba la prensa (cultivaba el bajo perfil a rajatabla) y el puterío del mundo glamoroso que se ha vuelto ser integrante de una banda conocida dentro del amplio espectro rockero argento. Un tipo que subía a escena como había hecho la prueba de sonido, el mismo jean, la misma remera y que en vivo se transformaba caminando incansablemente el escenario.
Después vino gracias a la gestión de FM Radiactiva, que trajo el camión de la Rock And Pop con Day Tripper adentro y Las Pelotas en el techo, y se lo vio a un bocha tranqui que subió con una remera de la banda Los Genioles y se bancó 40 grados de calor en la bajada al Puerto.
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